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Pobreza

El ajuste de Milei cobra su factura más cruel: subió la mortalidad infantil en Argentina

Los datos oficiales revelan que durante 2024 se registraron 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses en todo el país. Corrientes, Chaco y La Rioja encabezan las provincias con mayor cantidad de muertes, en un contexto de ajuste brutal en el sistema sanitario.

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— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ La tasa pasó de 8 a 8,5 muertes por cada mil nacidos vivos entre 2023 y 2024, lo que representa un aumento del 6,25%. Con 3.513 fallecimientos de bebés menores de un año, el indicador corta una tendencia de más de 20 años y expone el brutal impacto del desfinanciamiento sanitario y el retiro del Estado en las poblaciones más vulnerables.

Los datos oficiales revelan que durante 2024 se registraron 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses en todo el país, una cifra que marca un retroceso alarmante en una tendencia descendente que se mantenía desde el año 2000, cuando la tasa era de 16,6 muertes por cada mil nacidos vivos.

Las provincias más castigadas

El relevamiento del Ministerio de Salud muestra un mapa de la desigualdad sanitaria en Argentina. Corrientes encabeza el ranking con la tasa más elevada del país: 14 decesos por cada mil nacidos vivos, seguida por Chaco con 11,8 y La Rioja con 11,7. También superaron los 10 puntos las provincias de Formosa y Santiago del Estero, ambas con 10,7 muertes infantiles.

En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires presenta el índice más bajo del país con 4,9 óbitos por cada mil nacidos vivos, evidenciando una brecha que duplica y hasta triplica los números de las jurisdicciones más afectadas. La provincia de Buenos Aires registró la mayor cantidad de fallecimientos en números absolutos con 1.236 muertes, seguida por Santa Fe (275) y Córdoba (231).

Un retroceso histórico

La suba de la mortalidad infantil representa una ruptura con la tendencia de descenso sostenido que venía registrando el país desde comienzos de siglo. Según los datos oficiales, solo se habían registrado incrementos puntuales en los períodos 2001-2002, 2006-2007 y 2021-2022, pero ninguno con la persistencia que muestra el actual escenario.

El indicador de mortalidad infantil, que mide la relación entre el número de niños que mueren antes de cumplir los doce meses de vida por cada mil nacimientos en un año y en un área geográfica determinada, es considerado por organismos internacionales como uno de los principales termómetros del estado sanitario de un país y de las condiciones socioeconómicas de su población.

El contexto del ajuste libertario

El deterioro de este indicador se produce en un contexto de desfinanciamiento del sistema de salud pública y de ajuste presupuestario en las áreas sociales impulsado por el gobierno de Milei. Durante 2024, el Ejecutivo nacional implementó recortes sistemáticos en programas de asistencia alimentaria, salud materno-infantil y prestaciones sociales que impactan directamente en los sectores más vulnerables.

Las provincias con peores índices de mortalidad infantil, Corrientes, Chaco, La Rioja, Formosa y Santiago del Estero, coinciden además con las jurisdicciones que presentan mayores niveles de pobreza, precariedad laboral y dificultades de acceso a servicios de salud de calidad, un combo que especialistas sanitarios vienen advirtiendo como explosivo para la salud pública.

La tendencia descendente que Argentina había logrado sostener durante dos décadas se había convertido en un indicador de desarrollo social y de fortalecimiento del sistema público de salud. El actual retroceso plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de las políticas sanitarias en un escenario de ajuste económico y desmantelamiento de programas sociales.

Puntos clave:

• La mortalidad infantil subió de 8 a 8,5 por cada mil nacidos vivos en 2024, primera suba sostenida desde 2002

• Se registraron 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses durante 2024 según datos oficiales del Ministerio de Salud

• Corrientes lidera con 14 muertes por cada mil nacidos vivos, seguida por Chaco (11,8) y La Rioja (11,7)

• La Ciudad de Buenos Aires presenta el índice más bajo con 4,9, mientras que la provincia de Buenos Aires registró 1.236 fallecimientos en números absolutos

• El aumento se produce en un contexto de ajuste presupuestario en salud pública y recorte de programas sociales del gobierno de Milei

Pobreza

La UCA alertó que la pobreza infantil llegó al 53% y que la tendencia es de deterioro sostenido

El informe del ODSA-UCA cierra 2025 con el 53,6% de chicos en situación de pobreza y advierte que la mejora es coyuntural, no estructural. La indigencia afecta al 10,7% de los menores y el 30% no come con regularidad.

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Según la UCA, el 53,6% de los chicos argentinos son pobres y el 30% no come con regularidad

★ Más de la mitad de los niños y adolescentes argentinos de entre 0 y 17 años vive en situación de pobreza. Así lo confirmó este miércoles el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), al presentar los resultados del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia correspondientes al período 2010-2025. El índice cerró 2025 en 53,6%, con una tasa de indigencia del 10,7%. Y aunque el dato implica una baja respecto del pico registrado al inicio de la gestión de Javier Milei (62,9% en 2023), los propios investigadores advirtieron que «no debemos confundir una mejora coyuntural con la solución de un problema estructural».

Una baja que no alcanza para festejar

La serie histórica que presentó la UCA desnuda la magnitud del retroceso acumulado. En 2011, la pobreza infantil había llegado a su piso más bajo en toda la serie: 35,7%. Desde entonces, el deterioro fue casi ininterrumpido. En 2018 trepó al 51,7%; desde 2020 se sostuvo sistemáticamente por encima del 60%; y en 2023 tocó su techo con 62,9%, el valor más alto desde la crisis de 2001-2002.

La baja registrada en 2024 (59,7%) y en 2025 (53,6%) se explica, según el ODSA, por tres factores: la desaceleración de la inflación, la estabilidad cambiaria y la recomposición de la Asignación Universal por Hijo (AUH). Pero la investigadora Ianina Tuñón fue clara al contextualizar esa mejora: «Estas políticas no fueron diseñadas para cubrir por completo los ingresos de los hogares, sino para equiparar el salario familiar de un trabajador formal con el de uno informal. Por eso, es clave mejorar las condiciones laborales de los adultos».

El cuadro se vuelve aún más crudo cuando se incorporan otras dimensiones del bienestar infantil. El 30% de los chicos pobres experimentó inseguridad alimentaria durante 2025; de ese total, el 13,2% lo vivió en su forma más grave. Además, el 42% reside en viviendas con saneamiento deficiente, sin cloacas ni tratamiento adecuado de residuos.

Sin cobertura médica, sin cultura, sin conectividad

La acumulación de carencias que describe el informe del ODSA-UCA retrata una infancia estructuralmente excluida. El 61,2% de los chicos pobres no tiene cobertura médica de ningún tipo, ya sea obra social, mutual o prepaga. Y el acceso a la atención sanitaria se deterioró: el 19,8% dejó de ir al médico o al odontólogo por problemas económicos durante 2025, siendo la atención odontológica la más postergada.

El 82% no realiza ninguna actividad cultural extracurricular. Apenas la mitad tiene una computadora en el hogar y solo el 16% cuenta con acceso a internet. En materia educativa, apenas el 6,3% de los chicos escolarizados recibe algún tipo de ayuda económica para estudiar.

La dimensión emocional también preocupa. El 18% de los chicos presentó síntomas de tristeza o ansiedad según sus adultos de referencia; el porcentaje sube al 21,2% en la adolescencia y trepa al 24,7% entre las mujeres adolescentes. El informe advierte, además, que la tristeza o ansiedad aumenta en un 46% la probabilidad de no aprender en la escuela.

Las desigualdades sociales profundizan el cuadro: los chicos del estrato socioeconómico muy bajo tienen el doble de probabilidades de experimentar malestar emocional respecto de los del estrato medio alto (20,7% frente a 10,6%).

La advertencia que el Gobierno prefiere ignorar

El informe del ODSA-UCA también relativizó las cifras oficiales del INDEC sobre la reducción de la pobreza general. El organismo académico advirtió que aproximadamente tres cuartas partes de la caída registrada por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) podrían explicarse por efectos estadísticos y no por una mejora real en los ingresos de los hogares. Según el ODSA, si se corrige ese efecto, la pobreza real es al menos cinco puntos más alta que lo que informa el Gobierno.

En ese contexto, la baja de la pobreza infantil aparece como un fenómeno más frágil de lo que el oficialismo presenta. La tendencia de largo plazo es inequívoca: en 2010, la pobreza afectaba al 45,2% de los chicos; en 2025 cerró en 53,6%. El resultado neto de quince años es un deterioro sostenido, con picos en los momentos de crisis y bajas insuficientes en los períodos de recuperación.

A eso se suma un dato demográfico que preocupa a los investigadores: la cantidad de hogares con niños y adolescentes cae de manera sistemática. En 1991, el 56% de los hogares tenía menores de 18 años; en 2022 ese valor bajó al 44%. Para 2025, se proyectó que todas las jurisdicciones del país estarán por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer. La Argentina no solo tiene más pobres entre sus chicos; tiene, proporcionalmente, menos chicos.

Puntos clave:

  • El 53,6% de los chicos argentinos de entre 0 y 17 años vive en situación de pobreza al cierre de 2025, según el ODSA-UCA; la indigencia afecta al 10,7%.
  • El pico fue del 62,9% en 2023, al inicio de la gestión Milei; la baja se atribuye a la desaceleración inflacionaria y la recomposición de la AUH, pero los investigadores advierten que es una mejora coyuntural.
  • El 61,2% de los chicos pobres no tiene cobertura médica y el 82% no accede a actividades culturales extracurriculares.
  • El 30% de los menores experimentó inseguridad alimentaria en 2025; el 13,2% en su forma más grave.
  • El ODSA advirtió que tres cuartas partes de la reducción oficial de la pobreza general podrían explicarse por efectos estadísticos, no por una mejora real en los ingresos.
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