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La pandemia hizo que bajaran drásticamente las consultas por ACV

En el Día Mundial del ACV, especialistas aseguran que «la falta de controles aumenta la chance de que muchos pacientes sin tratamiento o con síntomas leves lleguen tarde a la consulta», por miedo a concurrir a centros de salud en el marco de la emergencia sanitaria. Además, coincidieron en que el coronavirus parece agravar el cuadro por la propia acción «inflamatoria» del virus.

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En el Día Mundial del ACV, especialistas en enfermedades cerebrovasculares alertaron que las personas con ataque cerebral están llegando hoy «más tarde y con peor pronóstico» a los centros asistenciales por miedo a la pandemia, al tiempo que coincidieron en que el coronavirus parece agravar el cuadro por la propia acción «inflamatoria» e «hipercoagulante» del virus.

La jefa de la Sección de Enfermedad Cerebrovascular del Hospital Italiano, Cristina Zurrú, explicó que es esperable un «rebote» en el impacto de las enfermedades cardiovasculares, porque durante la cuarentena obligatoria más estricta «se generaron dos fenómenos» adversos.

«Por un lado, la gente dejó de controlarse, con lo cual tenemos chance de que mucha gente no esté adecuadamente tratada; y, por otro lado, los pacientes con síntomas leves de ACV o no concurrían o llegaban más tarde al hospital por miedo a la pandemia, con lo cual tenemos menos chances de limitar el daño», agregó esta neuróloga.

En ese sentido, recordó que un estudio de la Asociación de Clínicas y Sanatorios demostró que en abril pasado «hubo una reducción del 45% de las consultas -ya sea de control, detección de factores de riesgo vascular o atención de agudos».

«Y con la pandemia, estamos viendo algo que no veíamos desde hace 10 o 15 años atrás que es pacientes con un ACV menor complicado por una consulta ambulatoria diferida, es decir, personas que ante la mínima dificultad para hablar o mover el brazo demoran la consulta, algo en lo que se había trabajado mucho para que no ocurriera».

(las medidas contra el covid) ocasionaron «una menor llegada de emergencias a las guardias, entre ellos los accidentes cerebrovasculares, y los que llegaron, fue en peor estado».

A su turno, el director general del Instituto para el Estudio de las Neurociencias y la Radiología Intervencionista (Eneri), Pedro Lylyk, aseguró que hubo una «involución» en la atención precoz de los ACV.

«Todo lo que habíamos ganado (en tiempo) en el combate del ACV, convenciendo a la gente de que tenía que ir rápido a la consulta, ahora quedó en duda porque le dimos mensajes adversos de que se quedara en casa», dijo este neurocirujano.

Esta medida «tuvo una eficacia fantástica» para frenar la expansión del Covid, pero al ser aplicado a rajatabla y con falta de criterio, trajo como efecto no deseado a nivel mundial una menor llegada de emergencias a las guardias, entre ellos los accidentes cerebrovasculares, «y los que llegaron, fue en peor estado».

Por tratarse de una urgencia médica, el ACV requiere una atención inmediata.

«Un estudio en 12 centros de EEUU demostró que los enfermos llegaron dos horas más tarde, en promedio, en relación con el mismo mes del año anterior, con cuadros más graves, peor pronóstico, aumento de la mortalidad y pacientes más jóvenes», agregó.

El accidente cerebrovascular se produce cuando una detención repentina del flujo sanguíneo que irriga una parte del cerebro, provoca la muerte de neuronas por la falta de nutrientes y oxígeno, generándose un daño permanente.

Los ataques cerebrales pueden producirse por la obstrucción de un coágulo (ACV isquémico) -85% de los casos-, o por la rotura de un vaso sanguíneo que genera un hematoma (ACV hemorrágico) -15% restante-.

Se estima que en Argentina ocurren entre 130.000 y 190.000 ACV por año, es decir, uno cada cuatro minutos, de los cuales entre 39.000 a 60.000 terminan en muerte dentro del primer mes. «La primer causa de muerte y discapacidad en la Argentina es la suma de las enfermedades cardio y cerebrovasculares, que se contabilizan juntas porque tienen varias factores de riesgo en común y se deben tratar en conjunto», dijo Lylyk.

además de la alta presión arterial, otros factores de riesgo son: tabaquismo, sedentarismo, diabetes, obesidad, colesterol y triglicéridos muy elevados, consumo excesivo de drogas y alcohol, y arritmia cardíaca, entre otros.

Por tratarse de una urgencia médica, el ACV requiere una atención inmediata para aprovechar al máximo la denominada «ventana terapéutica» es decir, el período de algunas horas que el infarto tarda en desarrollarse y durante el cual es posible realizar intervenciones médicas para evitar o minimizar el daño cerebral.

Dos son los principales tratamientos en el caso del ACV insquémico, cuyo éxito es «tiempodependiente»: la trombolisis con drogas endovenosas (para disolver el cóagulo) y la trombectomía mecánica endovascular (para remover la obstrucción con pequeños stend).

«Cuando se tapa una arteria en el cerebro podemos salvarlo sacando el coágulo; pero para eso tenemos un tiempo que antes era de cuatro horas y media, después pasó a ocho horas y hoy en algunos casos seleccionados es de 24 horas. Pasado ese tiempo, el cerebro ya está infartado y esta intervención puede ser contraproducente», dijo Lylyk.

Por su parte, Zurrú recordó que «la gran mayoría de estos eventos se relaciona con la presión arterial no controlada», mientras que «un pequeño grupo» tiene su origen en «problemas en el desarrollo de los vasos o malformaciones».

Otros factores de riesgo son: tabaquismo, sedentarismo, diabetes, obesidad, colesterol y triglicéridos muy elevados, consumo excesivo de drogas y alcohol, y arritmia cardíaca, entre otros. No obstante, las personas que logran un cambio en el estilo de vida tienen un 80% menos de riesgo de sufrir un ACV.

«Y más también porque lo único que no se puede predecir es que alguien tenga una malformación vascular o un factor protombótico; pero la gran mayoría de los factores se detectan con un análisis de laboratorio, electrocardiograma y un examen clínico. Por eso son muy importantes los controles en salud», dijo Zurrú.

En cuanto a la interrelación entre coronavirus y accidente cerebrovascular la especialista recordó que «como toda infección viral» el Covid «genera fenómenos inflamatorios que favorecen las trombosis, pero no se sabe en qué porcentaje».

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Diagnósticos que llegan demasiado tarde: qué son las genodermatosis y por qué pueden pasar años sin ser detectadas

Estas patologías representan el 15% de los trastornos hereditarios a nivel mundial. Pueden aparecer desde el nacimiento o en la adultez y comprometer otros órganos. Especialistas destacan el valor del estudio molecular para confirmar cada caso y orientar su seguimiento.

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Las genodermatosis son enfermedades de origen genético que afectan principalmente a la piel. Se producen por alteraciones en genes relacionados con la formación o el funcionamiento cutáneo y pueden surgir por mutaciones heredadas de los padres o por cambios que aparecen espontáneamente.

La Dra. Graciela Manzur (M.N. 63.141), jefa de la División de Dermatología del Hospital de Clínicas de la UBA y directora de CEDIGEA, explicó que, aunque cada enfermedad es poco frecuente de manera individual, en conjunto representan un motivo habitual de consulta.

“Pueden manifestarse desde el nacimiento o durante la infancia, aunque algunas pueden aparecer en la adultez”, señaló la especialista en una publicación de NA.

Las manifestaciones son variadas. Algunas enfermedades generan una fragilidad extrema de la piel, como ocurre con las epidermólisis ampollares, conocidas como “piel de cristal”, en las que un roce mínimo puede provocar ampollas o heridas.

Otras producen un engrosamiento y descamación de la piel, como las ictiosis. También existen genodermatosis que afectan el desarrollo de las glándulas sudoríparas, el pelo o los dientes, mientras que algunas están asociadas con una mayor posibilidad de desarrollar tumores.

Por qué el diagnóstico puede demorar años

La diversidad de síntomas y el desconocimiento sobre estas enfermedades pueden convertir el proceso diagnóstico en una verdadera odisea para las familias.

Los pacientes pueden llegar a la consulta en diferentes momentos de la vida y después de haber sido atendidos por varios profesionales. La gravedad y las características de las manifestaciones también pueden determinar cuándo se identifica la enfermedad.

“Algunos son diagnosticados durante la infancia por la gravedad de sus síntomas, mientras que otros pueden llegar a la adultez sin saber que tienen una enfermedad genética”, explicó Manzur.

La especialista señaló que incluso puede ocurrir que el diagnóstico de un niño permita detectar posteriormente la misma afección en uno de sus padres, que hasta ese momento desconocía que tenía una enfermedad genética.

“Nosotros tuvimos pacientes en los que el diagnóstico se les hizo a los 17, 34 años o más”, agregó.

El estudio molecular es clave para confirmar la enfermedad

Contar con un diagnóstico preciso resulta fundamental para las familias. El estudio molecular permite identificar el gen involucrado y confirmar qué enfermedad presenta el paciente.

Esa información ayuda a orientar los cuidados y el tratamiento, además de establecer un seguimiento adecuado de la evolución.

El diagnóstico genético también tiene importancia para el asesoramiento familiar, ya que permite conocer las características hereditarias de la enfermedad y orientar a las familias frente a futuros nacimientos.

“Al identificar estas afecciones, estudiarlas y darles seguimiento, se puede mejorar la calidad de vida de estos pacientes. El interés de crear CEDIGEA fue con esos objetivos”, sostuvo Manzur.

Qué tratamientos existen para las genodermatosis

El tratamiento depende del tipo de genodermatosis y de las manifestaciones que presente cada persona.

Entre las alternativas pueden encontrarse cremas tópicas, vendajes o membranas destinadas a preservar la función de barrera de la piel, medicamentos por vía oral y terapias biológicas sistémicas.

También puede ser necesario controlar lesiones que tengan posibilidades de malignizarse.

Debido a que algunas de estas enfermedades pueden afectar otros órganos, el seguimiento suele requerir un equipo multidisciplinario. Según cada caso, pueden intervenir dermatólogos, pediatras, médicos clínicos, neurólogos, oftalmólogos, nutricionistas, hematólogos y traumatólogos.

El abordaje también puede incluir asesoramiento genético y apoyo psicológico, especialmente en los casos más severos.

El acompañamiento también alcanza la vida cotidiana

El impacto de una genodermatosis no se limita al tratamiento médico. El acompañamiento de los pacientes y sus familias también debe contemplar aspectos de la vida cotidiana, como la integración escolar y social.

En ese sentido, el seguimiento busca abordar tanto las manifestaciones físicas como las necesidades que aparecen en las distintas etapas de la vida.

Para Manzur, la identificación de los genes involucrados también permite avanzar hacia nuevas alternativas terapéuticas.

“Conocer los mecanismos que producen estas enfermedades permite avanzar hacia tratamientos dirigidos y, a nivel internacional, se investiga la posibilidad de alcanzar tratamientos definitivos mediante terapia génica”, destacó.

“No hay que bajar los brazos. Con optimismo y ocupación se pueden lograr grandes avances y mejoras para las personas con genodermatosis”, agregó.

Las genodermatosis representan el 15% de las enfermedades genéticas

Según la información difundida en el marco del 2° Congreso Internacional de Genodermatosis, las genodermatosis representan el 15% de las enfermedades genéticas a escala global.

Además, se estima que una de cada cuatro familias tiene algún integrante con una de estas enfermedades.

El encuentro se realizó del 3 al 5 de septiembre y fue organizado por CEDIGEA. Reunió a más de 100 especialistas nacionales e internacionales para compartir evidencia, experiencias y avances relacionados con el diagnóstico y tratamiento.

La agenda incluyó contenidos sobre epidermólisis bullosa, nuevas terapias, inflamación, fibrosis, prevención y tratamiento de problemas del pie, displasias ectodérmicas, anomalías vasculares, enfermedades de Darier y Hailey-Hailey, alopecia asociada a genodermatosis e ictiosis congénita, entre otros temas.

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