Conectate con El Argentino

Salud 🩺

PHMG: el nuevo sanitizante 100% fabricado en Argentina que será utilizado en transportes para reducir la carga viral

Perandondes, la directora del Malbran, destacó que «es inédito el incremento presupuestario que representó un 207%» que recibió en el inicio de la pandemia el laboratorio para mitigar el avance del coronavirus.

Publicado hace

#

La directora Científico-Técnica de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (Anlis) «Dr. Carlos Malbrán», Claudia Perandones, afirmó este sábado que la aplicación de un nuevo sanitizante en los transportes, que ya comenzó en trenes, y los test rápidos para la detección del coronavirus permitirán «las aperturas progresivas» en ese sector.

«Las estrategias para reducir la carga viral en todos los transportes, sumadas a los test rápidos van a permitir las aperturas progresivas y abordar nuevas etapas de la pandemia», dijo Perandones.

Las Pruebas Rápidas de Antígenos para SARS-CoV-2, presentadas recientemente por el ministro de Salud, Ginés González García, permiten la detección específica de ciertas proteínas virales en muestras obtenidas a través de hisopados nasofaríngeos, nasales o en esputo y heces, cuyos resultados se conocen en 20 minutos.

«no es irritante a nivel ocular y además no tiene olor, y dijo que el producto tiene estabilidad de 2 años en dilución de uso».

Perandondes destacó también el «incremento presupuestario que representó un 207%» que recibió en el inicio de la pandemia el Malbrán para mitigar el avance del coronavirus.

«Estoy hace 29 años en la institución y esto es inédito. Pudimos adquirir equipamiento como un nuevo equipo de secuenciación de última generación o un microscopio de fluorescencia», detalló.

Con respecto a los avances, se refirió a las pruebas del sanitizante Poli Hexa Metilén Guanidina -PHMG- (Bioplan 250H) al 1% (solución acuosa), que «se realizaron en un cultivo viral que se puede hacer en laboratorios como el nuestro, que es el mejor de bioseguridad nivel 3 de América Latina».

Ese nivel de bioseguridad se aplica a instalaciones clínicas, de diagnóstico, de enseñanza, de investigación o de producción donde se trabaja con agentes autóctonos o exóticos que pueden causar enfermedades graves o potencialmente letales por inhalación.

El producto tiene un poder de inactivación importante» también en virus como Hepatitis (A y B), HIV, Influenza, Norovirus, Adenovirus o Rotavirus.

El personal del laboratorio recibe capacitación específica en el manejo de agentes patógenos y es supervisado por científicos competentes en el manejo de dichos agentes y procedimientos asociados.

Perandones explicó que el protocolo de aplicación del PHMG fue hecho por el Ministerio de Transporte, que conduce Mario Meoni, quien presentó otros potenciales candidatos para ser utilizados como desinfectantes en los trenes.

«Tuvimos que corroborar cuáles de esa lista efectivamente inactivaban al coronavirus», señaló la directora del Anlis-Malbrán, que evaluó como «muy buenos» los resultados del PHMG en el laboratorio.

«Comparado con los otros candidatos, como principal ventaja tiene que no requiere un lavado con desengrasante intercalado ya que no se inactiva el producto por materia orgánica y es 100% fabricado en Argentina», destacó.

La colaboración entre Anlis-Malbrán y las carteras de Transporte y Salud comenzó hace unos dos meses con el objetivo de poder desinfectar todos los medios de transporte, no sólo los trenes, para mitigar la posibilidad de contagio de Covid-19.

El PHMG se utilizó por primera vez en la estación porteña de Retiro, y fue el director del Anlis-Malbrán, Pascual Fidelio, quien supervisó el operativo para aplicar la nueva fórmula en la línea ferroviaria Mitre, que será llevada a los procesos de limpieza y desinfección en el resto del transporte.

Perandones explicó que durante el ensayo se colocó el virus a «crecer en un cultivo celular en el laboratorio y luego se hizo un desafío que consiste en enfrentar al cultivo del virus con el producto y determinar si el producto inactiva ese crecimiento viral».

«El producto tiene un poder de inactivación importante» también en virus como Hepatitis (A y B), HIV, Influenza, Norovirus, Adenovirus o Rotavirus, describió. Lo mismo ocurre en bacterias como Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa, Staphylococcus aureus, Salmonella, Mycobacterium, Tuberculosis, entre otras, y en varios hongos.

«Además, se nos planteó el desafío de que tenía que ser poco peligroso y poco tóxico para los pasajeros y se descubrió que no es irritante a nivel ocular y además no tiene olor», y dijo que el producto tiene estabilidad de 2 años en dilución de uso, lo que permite que sea utilizado en la siguiente descontaminación y «a diferencia del hipoclorito de sodio (lavandina) no mancha y no se inactiva por la luz solar».

El uso de suero equino para tratar pacientes con coronavirus «Permite neutralizar el virus con una potencia de entre 50 y 200 veces más que el plasma. Con ese resultado se decidió pasar a los ensayos clínicos»,

La especialista sostuvo que «no es tóxico para el ser humano y tiene un efecto residual importante. El sanitizante resultó favorable frente a algunos productos que requieren una limpieza intercalada porque si tiene grasa, por ejemplo, se inactiva», agregó.

En relación a la desinfección de los aviones, Perandones señaló que no se va aplicar PHMG, sino otros productos cuyos resultados se conocerán dentro de una semana.

«El manejo en aeronaves se debe regir por las normas de la International Air Transport Association (IATA), que define que productos y que protocolo aplicar», precisó.

Con respecto al uso de suero equino para tratar pacientes con coronavirus, el Malbrán evaluó «si inhibe el crecimiento viral y en qué disolución se produce la inhibición de ese crecimiento».

«Permite neutralizar el virus con una potencia de entre 50 y 200 veces más que el plasma. Con ese resultado se decidió pasar a los ensayos clínicos», contó y añadió que «no sabemos cuáles van a ser los resultados» porque «falta un mes para obtenerlos». Además, esos resultados deberán ser evaluados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) para su aprobación.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

Publicado hace

#

Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo