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Espert fascista: pide eliminar el Día de la Memoria y niega la historia

José Luis Espert expresó en un discurso de odio y negacionismo que el Día de la Memoria debería dejar de ser feriado. Su mensaje representa un peligroso intento de borrar la historia.

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Lo que tenés que saber:

  • José Luis Espert pidió eliminar el feriado del Día de la Memoria.
  • Su mensaje de odio busca negar el pasado y borrar la memoria histórica del golpe de Estado.
  • Espert atacó los derechos humanos y calificó de «curros» su defensa.
  • Negó el sufrimiento de las víctimas de la dictadura y de los desaparecidos.
  • Sus declaraciones reflejan un discurso reaccionario y fascista, negando la realidad histórica.

Espert, un mensaje de odio y negacionismo contra la memoria histórica

José Luis Espert, diputado de La Libertad Avanza, dejó claro este domingo su postura negacionista y fascista en una entrevista con Luis Majul en LN+. El legislador, conocido por sus posturas reaccionarias, pidió que el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia deje de ser feriado nacional, en un intento descarado de borrar la memoria colectiva del país. En sus palabras, argumentó que «ya está», minimizando el horror del golpe de Estado y el sufrimiento de miles de argentinos durante la dictadura.

«Desearía que algún día demos vuelta la página por completo de esto. Basta, basta. Estamos por cumplir medio ciclo y seguimos hablando de golpe de Estado, y todavía hay curros con los derechos humanos, ya está, miremos para adelante», expresó, en un claro ataque a la memoria histórica y a las víctimas del terrorismo de Estado.

Un mensaje de odio y de intento de borrar la historia

Espert, en su mensaje, no solo ataca el Día de la Memoria, sino también la defensa de los derechos humanos, acusando a la causa de ser solo «curros». Esta es una postura profundamente peligrosa, que fomenta el odio y la división en la sociedad, y busca negar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Con estas palabras, el diputado pretende deslegitimar el sufrimiento de las víctimas y de las familias que aún buscan justicia por la desaparición forzada de sus seres queridos.

El negacionismo de Espert y su ataque a las víctimas de la dictadura

Espert no solo cuestionó el feriado, sino que además minimizó el impacto de la dictadura militar. En sus comentarios, negó la importancia de recordar y rendir homenaje a las víctimas, y se mostró escéptico sobre el rol que Néstor Kirchner y Cristina Kirchner jugaron en la defensa de los derechos humanos. «Los que leímos historia sabemos que los primeros tiros que tiraron acá se rajaron al sur a convivir con los militares», dijo, negando los esfuerzos realizados por quienes lucharon por la memoria, la verdad y la justicia.

Este discurso, cargado de odio y resentimiento, no solo representa una postura reaccionaria, sino que también abre la puerta a la normalización de ideologías autoritarias y negacionistas en la política argentina.

Un discurso fascista y reaccionario

El llamado de Espert a eliminar el Día de la Memoria y su negacionismo histórico están alineados con un mensaje fascista, que busca deslegitimar las luchas por los derechos humanos y borrar la memoria de los horrores cometidos durante la dictadura. Este tipo de discursos son un retroceso para la democracia y un peligro para la convivencia pacífica en la sociedad argentina.

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“El mal existe y debe ser sometido por la fuerza”: Milei reivindicó la represión y negó los crímenes de la dictadura en el acto por San Martín

En la ceremonia por el 176° aniversario de la muerte del Libertador, el presidente ensayó un discurso negacionista sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas durante la última dictadura cívico-militar, ponderó el rol represivo de las fuerzas de seguridad y llamó a «someter por la fuerza» a quienes «eligen el mal», sin mencionar las reiteradas represiones a jubilados y organizaciones sociales que ocurren cada miércoles bajo su propio gobierno.

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El Argentino Diario-Javier Milei.
Del prócer al garrote: cómo Milei convirtió el homenaje a San Martín en una reivindicación de la represión y el negacionismo.

Javier Milei encabezó este lunes el acto oficial por el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín en el Monumento al Libertador de la Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro. Junto a él, la cúpula de su gabinete y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Lo que comenzó como una ceremonia de homenaje al prócer fundacional de la Nación derivó en uno de los discursos más reveladores, y más inquietantes, de su gestión.

Negacionismo en el Monumento al Libertador

El punto más grave del discurso presidencial fue el que pasó más inadvertido en la cobertura oficial. Milei aseguró que el «instrumento militar» del país «fue demonizado y desfinanciado por demasiado tiempo» y afirmó que ese «camino fue equivocado». La declaración, pronunciada frente a la plana mayor de las Fuerzas Armadas, no contiene ningún matiz ni contexto: borra de un plumazo los 30.000 detenidos desaparecidos, los vuelos de la muerte, los centros clandestinos de detención y los bebés robados que motivaron precisamente ese proceso de revisión crítica sobre el rol militar. Los juicios por crímenes de lesa humanidad, que continúan siendo sustanciados en los tribunales federales de todo el país, no merecieron ni una mención.

En ese mismo marco, el presidente reclamó «unas Fuerzas Armadas equipadas y bien formadas», en sintonía con la política de rearmado y rejerarquización castrense que su gobierno viene impulsando desde el primer día de gestión, incluyendo decretos de aumento salarial diferencial para las fuerzas y la firma de acuerdos de cooperación militar con los Estados Unidos.

«El mal existe y debe ser sometido por la fuerza»

Hacia el cierre de su alocución, Milei pronunció la frase que sintetiza su visión sobre el orden público: «Un pueblo libre también requiere de fuerzas de seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos, pues el mal existe y quienes eligen ese camino deben ser sometidos por la fuerza.» La formulación no es casual ni inocente: coloca a las fuerzas de seguridad como árbitras del bien y el mal, y habilita la fuerza como respuesta legítima ante cualquier conducta que el poder de turno clasifique como transgresora.

El presidente completó ese razonamiento con una equiparación que merece ser leída con atención: «El ladrón es también un tirano del prójimo y defender la libertad de Argentina es oponerse con toda la fuerza pública a los criminales.» En un gobierno que ha aplicado gases lacrimógenos, balas de goma y detenciones a jubilados que reclaman por sus haberes frente al Congreso, la retórica sobre «criminales» y «fuerza pública» adquiere un significado político concreto y documentado.

El silencio sobre los miércoles de represión

Milei no hizo ninguna referencia a las represiones sistemáticas que las fuerzas de seguridad llevan a cabo cada miércoles frente al Congreso Nacional, donde jubilados, pensionados y organizaciones sociales protestan por el ajuste previsional y la destrucción del poder adquisitivo de sus haberes. Esos episodios, documentados semana a semana con imágenes de personas mayores siendo derribadas por policías con escudos, forman parte del registro público y periodístico de su gestión. Pedir más capacitación y herramientas para las fuerzas de seguridad, mientras esas mismas fuerzas reprimen a jubilados, configura una contradicción que el discurso presidencial ni siquiera intenta resolver.

La «batalla cultural» como sustituto de la política económica

En el único pasaje en que Milei reconoció la existencia de malestar social, lo hizo para instrumentalizarlo políticamente. «Internamente, la libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante, pues los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama de la libertad siempre se apoyan en el descontento y la pobreza para romper con el orden», sostuvo. El reconocimiento implícito de que su gobierno no resolvió la pobreza ni el descontento no derivó en ningún anuncio de medidas concretas. Milei convocó, en cambio, a «dar la batalla cultural para explicar, una y otra vez, cómo esta prosperidad está basada y depende de los valores que nos hicieron grandes.»

También dejó en claro que para su visión política la necesidad económica del trabajador o del Estado no justifica ningún tipo de reclamo redistributivo: «Ellos nos quieren hacer creer que el pecado es justo y la justicia es pecado, y que el robo está justificado si es por un supuesto bien superior, sea este la necesidad económica del pobre o la necesidad fiscal del Estado.» En esa lógica, cualquier reclamo social queda subsumido en la categoría de amenaza a la libertad, habilitando la respuesta represiva que el propio discurso reivindicó minutos después.

Geopolítica, fronteras y el silencio sobre Huawei

El presidente también anunció la necesidad de «retomar la protección de nuestras fronteras, de elegir bien nuestras alianzas geopolíticas, de luchar contra todas las formas de terrorismo y de pararnos siempre del lado de la democracia.» Las palabras llegaron en un momento en que Milei mantiene un llamativo silencio sobre las presiones ejercidas por funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en la Argentina para que una cooperativa neuquina deje de contratar servicios de la empresa china Huawei, una señal que compromete la soberanía tecnológica y las capacidades industriales del país. El «buen posicionamiento geopolítico» que pregona el discurso y la subordinación a los intereses norteamericanos en materia de telecomunicaciones plantean, al menos, una pregunta incómoda.

Puntos clave

  • Milei afirmó que las Fuerzas Armadas fueron «demonizadas» por «demasiado tiempo», sin mencionar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
  • Llamó a «someter por la fuerza» a quienes «eligen el mal», en un discurso que pondera la represión como herramienta de gobierno.
  • No hizo ninguna referencia a las represiones semanales a jubilados frente al Congreso, documentadas a lo largo de toda su gestión.
  • Presentó la «batalla cultural» como respuesta al descontento social, sin anunciar medidas económicas concretas para revertir la pobreza y la caída del poder adquisitivo.
  • Guardó silencio sobre las presiones de la Embajada de Estados Unidos contra la contratación de Huawei por parte de una cooperativa neuquina.
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