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Legislativo

Reforma laboral en suspenso: los gremios apuntan a los gobernadores para bloquear la ley

Tras la postergación en el Senado, las centrales obreras concentran gestiones en las provincias, donde se define el número final de votos y el impacto fiscal.

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Lo que tenés que saber

  • Los gremios celebraron la demora del debate en la Cámara alta
  • Los gobernadores resultan decisivos para aprobar o frenar la reforma
  • El impacto impositivo aparece como eje central de la negociación
  • Provincias Unidas concentra la mayor incertidumbre política
  • Córdoba y Santa Fe muestran tensiones entre discurso y gestión

Los sindicatos redefinen la estrategia tras la postergación

La decisión del oficialismo de retrasar el tratamiento de la reforma laboral en el Senado fue interpretada por el movimiento sindical como una victoria política. La movilización nacional y la presión ejercida desde la CGT y las CTA incidieron en un escenario que obligó al Gobierno a recalcular tiempos y apoyos.

El aplazamiento no respondió solo a la protesta gremial. También influyeron las tensiones abiertas en Diputados durante el debate presupuestario y, sobre todo, el vínculo con los gobernadores, un factor que pasó al centro de la escena política.

Gobernadores como árbitros del conflicto

Las organizaciones sindicales identifican a los mandatarios provinciales como actores clave. El respaldo o rechazo de los senadores alineados con cada gobernador puede definir el destino del proyecto. Por ese motivo, las gestiones gremiales se intensifican con el objetivo de debilitar cualquier acuerdo con la Casa Rosada.

Desde sectores sindicales advierten que acompañar la reforma implica asumir un rol activo en el avance de políticas que consideran regresivas. En ese marco, el bloque Provincias Unidas genera especial atención, ya que mantiene posiciones cambiantes entre el oficialismo y la oposición.

Santa Fe y la ambigüedad política

En Santa Fe, el posicionamiento del gobernador Maximiliano Pullaro despierta críticas gremiales. Dirigentes sindicales señalan diferencias entre el discurso electoral y las decisiones adoptadas durante el año de gestión, especialmente en materia previsional y laboral.

La provincia atravesó una reforma previsional resistida por los sindicatos, lo que refuerza las dudas sobre el respaldo a los derechos laborales. Además, el impacto fiscal de la reforma laboral nacional preocupa a los gremios, que advierten sobre una posible pérdida de recursos coparticipables.

El factor impositivo como eje de presión

El aspecto tributario se consolidó como una herramienta central en la estrategia sindical. La reforma laboral incorpora cambios que afectarían ingresos provinciales, lo que abre un frente de conflicto con gobernadores preocupados por sus cuentas públicas.

En Santa Fe, las centrales obreras reclamaron que el Ejecutivo provincial exija los fondos adeudados por Nación y que instruya a sus legisladores a rechazar el proyecto. El cierre de miles de empresas en el último año refuerza el malestar en el entramado productivo local.

Córdoba y el doble discurso

Córdoba expone con claridad las contradicciones que señalan los gremios. Mientras el gobierno provincial cuestiona el ajuste nacional, avanzó con reformas previsionales propias y declaró la emergencia del sistema jubilatorio.

La Legislatura aprobó una norma que habilita aumentos en los aportes personales de distintos sectores, con el argumento de sostener la Caja de Jubilaciones frente al recorte de transferencias nacionales. La votación se produjo en paralelo a movilizaciones sindicales que rechazaron tanto la reforma local como la nacional.

Un rechazo más definido en el peronismo

En contraste con la ambigüedad de algunos mandatarios, un grupo de gobernadores peronistas expresó un rechazo explícito al proyecto. Axel Kicillof se consolidó como la figura más visible de ese bloque, con una postura crítica del modelo económico libertario y del contenido de la reforma laboral.

Desde la provincia de Buenos Aires, el entramado sindical acompaña esa posición. La CGT y las CTA mantienen coordinación política y sindical, mientras el debate se traslada al terreno territorial, donde cada gobernador aparece como una pieza clave en la disputa legislativa.

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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