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Consumo

CABA: familia necesita $2 millones mensuales para cubrir sus gastos

Los aumentos más significativos en productos de consumo masivo fueron las carnes (+3,2%) y bebidas (+1,58%).

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Lo que tenés que saber:

  • En noviembre de 2024, una familia de clase media en Buenos Aires requirió un presupuesto de $2.003.735 para cubrir todos sus gastos.
  • Los rubros que más aumentaron fueron medicina prepaga, ABL, TV por cable e Internet, y colegios privados.
  • Del total, $1.419.693,77 (71%) se destinaron a los servicios básicos del hogar, y $584.041,69 (29%) a productos de consumo masivo.
  • La inflación de noviembre para la clase media fue del 1,99%, mientras que la variación interanual de precios fue de 163,57%.
  • Los aumentos más significativos en productos de consumo masivo fueron las carnes (+3,2%) y bebidas (+1,58%).
  • En cuanto a servicios básicos, los aumentos más altos fueron en medicina prepaga (5,15%), ABL (4,8%), expensas (4,5%) y colegios privados (4,4%).
  • En términos interanuales, productos como la cebolla y la lechuga registraron aumentos extremos, con la cebolla subiendo 327,97% y la lechuga 235,65%.
  • Los gastos diarios de una familia porteña de clase media fueron de $66.791,18, desglosados en $19.468,06 para productos de consumo masivo y $47.323,12 para servicios básicos.

Aumento en los rubros más destacados

Según un informe reciente, la clase media porteña enfrenta aumentos considerables en varios rubros, destacándose especialmente los gastos relacionados con los servicios básicos del hogar. Entre ellos, la medicina prepaga, el ABL, las expensas, los colegios privados y el servicio de TV por cable e Internet fueron los más afectados. Estos aumentos se reflejan en un presupuesto mensual de aproximadamente $2.003.735, una cifra que incluye todos los gastos esenciales para mantener el hogar.

Composición del gasto familiar

En detalle, del total de $2.003.735, un 71% de este monto, es decir, $1.419.693,77, se destina a los servicios básicos, como los mencionados anteriormente, mientras que el 29% restante, equivalente a $584.041,69, se utiliza para la compra de productos de consumo masivo. Esta distribución refleja un fuerte énfasis en el mantenimiento de los servicios que permiten el funcionamiento cotidiano del hogar.

Inflación y aumentos interanuales

La inflación de noviembre para la clase media porteña fue del 1,99%, pero lo realmente alarmante es la variación interanual, que llegó a un sorprendente 163,57%. Este incremento en los precios se refleja en un conjunto de productos básicos, como la carne y las bebidas, que aumentaron un 3,2% y un 1,58%, respectivamente.

Sin embargo, el aumento más significativo se registró en productos que antes eran considerados básicos. Por ejemplo, la cebolla blanca experimentó un incremento de 327,97%, pasando de $369,89 en diciembre de 2023 a $1.583 en la actualidad. Asimismo, la lechuga, que en diciembre de 2023 costaba $927,72, hoy se vende a $3.113,94, lo que representa un aumento del 235,65%.

Costos de los servicios esenciales

Los servicios esenciales, como la medicina prepaga, el ABL y los colegios privados, también presentaron aumentos notables. La medicina prepaga, por ejemplo, vio un incremento del 5,15%, el ABL subió un 4,8%, las expensas se incrementaron en un 4,5%, y la cuota de los colegios privados aumentó en un 4,4%. Estos aumentos afectan principalmente a las familias de clase media, que deben hacer frente a estos costos para mantener su nivel de vida.

El costo diario de una familia porteña

En cuanto al gasto diario, una familia porteña necesitó $66.791,18 para cubrir todos sus gastos en noviembre de 2024. De esa cifra, $19.468,06 se destinaron a productos de consumo masivo, mientras que $47.323,12 fueron necesarios para cubrir los servicios básicos del hogar.

Consumo

El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.

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El-Argentino-Precios de cortés de la carne

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.

La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.

Un récord negativo que arranca en 2006

El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.

En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.

Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola

Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.

Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.

La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.

El precio que aleja la carne de la mesa popular

El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.

El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.

El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado

El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.

La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.

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