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Inflación fake: el salario que supuestamente “sube” 4,5% en realidad cae 5,7%
Economistas advierten que la metodología vieja altera precios, ingresos y diagnósticos económicos durante la actual gestión.
Lo que tenés que saber
- El Indec sigue usando una canasta de consumo de 2004 para medir inflación.
- Con la canasta ENGho 2018, el salario registrado muestra una baja del 5,7%.
- La mejora oficial del salario real marca un 4,5% con la medición vigente.
- La diferencia entre inflaciones alcanza 39 puntos porcentuales.
- Los servicios tienen un peso subestimado en el IPC actual.
Una canasta vieja que cambia todo
La medición de la inflación vuelve al centro del debate económico por la falta de actualización de la canasta de consumo que utiliza el Indec. Economistas señalan que este atraso metodológico no solo distorsiona el índice de precios, sino también la lectura sobre salarios, pobreza y tipo de cambio durante el gobierno de Javier Milei.
Según un análisis citado por el economista Diego Giacomini, si se aplicara la canasta basada en la Encuesta Nacional de Gastos y Hogares (ENGho) de 2018, el salario registrado pasaría de mostrar una mejora del 4,5% a reflejar una caída del 5,7%. La inflación que se difundirá en los próximos días seguirá calculándose con una estructura de gastos definida en 2004, pese a anuncios oficiales de actualización para fines de 2024.
El impacto directo sobre el salario real
El informe advierte que la metodología vigente altera de manera significativa la evolución del salario real. La diferencia no resulta menor: el mismo período económico arroja resultados opuestos según la canasta utilizada.
De acuerdo con Giacomini, la brecha entre la inflación oficial y la que surgiría de aplicar la ENGho 2018 alcanza los 39 puntos porcentuales en la actual gestión. El principal factor radica en el peso reducido que la canasta actual asigna a los servicios, rubro que creció de forma marcada dentro del gasto de los hogares.
Servicios subestimados en el IPC
El economista detalló ejemplos concretos sobre la composición del índice en el Gran Buenos Aires. “De acuerdo con el Indec, un ciudadano promedio del GBA sólo gasta $3,5 en alquiler de vivienda y $2,5 en electricidad, gas y otros combustibles de cada $100 totales que gasta”, afirmó. Incluso al sumar otros servicios esenciales, la proporción resulta, según su evaluación, muy distante de los hábitos reales de consumo.
Este desfasaje provoca, según el análisis, una subestimación sistemática de la inflación medida y una lectura más favorable de los ingresos.
Críticas a la metodología y efectos colaterales
Giacomini cuestionó de forma directa el uso prolongado de la canasta actual. “La ponderación mentirosa dentro de la canasta patrón de consumo del IPC Indec es adrede, porque sirve para subestimar la inflación y de ahí, sobrestimar los salarios, minimizar la pobreza y la indigencia”, sostuvo en declaraciones a BAE Negocios.
Además, el economista señaló que esta medición incide en el debate cambiario, ya que un IPC más bajo facilita el argumento de que el dólar no presenta atraso.
Un diagnóstico distinto con otra medición
Para Giacomini, una actualización del índice modificaría de manera sustancial el panorama económico. “Con un IPC más realista, la inflación sería más alta, los salarios reales menores, la pobreza y la indigencia más elevadas y el atraso cambiario sería mayor”, afirmó. También advirtió que el uso de estadísticas poco precisas como base de políticas públicas puede derivar en consecuencias económicas, sociales y políticas más profundas.
Consumo
Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa
Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.
En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.
Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.
La lista de precios, producto por producto
En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:
Filete de merluza: $13.900 el kilo
Filete de lisa: $13.900 el kilo
Pollo de mar: $11.800 el kilo
Pejerrey: $10.900 el kilo
Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo
Paella de mariscos: $40.000 el kilo
Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900
El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.
“No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio
Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.
“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.
En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:
“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.
Tradición religiosa vs. crisis económica
El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.
Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados
Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.
Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo
Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.
Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.
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