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Legislativo

Vilma Ibarra es «optimista respecto de la aprobación» de la ley del aborto en el Senado

La funcionaria manifestó su satisfacción por la media sanción en Diputados del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo y señaló que la iniciativa apunta a lograr «un paradigma más humanitario, acompañar a las mujeres, y un mejor sistema de salud».

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La funcionaria manifestó su satisfacción por la media sanción en Diputados del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo y señaló que la iniciativa apunta a lograr «un paradigma más humanitario, acompañar a las mujeres, y un mejor sistema de salud».

La secretaria Legal y Técnica de la Presidencia, Vilma Ibarra, manifestó este viernes su satisfacción por la media sanción en Diputados del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y se manifestó «optimista» respecto de la aprobación en la Cámara Alta.

«Estamos muy satisfechos por el trabajo realizado y somos optimistas respecto de la aprobación en el Senado», indicó Ibarra en una conferencia de prensa en el Congreso, donde siguió las alternativas del debate, que culminó con la aprobación por 131 votos a favor, 117 en contra y 6 abstenciones el proyecto sobre el aborto enviado por el Poder Ejecutivo.

En tanto, la funcionaria afirmó: «Somos optimistas respecto de lo que pueda suceder en el Senado. No tengo los números ni puedo plantearlo porque eso le corresponde a los senadores y senadoras, pero tenemos la impresión de que es un planteo muy sensato el realizado (en el proyecto) y que ha sido consensuado por distintos sectores políticos».

Por otra parte, Ibarra aseguró que «nuestra Constitución está en línea con el proyecto» y que si bien «quien quiera peticionar» sobre su supuesta inconstitucionalidad «está en su derecho». «Estamos muy confiados en que es respetuoso de la Constitución y tiene un marco jurídico», añadió.

«En eso estamos muy tranquilos, así que ahora apostamos en el Senado, a un debate respetuoso y cuidadoso», sintetizó Ibarra, y agregó que la iniciativa apunta a lograr «un paradigma más humanitario, acompañar a las mujeres, y un mejor sistema de salud».

Sobre la objeción de conciencia, recordó que «desde el 2012 está reconocida por la Corte Suprema por lo cual lo hemos recogido en la propuesta que se ha elevado, y no creo que tengamos inconvenientes en la aplicación de la ley», dijo.

También analizó que consideran que «habrá menos objeciones» de este tipo porque «con la legalización» del aborto «habrá menos amenazas para médicos y médicas» y recordó que por otra parte, está previsto un «sistema de derivaciones que permitirán respetar tanto la objeción como la realización de la práctica».

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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