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Presupuesto 2027: Milei cede en Discapacidad pero la pelea en el Congreso recién empieza
El Gobierno abrió la puerta a modificar los artículos del Presupuesto 2027 que recortan fondos para discapacidad y universidades, pero las concesiones no alcanzaron para cerrar el acuerdo con los aliados. El debate parlamentario continúa.
El proyecto de Presupuesto 2027 que el Gobierno de Javier Milei envió al Congreso incluyó un recorte directo de fondos para discapacidad y una reducción del financiamiento universitario, a pesar de que el oficialismo había prometido priorizar esas áreas.
La iniciativa oficial proyectó una inflación anual del 18 por ciento, un crecimiento del 4 por ciento y un tipo de cambio de 1847 pesos a fin de 2027, pero el verdadero eje de la discusión política se concentró en los artículos que modificaron la actualización de la Asignación Universal por Hijo (AUH), cambiaron el esquema de pensiones por discapacidad y achicaron las partidas destinadas a las universidades nacionales. Ese combo llegó a las comisiones con fricciones abiertas con los bloques aliados y cuestionamientos también desde sectores sociales y académicos.
El frente legislativo y los socios en alerta
El oficialismo presentó el Presupuesto en la Cámara de Diputados con el respaldo inicial de La Libertad Avanza y el acompañamiento condicionado del PRO, la UCR y Hacemos Coalición Federal. La hoja de ruta incluyó un cronograma de trabajo en comisiones que, hacia la semana del 28 de septiembre de 2026, todavía no se definió por completo, justamente porque las diferencias sobre los recortes sociales y educativos se mantuvieron abiertas.
Varios legisladores que acompañaron al Gobierno en votaciones anteriores admitieron en reserva que el texto presupuestario llegó con recortes más profundos de lo que esperaban y que los cambios en discapacidad y universidades sorprendieron incluso a dirigentes que se consideraron aliados firmes del Ejecutivo.
Discapacidad, el punto más sensible y las concesiones parciales
El capítulo de discapacidad encendió las alarmas desde el primer borrador. El proyecto original eliminó la actualización automática de la AUH según la inflación y planteó una reforma del régimen de pensiones por discapacidad que, según especialistas y organizaciones del sector, redujo la cobertura real y endureció las condiciones de acceso. La lectura generalizada en los despachos opositores fue que, en términos prácticos, el ajuste cayó sobre familias con menores ingresos y personas que ya enfrentaron múltiples barreras para sostener tratamientos y cuidados.
Frente a la presión de organizaciones, gobernadores y aliados parlamentarios, el Gobierno aceptó introducir cambios en este capítulo. Se anunció que se mantendría un esquema de actualización de la AUH con una fórmula alternativa y que se revisarían algunos parámetros de las pensiones. Sin embargo, los bloques dialoguistas consideraron que la marcha atrás fue solo parcial y que una parte importante del recorte permaneció, en particular en los montos reales de las prestaciones y en los programas de apoyo vinculados al transporte, la rehabilitación y la inclusión laboral.
La sensación en el Congreso fue que el oficialismo ofreció correcciones mínimas para contener la reacción pública, pero defendió el corazón del ajuste sobre el sistema de discapacidad.
Universidades en la mira y tensión con los rectores
Otro de los focos de conflicto se ubicó en el financiamiento de las universidades nacionales. El proyecto contempló un crecimiento nominal de las partidas, pero por debajo de las proyecciones de inflación que el propio Gobierno incluyó en el mensaje presupuestario, lo que implicó en la práctica una reducción de recursos. Rectores y sindicatos docentes advirtieron que, con esos números, las casas de estudio no lograron sostener el funcionamiento básico durante todo el año 2027 sin recurrir a recortes de programas, cierre de cursos o nuevos aumentos de aranceles en posgrados y servicios complementarios.
En la previa al debate en comisiones, representantes del Consejo Interuniversitario Nacional se reunieron con legisladores del PRO, la UCR y Hacemos Coalición Federal para pedir correcciones y un piso de financiamiento que garantizara salarios docentes, becas y gastos de funcionamiento. Desde el Gobierno se defendió el texto original con el argumento de que el Presupuesto debía consolidar el equilibrio fiscal y que las universidades debieron “optimizar recursos”. Esa respuesta endureció las posiciones y empujó a los aliados a reclamar una recomposición mayor en el recinto.
La macro que imaginó el Gobierno y las dudas de la oposición
El mensaje que acompañó el Presupuesto se centró en las proyecciones macroeconómicas. El Ministerio de Economía estimó que en 2027 la economía creció 4 por ciento, con una inflación del 18 por ciento y un dólar oficial que cerró el año en 1847 pesos. Sobre esa base, el Ejecutivo sostuvo que los recortes fueron necesarios para consolidar un superávit primario y anclar expectativas en los mercados financieros.
La oposición, sin embargo, cuestionó tanto las proyecciones como la distribución del ajuste. Dirigentes de la UCR y Hacemos Coalición Federal marcaron que las metas de inflación y crecimiento resultaron «demasiado optimistas» y que, incluso en ese escenario, el recorte se concentró en áreas sociales sensibles y en el sistema universitario, mientras que se preservaron beneficios impositivos y gastos vinculados a sectores de alta renta. El PRO, por su parte, acompañó el énfasis en la disciplina fiscal, pero pidió reordenar prioridades y moderar el impacto sobre discapacidad y educación superior.
El telón de fondo: la causa ANDIS y la desconfianza creciente
El debate sobre el Presupuesto se desarrolló mientras avanzó en la Justicia la causa que investigó presuntas maniobras de defraudación en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) durante la gestión de funcionarios designados por Milei. De acuerdo con las actuaciones judiciales, se detectaron irregularidades en la asignación de fondos y en contratos vinculados a prestaciones y servicios del sistema.
La coexistencia de un proyecto de Presupuesto que redujo recursos para discapacidad con una causa penal que describió desvíos de fondos en esa misma área alimentó la desconfianza de organizaciones y legisladores, que reclamaron mayores controles y transparencia antes de avanzar con cualquier ajuste.
En ese contexto, los cambios parciales que el Gobierno aceptó en el capítulo de discapacidad no alcanzaron para desactivar las críticas. Las entidades del sector insistieron en que las personas con discapacidad quedaron expuestas a un doble impacto, por un lado el deterioro del poder adquisitivo y por otro la potencial reducción o demora en la entrega de prestaciones, mientras que la investigación judicial mostró que hubo funcionarios que se beneficiaron con un sistema que, en teoría, debía proteger a los más vulnerables.
Negociaciones abiertas y un Congreso en modo testeo
Hacia la semana del 28 de septiembre, el debate en comisiones seguía en construcción. Las autoridades de la Cámara de Diputados trabajaron en un calendario que combinó exposiciones de funcionarios, audiencias con organizaciones de discapacidad y universidades, y un cronograma de dictámenes que todavía no se cerró. Los bloques aliados exploraron modificaciones para suavizar el ajuste, mientras el oficialismo evaluó hasta dónde ceder sin alterar su objetivo fiscal.
Analistas parlamentarios leyeron el tratamiento del Presupuesto 2027 como un test político para el Gobierno y para la nueva arquitectura de poder en el Congreso. La discusión mostró que, aun con el apoyo del PRO y de parte de la oposición dialoguista, el Ejecutivo no tuvo margen ilimitado para avanzar con recortes en áreas sociales sin pagar un costo político. También dejó en claro que el margen de negociación se concentró en retoques parciales y no en un rediseño profundo de la asignación del gasto.
El resultado final del debate quedó atado a una puja en la que el Gobierno defendió el equilibrio fiscal como prioridad máxima, mientras los aliados reclamaron preservar un piso de protección para discapacidad y educación pública.
Lo que tenés que saber
- El Presupuesto 2027 que el Gobierno de Javier Milei envió al Congreso incluyó recortes en discapacidad y una reducción real del financiamiento universitario.
- El proyecto mantuvo proyecciones de inflación del 18 por ciento, crecimiento del 4 por ciento y un tipo de cambio de 1847 pesos a fin de 2027.
- Tras la presión de organizaciones y aliados, el oficialismo cedió de manera parcial en el capítulo de discapacidad, pero conservó buena parte del ajuste.
- Los bloques del PRO, la UCR y Hacemos Coalición Federal cuestionaron el alcance de los recortes y mantuvieron negociaciones abiertas en las comisiones durante la semana del 28 de septiembre de 2026.
- El debate legislativo se dio en paralelo a la causa ANDIS, que investigó la defraudación del sistema de discapacidad por parte de funcionarios del propio Gobierno.
Defensa
Milei pide pausar todo por Malvinas, pero la deuda de 5,8 millones de morosos llega al recinto a pesar suyo
El oficialismo quiere sancionar el 7 de octubre una ley que, bajo la bandera de Malvinas, habilita el derribo de aeronaves, el bloqueo de fondos y la intervención militar en seguridad interior. En la misma sesión, la oposición empujará un tope a las tasas de tarjetas y billeteras virtuales.
Derribar aeronaves, hundir buques, bloquear fondos, restringir operaciones cambiarias y habilitar a las Fuerzas Armadas a intervenir en seguridad interior. Esas son algunas de las facultades que el Gobierno de Javier Milei pretende que la Cámara de Diputados apruebe en apenas una semana, envueltas en la causa más consensuada de la política argentina: la soberanía sobre las Islas Malvinas funciona como paraguas para un paquete que excede largamente el reclamo territorial.
El debate del proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional comenzará este miércoles a las 12 en el plenario de las comisiones de Defensa, Legislación Penal y Relaciones Exteriores y Culto, que presiden los libertarios Carlos Zapata, Laura Rodríguez Machado y Juliana Santillán. La meta del oficialismo es emitir dictamen el martes 6 de octubre y llevar la iniciativa al recinto al día siguiente, en una sesión donde también se tratarán la discapacidad y el endeudamiento de las familias, dos temas que incomodan a la Casa Rosada y que llegaron a la agenda por presión opositora.
El apuro no es casual. Cuando envió el proyecto al Congreso, a mediados de septiembre, el propio Milei invitó mediante un comunicado de la Oficina del Presidente «a toda la dirigencia política a poner una pausa a otras discusiones» y reclamó «máxima prioridad y celeridad». Según fuentes parlamentarias, el oficialismo quiere tener la ley sancionada antes del 13 de octubre, cuando arrancará el debate del Presupuesto 2027, en pleno año de campaña.
Penas de hasta 20 años y juicio en ausencia
El proyecto deroga la Ley 26.659, sancionada en 2011, y endurece las penas hasta 20 años de prisión para quienes exploten, o cooperen en la explotación, de recursos naturales en Malvinas y en los espacios marítimos e insulares circundantes, con inhabilitación para operar en la Argentina. La prohibición ya no se limita a los hidrocarburos: alcanza a cualquier aprovechamiento no autorizado de recursos renovables y no renovables.
Además crea un registro público de infractores, prohíbe al Estado y a los particulares contratar con las personas o empresas inscriptas e incorpora el juicio en ausencia para los delitos que tipifica. Hasta acá, el texto profundiza una política de sanciones que la Argentina aplica desde hace más de una década.
Un Consejo con superpoderes en manos del Presidente
El corazón político de la iniciativa está en otro lado. El proyecto crea un Consejo de Seguridad Nacional encabezado por el Presidente e integrado de manera permanente por el jefe de Gabinete, los ministros de Relaciones Exteriores, Defensa y Economía, la SIDE y la Secretaría Legal y Técnica. El organismo coordinará las áreas diplomática, económica, militar, jurídica, cibernética y de inteligencia, e intervendrá en la protección de infraestructuras críticas.
Ante una amenaza que califique como «grave e inminente», el Consejo podrá restringir operaciones cambiarias y financieras, bloquear temporalmente fondos y activos, suspender autorizaciones o contrataciones, restringir importaciones y exportaciones y elevar temporalmente los derechos aduaneros. Como último recurso, y tras agotar un protocolo de actuación, queda autorizado el derribo de aeronaves y el hundimiento de buques considerados hostiles.
Se trata de facultades de excepción concentradas en un órgano que preside el mismo jefe de Estado que las activa. La amplitud de las atribuciones abre interrogantes evidentes sobre los mecanismos de control parlamentario y judicial, en un Gobierno que hizo del decreto y del veto su principal forma de gestión.
Fuerzas Armadas puertas adentro y el delito de «desinformar»
El proyecto también redefine las funciones de la Defensa Nacional y autoriza su intervención en seguridad interior ante amenazas externas, tanto estatales como no estatales. Es un giro de fondo respecto del consenso democrático que, a través de la Ley de Defensa Nacional y la Ley de Seguridad Interior, separó las tareas militares de las policiales desde el retorno de la democracia. La categoría de amenaza «no estatal» es lo suficientemente amplia como para que su interpretación quede en manos del poder político de turno.
A eso se suman nuevos delitos: la revelación de secretos a Estados o servicios de inteligencia extranjeros, la colaboración con operaciones clandestinas de inteligencia y la realización, por cuenta propia o con financiamiento extranjero, de acciones destinadas a alterar procesos electorales o a manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva, además de promover o financiar actos de violencia o sabotaje. El texto también prohíbe los aportes de extranjeros sin residencia permanente y de personas jurídicas extranjeras a partidos y campañas.
La figura de la «desinformación» llega de la mano de un oficialismo que convirtió el ataque a periodistas críticos en práctica cotidiana. Quién define qué es desinformación y qué es crítica legítima es la pregunta que el proyecto deja abierta. Por último, la iniciativa eleva a rango de ley el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), con inmovilización de bienes y prohibición de operar para quienes figuren en él.
La deuda de las familias, la agenda que el oficialismo esquivó
Mientras el Gobierno acelera su agenda de seguridad, el martes está previsto que el plenario de las comisiones de Finanzas y de Defensa del Consumidor, del Usuario y de la Competencia emita dictamen sobre el endeudamiento, en cumplimiento del emplazamiento votado en la sesión del 26 de agosto. El tema llegó a comisión contra la voluntad del oficialismo, empujado por una mayoría que el Gobierno no pudo contener.
Según trascendió, tras varias rondas de negociación Unión por la Patria cerró una propuesta interna y la compartió con el resto de los bloques: una ley de emergencia por 180 días, prorrogable por un período igual, que fija un tope a la tasa de interés nominal que cobran tarjetas y billeteras virtuales, pone límites a gastos y comisiones y habilita planes de refinanciación de hasta 36 meses según los montos adeudados.
Los 133 votos que respaldaron el emplazamiento reunieron al núcleo opositor (Unión por la Patria, el Frente de Izquierda, Provincias Unidas, la Coalición Cívica y Encuentro Federal) y también a sectores que suelen acompañar al Gobierno: Argentina Federal, que agrupa a legisladores de Misiones y Salta; Elijo Catamarca; Independencia, de Tucumán; y la diputada Karina Maureira, de La Neuquinidad. El Frente de Izquierda, Elijo Catamarca e Independencia no tienen vocales en esas comisiones, pero sus votos serán decisivos cuando el proyecto llegue al recinto.
La dimensión del problema explica esa transversalidad. De acuerdo con un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) elaborado con datos del Banco Central, unas 5,8 millones de personas están en mora con bancos o billeteras virtuales, y la irregularidad de las familias con las billeteras llegó al 29,6% en mayo de 2026, un récord que superó el pico de la pandemia. El crédito dejó de financiar consumo para financiar la supervivencia de millones de hogares golpeados por el ajuste.
Un Senado quieto y las PASO como piedra en el zapato
En la Cámara alta, la actividad quedará frenada esta semana. El Senado sancionó la reforma del Banco Central, aunque con modificaciones, por lo que el proyecto deberá volver a Diputados, y aprobó el régimen de Zonas Frías. La gran deuda pendiente del oficialismo es la reforma electoral, paralizada porque sus propios aliados de la UCR, el PRO y distintos espacios provinciales rechazan eliminar o suspender las PASO para las presidenciales de 2027.
El cuadro legislativo expone una paradoja: el Gobierno reclama unidad nacional para darse poderes de excepción, pero no consigue que sus socios lo acompañen en las reglas del juego electoral. Y mientras tanto, la agenda que atraviesa la mesa de millones de familias avanza por impulso de la oposición, no del Ejecutivo.
Lo que tenés que saber:
- El oficialismo busca dictamen el 6 de octubre y sanción el 7 del proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional, que reemplaza la Ley 26.659.
- La iniciativa fija penas de hasta 20 años por explotar recursos en Malvinas e incorpora el juicio en ausencia.
- Crea un Consejo de Seguridad Nacional presidido por Milei con facultades para bloquear fondos, restringir operaciones cambiarias y autorizar derribos como último recurso.
- Unión por la Patria propone una emergencia de 180 días con tope a las tasas de tarjetas y billeteras y refinanciación de hasta 36 meses.
- La reforma electoral sigue trabada en el Senado porque la UCR, el PRO y bloques provinciales rechazan eliminar las PASO.
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