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Jorge Macri se suma a la amenaza a los docentes: dice que el paro es ilegal

El alcalde de la Ciudad descontará el día a los que se sumen al paro.

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El Argentino Diario-Jorge Macri.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, aseguró este viernes que el lunes próximo las clases «deberían empezar sin problemas» tras el acuerdo paritario firmado con los docentes en el distrito, en referencia al paro nacional de actividades dispuesto por los gremios del sector, y adelantó que descontará la jornada a aquellos trabajadores que se adhieran a la medida.

El lunes deberían empezar las clases sin problemas. En la Ciudad cerramos un acuerdo paritario, que además incluye el dinero que llegaba del Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid), que el gobierno nacional no está girando y estamos cubriendo nosotros”, explicó Macri esta mañana en declaraciones radiales.

Luego de que la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) anunciara un paro nacional docente para este lunes, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ratificó ayer que todas las escuelas de niveles inicial y primario del distrito porteño comenzarán las clases de manera normal.

En sus declaraciones de hoy, Macri se pronunció en el mismo sentido tras remarcar que entiende que el conflicto salarial se destrabó la semana pasada tras llegar a un acuerdo con los 17 sindicatos.

Incluso, el Jefe de Gobierno comentó que «ya hay chicos que comenzaron con la escuela secundaria» en el marco del «proceso de adaptación de los chicos de primer año secundario, que empiezan antes, porque como cambian de colegio, es importante que estén ya antes en las escuelas».

«Así que ya tenemos casi 20.000 chicos de las escuelas secundarias haciendo adaptación también”, indicó.

Por otra parte, Macri analizó que «de los 17 gremios que hay en la Ciudad, solo uno estaría diciendo que va a adherir al paro, así que no deberíamos tener problemas».

Se trata del sindicato docente porteño Ademys que decidió ayer adherir al paro docente del próximo lunes y llamó a concentrar ese mismo día frente al Ministerio de Educación Nacional «en defensa de la escuela pública, por nuestros salarios y por las condiciones de enseñanza y de vida de nuestros estudiantes y sus familias».

El acuerdo firmado con los docentes porteños implica un incremento que lleva el salario inicial neto a $871.332 y con antigüedad a $1.132.152.

Además, Macri afirmó que «como el paro está fuera de lo legal, porque ya hay un acuerdo docente, a quienes adhieran al paro le vamos a descontar la jornada y con eso construimos un fondo que después se reparte a los docentes que no adhieren a los paros».

«Es una buena manera de incentivar a aquellos a quienes tienen la voluntad de estar en clase”, consideró.

Ayer la Ctera llamó a un paro docente para el lunes con movilización en todas las provincias, en reclamo de la paritaria nacional y en rechazo de la eliminación del Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid).

El Gobierno nacional convocó esta semana para el próximo martes a los gremios docentes con representación nacional y a los ministros de Educación de las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires para «iniciar los diálogos a fin de acordar el convenio marco nacional del salario mínimo docente».

La reunión se realizará el próximo martes, a las 18, en la avenida Leandro N. Alem 650, de la Ciudad de Buenos Aires, un día después del previsto inicio del ciclo lectivo en gran parte del país.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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