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Educación

Multas de hasta $1.5M para padres de alumnos que hagan bullying

La Cámara de Diputados de Mendoza sancionó una ley que establece multas millonarias a padres de estudiantes reincidentes en casos de acoso escolar.

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La judicialización del bullying: ¿Es la multa el camino para comprometer a los padres en la crianza?

★ La Cámara de Diputados de Mendoza otorgó sanción definitiva a la ley que modifica el Código Contravencional provincial, estableciendo la corresponsabilidad legal de padres, madres y tutores en casos de acoso escolar. La norma, que ya contaba con media sanción del Senado desde el 4 de noviembre, busca comprometer a las familias en la prevención y resolución del bullying, con posibles sanciones económicas de hasta $1.5 millones tras reincidencia y luego de agotarse el protocolo de intervención escolar. El impulso renovado para esta iniciativa surgió a raíz de un grave incidente de acoso ocurrido en una escuela de La Paz.

El nuevo marco legal y el proceso escalonado

La ley definitiva establece un procedimiento de intervención que prioriza la mediación y el trabajo en el ámbito educativo antes de la judicialización de los casos. Según explicó la diputada Claudia Salas, la aplicación del código contravencional se activará únicamente cuando los padres, madres o tutores “no se hicieron presente” ante los llamados de la escuela o si “el compromiso que iban a asumir tampoco lo cumplieron”. Por lo tanto, el objetivo declarado de la norma es “educativo y reparador”, buscando fomentar la participación activa de la familia en la corrección de las conductas agresivas. Este proceso se sustenta en un protocolo de actuación ya vigente desde el 6 de octubre, que requiere a la escuela identificar, registrar y comunicar el caso, demandando a los padres asumir su parte de responsabilidad.

Sanciones: multas y trabajos comunitarios

La norma contempla sanciones aplicables a los responsables de estudiantes de primaria o secundaria involucrados en acoso escolar. Estas incluyen la realización de trabajos comunitarios y talleres. En cuanto a las multas económicas, se establecieron para el ejercicio fiscal 2026, con penas que oscilan entre 500 y 1000 unidades fijas, lo que se traduce en montos de entre $250.000 y $1.500.000 pesos. Es crucial destacar que estas sanciones económicas se aplican únicamente después de la reincidencia del alumno agresor y tras haber agotado las instancias de intervención educativa.

Miradas críticas al enfoque punitivo

La legisladora provincial Claudia Salas, docente y promotora de la iniciativa, calificó la ley como un “cambio de paradigma” al abordar el acoso escolar desde la corresponsabilidad legal de los adultos. “Aquí se pone de manifiesto algo que es una generalidad: trabajo conjunto familia, escuela y estado”, declaró Salas. Sin embargo, el proyecto despertó objeciones desde el ámbito pedagógico y de la comunidad educativa. Durante el debate legislativo, se mencionaron las preocupaciones de especialistas en educación, quienes advirtieron que un abordaje por la vía contravencional o la judicialización podría resultar “peor el remedio que la enfermedad”, en lugar de impulsar métodos más preventivos y formativos. En esta línea, un experto en pedagogía, citado durante el debate parlamentario por medios locales, señaló que la norma era “demasiado punitiva” y debería inclinarse más hacia un enfoque “preventivo y correctivo”. La diputada Salas, al responder a estas críticas, sostuvo que la realidad social en Argentina difiere de la de otros sistemas educativos ejemplares, como el de Finlandia, por lo que se requiere una respuesta legislativa específica que contemple este contexto.

El antecedente que impulsó la norma

La discusión sobre la modificación del Código Contravencional provincial tomó un “ímpetu” particular luego de un “hecho gravísimo” ocurrido el 10 de septiembre en la escuela Marcelino Blanco de La Paz, donde una alumna apareció armada en un episodio vinculado directamente al acoso escolar. Este incidente puso de manifiesto la urgencia de buscar herramientas más contundentes para abordar la problemática.

La violencia en el hogar y la función de la escuela

Al analizar la reticencia de algunos padres a involucrarse en la corrección de las conductas agresivas de sus hijos, la diputada Salas apuntó al origen de la violencia, indicando que los alumnos “reproducen formas de agresión que ven en el hogar”. Salas insistió en que los modelos de violencia aprendidos en casa son luego replicados en la escuela, haciendo que los estudiantes “repitan lo mismo con sus compañeros”. Por ello, concluyó que las instituciones educativas no pueden ser dejadas solas en esta tarea, y la ley busca ser una herramienta concreta para que las familias asuman el rol de “estar presentes y ser responsables”.

Implicaciones a largo plazo para el entorno educativo

El debate en torno a la nueva ley de corresponsabilidad parental en Mendoza subraya una tensión fundamental entre el enfoque punitivo y las estrategias preventivas. Mientras sus promotores la ven como un “cambio de paradigma” que busca integrar activamente a la familia en la solución del acoso escolar, críticos pedagógicos advierten sobre las potenciales consecuencias negativas de una excesiva judicialización. A largo plazo, esta norma podría reconfigurar las dinámicas escolares, transformando la manera en que las instituciones abordan los conflictos y la relación entre la escuela, la familia y el sistema judicial. La principal preocupación radica en si el temor a las multas incentivará una verdadera implicación parental y una modificación de las conductas o si, por el contrario, generará una mayor distancia o mecanismos de evasión, sin abordar las raíces profundas de la violencia y el acoso en el ámbito educativo. El desafío será monitorear si esta legislación logra el objetivo de un entorno educativo más seguro y cooperativo, o si sus efectos, como alertan algunos especialistas, derivan en complejidades adicionales que dificulten la resolución pacífica y formativa de los conflictos.

Educación

Desfinanciamiento universitario: más de 10 docentes renuncian por día

En el Día del Docente Universitario, el sistema de educación superior pública argentina atraviesa su peor crisis desde 1989. Con salarios por debajo de los niveles de la poscrisis de 2001, un recorte presupuestario del 37,3% desde diciembre de 2023 y un Gobierno que se niega a cumplir la Ley de Financiamiento Universitario, la deserción docente avanza a un ritmo de entre 10 y 12 renuncias diarias en todo el país.

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La academia en éxodo: más de 10 docentes universitarios renuncian por día

La comunidad académica argentina eligió el 15 de mayo, Día del Docente Universitario, para volver a poner en el centro del debate la crisis estructural que atraviesa el sistema universitario público.

Lejos de los anuncios oficiales de «equilibrio macroeconómico», la realidad de más de 60 universidades nacionales distribuidas en todo el territorio revela un desmantelamiento sistemático que sus propios protagonistas describen, sin eufemismos, como un plan deliberado.

«Un plan de destrucción por goteo»

Rodrigo Quiroga, doctor en Ciencias Químicas y docente con 15 años de experiencia en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), cuantificó el fenómeno con datos concretos: entre 10 y 12 docentes renuncian por día a nivel nacional. La causa es, en todos los casos, la misma: la imposibilidad de sostenerse económicamente con los ingresos que ofrece la actividad académica.

Para Quiroga, la situación no es producto de la inercia ni de una mala coyuntura. «El Gobierno está poniendo excusas para no cumplir la ley porque efectivamente lo que buscan, creo, es un plan de destrucción de las universidades nacionales por goteo«, declaró el investigador. En esa línea, advirtió que son los propios docentes quienes vienen subsidiando el déficit de financiamiento con mayor dedicación personal, aunque ese esfuerzo tiene un límite humano y económico infranqueable.

El cargo docente más bajo del sistema universitario nacional, el de Jefe de Trabajos Prácticos (JTP) con dedicación simple, percibe actualmente apenas 260.000 pesos mensuales, una cifra que, en la Argentina de mayo de 2026, no alcanza siquiera para cubrir los gastos de transporte y alimentación necesarios para asistir al trabajo.

El peor momento en décadas

Pablo Bolcatto, doctor en Física y profesor con 38 años de trayectoria en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), describió el presente como «el peor momento de mi vida profesional«. El testimonio de Bolcatto permite comprender la dimensión humana de una crisis que las estadísticas no alcanzan a capturar por sí solas.

«Ahora lo que se está dando es que un investigador o un profesor lo que hace es hacer Uber o empezar a vender empanadas», señaló Bolcatto, en alusión directa al fenómeno de pluriempleo al que se ven empujados quienes eligieron la docencia universitaria como vocación. Para este profesor, la elección de seguir en las aulas es un acto de convicción: «dar clases es una vocación; de enseñar, transmitir conocimiento y correr la frontera un poquito más allá», en referencia a la actividad científica que la crisis también amenaza.

La actitud del Gobierno Nacional fue caracterizada por Bolcatto como «profundamente ideológica», lo que para el docente explica la persistencia de la crisis más allá de cualquier argumento técnico.

Los números del desmantelamiento

Los datos recopilados por el grupo EPC y difundidos por Quiroga en redes sociales trazan un mapa preciso del ajuste:

  • Las universidades nacionales acumulan una caída presupuestaria del 37,3% desde diciembre de 2023.
  • En 2026 se proyecta el presupuesto universitario más bajo desde 1989 en relación al PBI, con apenas el 0,428%.
  • Los salarios docentes perdieron 33,7 puntos de poder adquisitivo desde noviembre de 2023, acumulando 17 meses consecutivos de caída.
  • Días antes de la última Marcha Federal Universitaria, el Gobierno recortó más de 5.300 millones de pesos destinados a infraestructura en la UNLP, UNSAM, UNL y UNNE, entre otras casas de altos estudios.
  • El salario real docente es actualmente más bajo que el que tenían en la poscrisis de 2001.

Estas cifras se inscriben en un contexto más amplio que ya documentamos en esta redacción: desde el inicio de la gestión libertaria, las transferencias a universidades acumularon un recorte real superior al 20%, según datos del Foro Economía y Trabajo; y el propio organismo de verificación Chequeado señaló que el financiamiento universitario sufrió recortes reales de hasta el 31,6% en los primeros tramos de la gestión Milei.

Un dato adicional que aporta dimensión social al conflicto: según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), dos tercios de los estudiantes de la universidad pública pertenecen al 60% más pobre de la sociedad. El ajuste sobre la educación superior no golpea a una élite; golpea, en su inmensa mayoría, a los sectores populares.

La ley existe, el Gobierno no la cumple

El reclamo del sector docente tiene un núcleo jurídico concreto: la plena aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, cuya vigencia los propios tribunales ratificaron con fallos favorables al sector. Si esa norma se aplicara, un docente que hoy cobra 260.000 pesos pasaría a percibir 400.000 pesos, lo que equivaldría a pasar de 6.800 pesos a 10.200 pesos por hora de clase, según los cálculos difundidos por Quiroga.

Frente a las excusas esgrimidas por la administración Milei, como la exigencia de auditorías previas a cualquier recomposición salarial, Quiroga recordó que las auditorías ya existen y funcionan: las facultades de Económicas, Derecho y Medicina de la UBA fueron auditadas en 2024 y sus informes aprobados por unanimidad. Además, «muchas otras universidades firmaron convenios con SIGEN», precisó el investigador.

El argumento del cobro de aranceles a estudiantes extranjeros también fue desactivado con datos: los estudiantes extranjeros representan aproximadamente 83.000 personas, apenas el 4% de la matrícula total. La cifra es marginal frente al déficit estructural de financiamiento.

Un punto central que los propios docentes subrayan para despejar confusiones es el siguiente: no son las universidades las que pagan los sueldos, sino el Estado Nacional. Y los salarios representan el 90% del presupuesto total de las universidades. Quien decide los aumentos, quien los frena, es el Gobierno de Javier Milei.

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