Educación
«Pensar en una educación privatizada va en contra de la Constitución»
El ministro de Educación criticó las propuestas de la oposición y advirtió que la Argentina necesita de un «acuerdo nacional para defender al Estado como único garante del desarrollo».
El ministro de Educación, Jaime Perczyk, advirtió este viernes que la Argentina «necesita un acuerdo de unidad nacional para defender al Estado como único garante del desarrollo y así poder ofrecer una educación mejor y más justa», dado que el rol estatal en la cuestión educativa «significa garantizar una educación de calidad, calendarios escolares completos y una escuela accesible para todos».
El funcionario realizó estas declaraciones al inaugurar en la ciudad sanluiseña de La Punta el 90° plenario de Rectoras y Rectores del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), donde hizo un llamado en defensa de la educación pública y cuestionó la idea de la privatización de ese servicio.
El plenario, que reúne rectores de universidades nacionales de todo el país, comenzó este viernes en San Luis y tiene como objetivo principal debatir acuerdos y proyectos que formarán parte del presupuesto universitario para el 2024, que serán presentado ante la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU).
Perczyk enfatizó en su discurso la necesidad de construir un país «orientado al desarrollo» y que proteja la educación pública.
«La Argentina necesita un acuerdo de unidad nacional para defender al Estado como único garante del desarrollo y así poder ofrecer una educación mejor y más justa, una universidad pública que llegue a todos y todas», subrayó el ministro.

Además, advirtió que «pensar en la educación privatizada y concebida como un negocio es un gran error que generaría desigualdades y va en contra de la Constitución Nacional y otras leyes».
El ministro destacó los logros del Estado desde el regreso de la democracia en el ámbito educativo, como el aumento significativo de estudiantes universitarios y la expansión de la cobertura en el nivel secundario.
«El Estado es el que ha posibilitado que 2 millones y medio de personas, el 5,3% de la población, accedan a la educación superior en Argentina. Esto se logró mediante la multiplicación de becas, la ampliación de la oferta educativa, la creación de universidades y la descentralización de las casas de altos estudios hacia el interior provincial», explicó.
En cuanto a la educación secundaria, Perczyk señaló que «la cobertura pasó del 42% al 94,7% de estudiantes», incluyendo principalmente a los sectores más vulnerables porque antes solo accedían los que podían a este nivel.
También hizo hincapié en la importancia de mantener y mejorar estos avances, siempre bajo el amparo del Estado, pensándolo como inversión para el desarrollo.
«Discutir el papel del Estado en la educación significa garantizar una educación de calidad, calendarios escolares completos y una escuela accesible para todos, y ese es el desafío de avanzar hacia el futuro sin retroceder en aspectos fundamentales. Creemos en un sistema democrático y federal que tiene valores arraigados y en constante evolución», concluyó el ministro.
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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