CABA
Para Sileoni, el Gobierno porteño busca «diferenciarse» al eliminar protocolos
El funcionario bonaerense cuestionó que «todavía la pandemia (de coronavirus) no terminó y la ciudad de Buenos Aires se adelanta con la decisión anunciada ayer
El director General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, Alberto Sileoni, consideró hoy que la decisión del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, de eliminar los protocolos para el regreso a clases es «un modo de instalar espectacularidades y de diferenciarse» del resto de las jurisdicciones.
«Me parece que lo que hace la CABA es un modo de instalar espectacularidades y de diferenciarse. Yo preferiría hacerlo en otro sentido, pero las características de la provincia y la Ciudad son muy similares. Las decisiones (entre uno y otro distrito) deberían ser en conjunto, como lo fueron en algún momento fueron», señaló el funcionario bonaerense en declaraciones a El Destape Radio.
En ese sentido, Sileoni cuestionó que «todavía la pandemia (de coronavirus) no terminó y la ciudad de Buenos Aires se adelanta con la decisión anunciada ayer», y recordó que «el próximo jueves hay una reunión del Consejo Federal de Salud (Cofesa) entre los ministros de Salud y Educación de Nación y de todas las jurisdicciones para trabajar en los lineamientos para este año que se inicia».
Ayer, el Gobierno porteño anunció que eliminará el sistema de burbujas y el aislamiento por contacto estrecho en las escuelas de la Ciudad, al tiempo que tampoco obligará a usar tapabocas a alumnos de hasta tercer grado inclusive.
Sileoni consideró que «la pandemia está en una etapa menos dura que las anteriores» y remarcó que el Gobierno bonaerense cree que «tiene que haber presencialidad y clases, porque es lo que pide la sociedad, pero las aulas tienen que ser cuidadas y fundamentalmente alentando a la vacunación de todos». Sostuvo que «este año tiene que haber clases, pero de manera cuidada», y añadió que desea «que las aulas exploten de pibes porque ahí hay un bien precioso a resguardar y la pandemia ha dejado un montón de pibes fuera del sistema».
El titular de la cartera educativa dijo «aún hay 60 mil estudiantes con una relación más distante y sabemos lo que hemos perdido por la falta de vínculo y lo queremos recuperar, pero no de cualquier manera sino vacunando y cuidando». Sostuvo que sólo el 51% de los chicos de 3 a 11 años tienen la segunda dosis contra el Covid-19 y si bien pidió que se sigan vacunando, rechazó que vaya a requerirse el pase sanitario en establecimientos educativos bonaerenses.
Luego, Sileoni se refirió a las negociaciones paritarias que comenzaron en enero y planteó que «durante años la provincia de Buenos Aires tuvo paritarias muy duras» pero ahora existe otro panorama con los gremios del sector.
«Comenzamos el diálogo con el Frente de Unidad Docente bonaerense y creo que va a terminar bien porque hay espíritu de las dos partes de llegar a un acuerdo. No esperamos un inicio de año con conflicto, sino todo lo contrario», confió.
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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