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Jorge Macri se jacta de los 555 desalojos realizados en CABA: “Si quieren okupar, vayan al Conurbano”

El jefe de Gobierno porteño recorrió un edificio del CONICET recuperado tras una usurpación y volvió a marcar diferencias con la gestión de Axel Kicillof en la Provincia. Exhibió material que vinculó al kirchnerismo y ratificó su línea de «tolerancia cero».

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★ El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, recorrió este jueves un edificio del CONICET que había sido recuperado tras permanecer ocupado ilegalmente. Durante la visita, difundió un video en el que ratificó su política de «tolerancia cero» a las usurpaciones y lanzó una frase dirigida al Conurbano bonaerense: «Si quieren okupar, vayan al Conurbano; acá no».

La recorrida incluyó la exhibición de carteles, banderas y material de propaganda política que, según el mandatario porteño, fueron hallados tras el desalojo y están vinculados a sectores del kirchnerismo. Con esta puesta en escena, Macri buscó reforzar su discurso de confrontación tanto con las organizaciones sociales que impulsan ocupaciones como con la gestión provincial que encabeza Axel Kicillof.

Un mensaje con destinatario político claro

La frase de Macri no fue casual. Apuntó directamente a establecer un contraste entre su gestión en la Ciudad de Buenos Aires y la de la Provincia, a la que acusa sistemáticamente de tener una «postura complaciente» ante las tomas de tierras y ocupaciones. El jefe de Gobierno porteño insiste en que «en la Ciudad la ley se cumple» y que no se permitirá que propiedades privadas o estatales permanezcan bajo dominio de ocupantes bajo ninguna justificación social.

Este discurso se enmarca en una estrategia política más amplia de diferenciación con el peronismo bonaerense, en un contexto donde las tomas de tierras y la crisis habitacional son temas centrales del debate público.

555 propiedades recuperadas, según cifras oficiales

Según datos difundidos por el Gobierno porteño, el inmueble del CONICET representa la propiedad número 555 recuperada en lo que va de la gestión de Jorge Macri. Entre los operativos de mayor impacto mencionados por la administración porteña figura el del predio de Parque Avellaneda, que era gestionado por cooperativas vinculadas al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

Sin embargo, el Gobierno de la Ciudad no brindó detalles sobre los procedimientos judiciales que respaldaron cada desalojo, ni sobre la situación de las personas que fueron desalojadas de estas propiedades. Tampoco especificó cuántas de estas recuperaciones involucraron edificios públicos, privados o en conflicto de dominio.

La criminalización de la protesta social

La exhibición de propaganda política vinculada al kirchnerismo durante la recorrida no es un gesto aislado. Forma parte de una narrativa que asocia las ocupaciones de inmuebles con sectores políticos específicos, algo que organizaciones de derechos humanos cuestionan como una forma de criminalizar la protesta social y la organización comunitaria.

En un contexto de crisis habitacional y aumento de la pobreza, muchas de estas ocupaciones responden a necesidades estructurales no resueltas por el Estado. La política de «tolerancia cero» impulsada por Macri, si bien se presenta como defensa de la legalidad, también plantea interrogantes sobre qué alternativas se ofrecen a quienes quedan sin vivienda tras los desalojos.

Puntos clave:

  • Jorge Macri recorrió un edificio del CONICET recuperado tras una ocupación ilegal y ratificó su política de «tolerancia cero»
  • El mandatario porteño lanzó la frase «Si quieren okupar, vayan al Conurbano» en clara alusión a la gestión de Axel Kicillof
  • Según cifras oficiales, se trata del inmueble número 555 recuperado por el Gobierno de la Ciudad
  • Durante la visita exhibió material de propaganda vinculado al kirchnerismo hallado en el edificio
  • La estrategia refuerza un discurso de confrontación política y diferenciación con la Provincia de Buenos Aires

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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