Política 📢
Tras los chats incriminadores, Bullrich negó vínculos con visita a represores en Ezeiza
La diputada libertaria Lourdes Arrieta acusó a Bullrich de haber autorizado la visita, lo que la ministra desmintió categóricamente.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, negó este lunes haber autorizado la visita de diputados libertarios a represores detenidos en el penal de Ezeiza. Bullrich calificó la información de «falsa de toda falsedad» y sostuvo que «nadie le dijo nada» sobre la incursión de los legisladores al centro penitenciario.
«Me enteré por los diarios»
Desde Rosario, donde se reunió con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, para analizar las cifras del delito en la ciudad, Bullrich afirmó: «Falso de toda falsedad, me enteré de la visita por los diarios». La ministra desmintió cualquier vinculación con el ingreso de los diputados al penal de Ezeiza, donde visitaron a exmilitares condenados por delitos de lesa humanidad.
Procedimientos del Servicio Penitenciario Federal
En sus declaraciones, Bullrich destacó que el Servicio Penitenciario Federal (SPF) actuó conforme a la ley de Ejecución de la Pena. Explicó que, de acuerdo con la normativa vigente, «un diputado puede entrar con aparatos para poder sacar fotos y registrar la situación». De este modo, el SPF cumplió con lo que establece la ley, sin necesidad de autorización ministerial específica.
Bullrich insistió en que «querer involucrar» al Servicio Penitenciario Federal y «aún más a mí, que nadie me llamó por teléfono ni me dijo nada, es una mentira total y absoluta».
Las acusaciones de la diputada Arrieta
La diputada libertaria Lourdes Arrieta, quien participó de la visita a Ezeiza, afirmó en chats difundidos durante el último fin de semana que Bullrich había sido la funcionaria que autorizó el ingreso al penal. Estas declaraciones generaron una controversia en torno al rol de la ministra en el episodio.
Ante estas acusaciones, Bullrich se distanció de cualquier responsabilidad y reiteró que no tuvo conocimiento previo ni dio ninguna autorización para la visita de los legisladores a los represores condenados.
Ciencia 🧬
Pagan insumos con su sueldo para diagnosticar a niños: la cara del cientificidio libertario
Investigadoras de la UBA y el Conicet desarrollan un análisis para detectar trastornos del neurodesarrollo en la infancia, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. El proyecto avanza, pero su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.
«Si esto sigue así, lamentablemente vamos a tener que cerrar». La advertencia no proviene de una pyme asfixiada por la recesión, sino de la directora de un laboratorio público que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Mientras la ciencia argentina produce avances con impacto directo en la salud de la infancia, el ajuste del Gobierno de Javier Milei la empuja al borde del cierre.
La investigación está a cargo de Verónica Báez, responsable del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia, y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet. El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias.
Un diagnóstico caro y a prueba y error
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas. Entre los más frecuentes figuran el TDAH, el trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual y los trastornos motores, del aprendizaje y del lenguaje.
La Argentina no cuenta con cifras oficiales sobre cuántos niños tienen condiciones del neurodesarrollo. Como referencia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que alrededor de uno de cada seis chicos de entre 3 y 17 años presenta algún trastorno de este tipo.
En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.
La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.
Cómo funciona el análisis
El eje del proyecto es la búsqueda de biomarcadores en sangre asociados a fallas en los receptores NMDA, proteínas clave en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad cerebral, que también están presentes en otras partes del cuerpo. «Vimos en ratas que a nivel del sistema nervioso central hay ciertas cosas que cambian cuando estos receptores NMDA fallan. Ahora vemos que en la sangre por ahí también fallan de la misma manera y podemos ver las mismas cosas», detalló Báez.
La prueba requeriría una muestra de apenas 5 mililitros de sangre. Aunque la presencia de estas proteínas en el torrente sanguíneo es mucho menor que en el cerebro, el equipo busca confirmar si su medición permite detectar y diagnosticar el trastorno. En esta etapa, el objetivo es establecer los valores normales en personas sanas para luego compararlos con muestras de niños con alguna condición del neurodesarrollo.
«Estamos sacando muestras de personas voluntarias, pero atrás de eso hay un proceso ético que se tiene que evaluar y el cual tiene que estar rigurosamente controlado», aclaró Martina Piñeiro, estudiante de Medicina e integrante del equipo.
Sin atajos: los plazos y el foco en la infancia
Báez fue prudente con los tiempos. «Estaría buenísimo poder dar esperanza e ir más rápido, pero no. Estamos lejos porque lo queremos hacer bien para que llegue lo mejor posible a la gente que lo necesita», sostuvo, y relató: «Es terrible cuando una familia nos escribe y nos dice ‘te presto a mi hijo para que lo metas en este ensayo'».
La investigadora explicó por qué el test apunta a los chicos y no a los adultos: el sistema nervioso activa mecanismos compensatorios cuando algo falla en su desarrollo, de modo que muchas personas con retrasos madurativos en la infancia llegan a la adultez sin signos evidentes. Por eso, la detección temprana es la ventana en la que el análisis puede cambiar el rumbo de un tratamiento.
Poner plata del sueldo para sostener el laboratorio
El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».
La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.
«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.
La otra fuga: los jóvenes que miran al exterior
El ajuste también pone en riesgo a la próxima generación de investigadores. Lucía Moreno, estudiante de Biotecnología e integrante del equipo, admitió que evalúa continuar su carrera fuera del país. «Es muy gratificante todo lo que se puede llegar a lograr, pero la situación de hoy en día también hace cuestionárselo más a fondo e intentar pensar si se puede subsistir y de qué forma«, dijo. Cada joven formada en la universidad pública que se va es una inversión del país que termina aprovechada por otros.
-
Transporte2 díasCortes en el tren este fin de semana: qué ramales de Mitre y Sarmiento no van a circular
-
Campeones ⭐️⭐️⭐️7 díasLa lista de Scaloni y el cierre de un ciclo: todo lo que confirmó la AFA para la despedida de Messi
-
El clima 🌤7 díasLa primavera arranca con alerta y vientos de 80 km: el SMN advierte que el lunes no habrá calma
-
Judiciales ⚖️6 díasMorena Rial va a audiencia en Córdoba: sin juicio pero sí otra instancia judicial
-
Geopolítica 🌎3 díasEn su viaje a Nueva York, Kicillof le dijo al mundo que el milagro de Milei no existe: “Es una catástrofe”
-
El clima 🌤7 díasLluvia y granizo en Santa Fe: se suspenden los Juegos Suramericanos
-
CABA5 díasEl exabrupto de Jorge Macri, pidió juicio político a la jueza De Marinis: “Esta sentencia está manchada de sangre”
-
CABA4 díasMacri le baja las patentes a la clase media porteña: quién paga menos y quién queda exento
