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Legislativo

Informe de Francos: se presentará en el Senado

El jefe de Gabinete reconoció que existen 330 vacantes en la Justicia nacional y federal, en un contexto de parálisis institucional y sin plazos definidos para completar las designaciones. La Corte Suprema continúa incompleta.

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Este jueves, el jefe de Gabinete Guillermo Francos presentará el Informe de Gestión N°143 ante el Senado de la Nación, en el marco de su tercera visita al Congreso desde que asumió el cargo. La instancia contempla la respuesta a 926 preguntas formuladas por legisladores de distintos bloques, y entre ellas, un dato crítico se destacó antes del inicio de la sesión: el 31,25% de los cargos judiciales están vacantes en el país.

La información se desprende del documento oficial entregado por el Ejecutivo a la Cámara alta, en el que Francos respondió —entre otras— una consulta del senador radical Maximiliano Abad respecto al estado de las designaciones en el Poder Judicial. Allí se confirmó que actualmente 330 cargos judiciales no están cubiertos, tanto en la Justicia nacional y federal de CABA como en las provincias.

Una Justicia paralizada por la falta de designaciones

Francos detalló en su respuesta que el Gobierno se encuentra “evaluando las ternas” remitidas por el Consejo de la Magistratura y el Ministerio Público Fiscal, pero reconoció que no existe un plazo legal específico para completar las designaciones. El compromiso del Ejecutivo, según dijo, es avanzar “a la mayor brevedad posible”.

El jefe de Gabinete intentó deslindar responsabilidades sobre los jueces subrogantes, al sostener que “la cantidad de cargos actualmente cubiertos por subrogantes constituye una potestad exclusiva del Poder Judicial”.

Sin embargo, la parálisis institucional se profundiza: según los cuadros entregados por el Ejecutivo, en la Justicia nacional con sede en CABA hay 178 vacantes sobre un total de 571 cargos; en la Justicia federal de la misma jurisdicción, 46 cargos vacíos de 159; y en el resto del país, 106 cargos sin cubrir de un total de 326.

Una Corte incompleta y un Senado inmóvil

La situación se agrava en el contexto de una Corte Suprema que funciona con dos miembros menos, tras las salidas de Elena Highton de Nolasco en 2021 y de Juan Carlos Maqueda en 2024. La discusión sobre su ampliación o eventual renovación permanece estancada en el Senado, en medio de un clima de polarización política y falta de acuerdos entre el oficialismo y la oposición.

Mientras tanto, la utilización de jueces subrogantes como respuesta provisoria se volvió regla en lugar de excepción, generando mayor inestabilidad en los procesos judiciales. La crítica desde diversos sectores apunta a que esta modalidad favorece el control indirecto del Poder Ejecutivo o de sectores del Consejo de la Magistratura, al mantener vacantes sensibles sin cobertura definitiva.

Sin presupuesto y sin jueces: el sistema bajo presión

El deterioro del sistema judicial argentino no se limita a las vacantes. En lo que va del año, el Poder Judicial sufrió recortes presupuestarios, restricciones salariales y congelamiento de partidas, en línea con la política de ajuste que impulsa el Gobierno nacional. La parálisis de concursos, las demoras en las designaciones y la judicialización de temas clave (como la causa Vialidad o la Ley Bases) se producen en un escenario de creciente deslegitimación institucional.

El retraso en las designaciones también pone en riesgo el acceso a la justicia en varias jurisdicciones, con juzgados colapsados, causas paralizadas y demoras procesales crecientes, especialmente en el interior del país.

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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