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«Voltear el presupuesto no era una opción» dijo la Coalición Cívica

El bloque de Juntos por el Cambio que lidera Elisa Carrió había sostenido originalmente la abstención.

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En una fuerte crítica hacia el interior de Juntos por el Cambio, la Coalición Cívica (CC) sostuvo hoy que «voltear el Presupuesto no era una opción» y cuestionó la ausencia de una «posición más inteligente y responsable» dentro de ese frente, luego del rechazo en la Cámara de Diputados de los diez bloques opositores que se abroquelaron en contra del proyecto presentado por el Gobierno nacional.

«Para la Coalición Cívica voltear el Presupuesto no era una opción. Entendemos que la tensión y la insensatez del oficialismo puede haber encerrado a Juntos por el Cambio pero necesitábamos aplomo para tener una posición más inteligente y responsable», sostuvo la CC en un comunicado de prensa difundido esta mañana.

La Cámara de Diputados rechazó ayer el proyecto de Presupuesto 2022 del Poder Ejecutivo, en el marco de una sesión que se extendió durante más de 20 horas, con fuertes contrapuntos, en la que la oposición de JxC, a contramano de un consenso que se había logrado construir para que la iniciativa volviera a comisión, reunió 132 votos contra 121 reunidos por el oficialismo y aliados, y una abstención.

Tras el rechazo en Diputados, el Gobierno nacional anunció ayer su decisión de prorrogar el Presupuesto vigente, mientras el ministro de Economía, Martín Guzmán, acusó a la oposición de haber actuado con «una falta de responsabilidad colectiva que crea incertidumbres cuando lo que necesitamos es seguir construyendo certezas».

En el comunicado difundido esta mañana, la CC -que integra junto al PRO y a la UCR la coalición opositora- sostuvo que «la incapacidad del oficialismo para entender que para gobernar cuando se está en minoría se debe ceder fue determinante». Añadió que «durante toda la jornada del debate presupuestario trabajamos y agotamos todas las instancias posibles para que el proyecto vuelva a la comisión y no para rechazarlo como finalmente ocurrió. Ahora el Congreso no podrá tratar un nuevo presupuesto hasta el 1° de marzo, porque lo impide nuestra Constitución Nacional».

«durante toda la jornada del debate presupuestario trabajamos y agotamos todas las instancias posibles para que el proyecto vuelva a la comisión y no para rechazarlo como finalmente ocurrió» -dice el comunicado

«Entendemos que la tensión y la insensatez del oficialismo puede haber encerrado a Juntos por el Cambio pero necesitábamos aplomo para tener una posición más inteligente y responsable», agregó el partido fundado por Elisa Carrió. En este sentido, reclamó que «el Poder Ejecutivo tenga la mínima sensatez» porque, agregó: «No vamos a boicotear un acuerdo con el FMI porque la Argentina no resiste más inestabilidad económica».

«Por el bien de todos los argentinos y en medio de tanta irresponsabilidad, es alentador que se haya tenido una buena reunión con la titular del Fondo Monetario. El oficialismo tiene que poder asimilar que es minoría en el Congreso de la Nación y que los argentinos votaron un límite, y que el diálogo debe ser sin trampas ni mentiras», concluyó el comunicado difundido hoy.

Ayer, poco después de la votación que definió el rechazo, el ministro de Economía, Martín Guzmán, acusó a la oposición de haber actuado con «una falta de responsabilidad colectiva que crea incertidumbres cuando lo que necesitamos es seguir construyendo certezas» .

En ese contexto, adelantó que «el Presidente hará uso de la ley 24.156 para prorrogar el Presupuesto vigente y administrar los recursos de modo que el 2022 sea otro año de recuperación, con más capital público, educación, salud y conocimiento, y que podamos avanzar sobre una senda de progreso duradero». El ministro enfatizó que el Gobierno trabaja «para menguar el daño que significa ‘voltear’ (tal como dijo un diputado opositor) el proyecto de ley».

En su debut con la nueva composición del Congreso, los diez bloques de JxC en la Cámara de Diputados se abroquelaron en el rechazo al Presupuesto 2022 y empujaron tres votaciones en el recinto en las que junto a otros espacios se impusieron al oficialismo, aunque lograr una posición unificada les significó fuertes debates internos mientras que el rechazo al proyecto que fija ingresos y recursos de la administración pública les valió ser cuestionados por «irresponsabilidad» institucional.

Para JxC no fue fácil aunar criterios a lo largo de la jornada de ayer, sobre todo por la nueva composición del interbloque que ahora integran 116 diputados y está atomizado en diez bloques diferentes, cinco más que los que la conformaban hasta el 9 de diciembre.

La posición de dar quórum para la sesión de presupuesto tuvo algunas voces en contra, como la del monobloquista Ricardo López Murphy; y la decisión final de votar en contra de la iniciativa tuvo la resistencia original de la Coalición Cívica, que hasta avanzado el debate en comisión planteaba la conveniencia de abstenerse. Con este panorama, JxC enfrentará el próximo martes su primera prueba de fuego en el rol de reunir el quórum: deberá ratificar el apoyo de aliados para tratar en el recinto un proyecto sobre Bienes Personales.

A ese escenario llega con una cuestión irresuelta, que en los últimos días preocupó a muchos de sus integrantes: la falta de un jefe del interbloque que cumpla la función de sintetizar todas las voces, función que el radical Mario Negri cumplió en los hechos durante esta etapa, más allá del veto de la línea interna de UCR Evolución que pesa sobre él.

Fuentes parlamentarias señalaron que, de cara al 2022, la idea de la principal bancada opositora será «continuar marcando sus diferencias con el Frente de Todos pero apelando a la responsabilidad de Gobierno, por haber estado oportunamente a cargo del Ejecutivo y por la expectativa de volver a ese lugar en 2023».

En tanto, con la elección del gobernador de Jujuy, Gerardo Morales como nuevo presidente del comité nacional de la UCR, el centenario partido inicia una nueva etapa con el triunfo de un ala dura que intentará dar pelea interna en Juntos por el Cambio -con sus socios del PRO y la Coalición Cívica- y que tratará de colocar a un candidato presidencial «boina blanca» en la carrera hacia 2023. La llegada de Morales al Comité Nacional fue posible luego de haber consensuado una lista de unidad, o al menos integrada, con el sector referenciado en Martín Lousteau, a pesar de la dura batalla interna en el partido.

La semana que comienza también marcará un nuevo escenario que promete fricciones en la interna de Juntos por el Cambio cuando se realice -el próximo miércoles 22 de diciembre- la postergada reunión de la Mesa Nacional del espacio que al parecer sufrirá importantes cambios entre sus integrantes.

La nueva Mesa reflejará los nuevos liderazgos surgidos de la elección legislativa y sobre todo tendrá una impronta más federal, reclamada por dirigentes que fueron clave para la victoria opositora: la santafesina Carolina Losada, los cordobeses Rodrigo de Loredo, Luis Juez y el entrerriano Rogelio Frigerio, entre otros.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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