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Consumo a los 8 años y apuestas en el celular: el mapa de la crisis en las infancias que el ajuste profundiza

Un informe de la UTEP revela que en los barrios populares niñas y niños de apenas 8 y 9 años ya inician consumos problemáticos de sustancias. En simultáneo, el 60% de los adolescentes tiene exposición directa o indirecta a las apuestas online, mientras el Estado nacional reduce al mínimo su presencia en salud mental y programas sociales.

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El Argentino Diario-Personas en situación de calle.
Niños de 8 años y consumo problemático: lo que produce el ajuste que el gobierno llama "éxito".

En los barrios más vulnerables de la Argentina, el consumo problemático de sustancias llegó a los 8 años. No es una metáfora ni una advertencia futura: es el presente documentado por los equipos de las Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) que trabajan en territorio, quienes registran casos en niñas y niños de 8 y 9 años, muy por debajo de los 13 y 14 años que marcan los estudios nacionales como edad de inicio.

El dato surge del informe elaborado por la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), organización que agrupa a trabajadores de la economía informal y popular. El documento, que recoge la experiencia directa de los dispositivos territoriales de la organización, traza un mapa de la crisis social que golpea a las infancias en el marco del ajuste económico impuesto por el gobierno de Javier Milei: emergencia alimentaria, desfinanciamiento de la salud mental, paralización de programas sociales y auge descontrolado de las apuestas en línea.

El sufrimiento que se produce en los barrios

El informe de la UTEP plantea que el consumo problemático no es una elección individual sino el resultado de un contexto social que genera exclusión, incertidumbre y pérdida de proyectos de vida. «El sufrimiento psíquico no nace únicamente de condiciones individuales, sino también de contextos sociales que generan incertidumbre, exclusión y pérdida de proyectos de vida», advierte el documento. Los trastornos relacionados con el consumo de sustancias afectan aproximadamente al 10% de la población total, con un inicio cada vez más temprano.

El 54% de la población relevada por la UTEP presenta consumo problemático de sustancias. Dentro de ese grupo, un 45,3% señaló que el consumo se agravó luego de encontrarse en situación de calle, lo que invierte la causalidad que suele instalar el sentido común: en muchos casos el consumo es la consecuencia de la exclusión, no su causa. Estos datos se suman a los de la Fundación para el Desarrollo Humano Integral, que en 2026 refuerza el diagnóstico sobre el vínculo entre pobreza y consumo.

El desfinanciamiento del Estado agrava directamente este cuadro. La inversión pública en salud mental en la Argentina se mantiene entre el 1,4% y el 1,8% del presupuesto total, una cifra que representa entre cinco y siete veces menos de lo que establece como piso la Ley Nacional de Salud Mental, que fija el 10%. Los recortes acumulados bajo la gestión libertaria en programas sociales alcanzan el 61%, según cifras que el propio foro Economía y Trabajo documentó en un informe publicado en mayo de 2026.

Una generación ante el casino en el bolsillo

Al fenómeno del consumo temprano se suma otra crisis que crece en silencio: la expansión sin control de las apuestas en línea entre niños, adolescentes y jóvenes. El informe de la UTEP describe una dinámica impulsada por la publicidad deportiva masiva, el acceso ilimitado desde teléfonos celulares y billeteras virtuales, y la ausencia de regulación efectiva. «Cada celular se ha convertido en un casino portátil», sintetiza el documento.

El 60% de los adolescentes tiene exposición directa o indirecta a las apuestas online. El 16% participa activamente. El 79% de ese universo reconoce el riesgo de desarrollar una adicción, pero un 12% ya se encuentra endeudado. La magnitud del fenómeno quedó en evidencia durante el Mundial 2026: la Ciudad de Buenos Aires registró un incremento del 80% en el volumen de dinero apostado, un aumento del 21% en usuarios activos (cerca de 200.000 personas) y un salto en los depósitos diarios en plataformas legales, que pasaron de un promedio de 1.400 millones de pesos a 2.600 millones de pesos, un 85,7% más.

Sin embargo, esas cifras corresponden únicamente al circuito formal bajo licencia, que convive con un mercado ilegal de proporciones desconocidas. Plataformas sin autorización, radicadas en paraísos fiscales como Curazao o Malta, operan a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Telegram, organizadas en redes piramidales que reclutan a personas, en muchos casos mujeres y menores de edad, para desempeñarse como «cajeras»: reciben dinero, intermedian en la asignación de fichas y ponen a disposición sus identidades y cuentas virtuales. Estos datos fueron presentados en un estudio que llegó al Vaticano.

En ese circuito ilegal opera también la figura del prestamista informal, que otorga créditos sin requisitos pero bajo intereses usurarios y métodos de cobro violentos. El informe advierte que este esquema «empuja en los barrios más vulnerables a jóvenes endeudados a vincularse con redes delictivas o del narcotráfico para saldar sus deudas», configurando una cadena que convierte la ludopatía en una puerta de entrada a la violencia organizada.

Los suicidios, en el nivel más alto en años

La crisis no se agota en el consumo y las apuestas. En 2025 se registraron 5.209 suicidios en Argentina, con una tasa de 11,8 por cada 100.000 habitantes, la más elevada de los últimos años. «Hoy adolescentes y jóvenes continúan siendo el grupo de mayor vulnerabilidad», advierte el informe de la UTEP. El dato sitúa la salud mental de las juventudes en el centro de una emergencia que el Estado nacional atiende con recursos absolutamente insuficientes, mientras el ajuste fiscal reduce el gasto primario en niveles que no tienen precedentes recientes.

El fenómeno también se expande en paralelo a nuevas vulnerabilidades digitales como el grooming y el ciberacoso, que se suman a la presión que el entorno digital ejerce sobre niñas, niños y adolescentes en situación de precariedad. La intersección entre pobreza, conectividad sin regulación y ausencia del Estado configura, según la UTEP, un escenario de emergencia que requiere respuestas urgentes que el gobierno libertario no está ofreciendo.

Lo que tenés que saber

  • Las CAAC de la UTEP registran inicio de consumo problemático de sustancias en niñas y niños de 8 y 9 años, muy por debajo del promedio nacional de 13 y 14 años.
  • El 54% de la población relevada por la UTEP presenta consumo problemático, y el 45,3% lo agravó al quedar en situación de calle.
  • La inversión pública en salud mental representa entre el 1,4% y el 1,8% del presupuesto, frente al 10% que establece la Ley Nacional de Salud Mental.
  • El 60% de los adolescentes tiene exposición a apuestas online; el 12% ya está endeudado por esa causa.
  • En 2025 se registraron 5.209 suicidios, con una tasa de 11,8 por cada 100.000 habitantes, el índice más alto de los últimos años.

Salud 🩺

En diez años, Argentina perdió 364.000 nacimientos anuales: qué hay detrás del derrumbe demográfico

En 2014 nacían 2.128 bebés por día en Argentina; en 2024 fueron apenas 1.131. Según las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud, el país registró su mínimo histórico de nacimientos, con una tasa de fecundidad de 1,23 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo. La crisis económica, el ajuste y la ausencia de políticas de cuidado configuran un escenario que ya empieza a sentirse en las aulas, los hospitales y el sistema previsional.

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Ajuste y sin hijos: la natalidad en mínimos históricos expone el costo social del modelo libertario.

En 2024, en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires, murieron más personas de las que nacieron. No es un dato anecdótico: es la señal más contundente de una transformación demográfica que lleva una década acelerándose y que el Estado nacional observa sin un plan claro de respuesta. Mientras el gobierno de Javier Milei recorta el gasto social, desmantela programas y celebra el equilibrio fiscal, la Argentina está, literalmente, dejando de nacer.

Los datos surgen del informe «Estadísticas Vitales» elaborado por la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, con base en los certificados de nacimiento registrados en todo el país. En 2014 nacieron 777.012 bebés. En 2024, esa cifra cayó a 413.135, lo que representa una baja de 363.877 nacimientos anuales, equivalente al 46,83%. En paralelo, las defunciones pasaron de 325.539 a 376.405 en el mismo período. El crecimiento vegetativo, la diferencia entre nacidos vivos y fallecidos, alcanzó su mínimo histórico: apenas 36.730 personas.

Una revolución silenciosa que lleva diez años

Los especialistas Rafael Rofman y Carola della Paolera, del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), describieron el fenómeno como una «revolución demográfica»: en una sola década, la fecundidad en Argentina cayó más que en los sesenta años previos combinados. La tasa global de fecundidad se desplomó a un mínimo histórico de 1,23 hijos por mujer en 2024, según datos de CIPPEC, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional, que se ubica en 2,1. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ubica a la Argentina en torno a 1,2 hijos por mujer, cifra que la acerca a países europeos con décadas de envejecimiento acelerado.

La DEIS reconoció ante una consulta periodística que «el marcado descenso de la natalidad desde el año 2015 a 2024 es un fenómeno demográfico relevante, que se ha dado en forma global en la región», y remitió al informe «Observatorio Demográfico, 2025. América Latina y el Caribe ante la baja fecundidad: tendencias y dinámicas emergentes», elaborado por la CEPAL. Sin embargo, el organismo aclaró que no cuenta con estudios propios que expliquen «los motivos de la caída», una admisión que, en sí misma, habla del estado de la planificación pública en materia demográfica.

Multicausal, pero con un denominador común: la inseguridad

El descenso no responde a una sola causa. Los especialistas coinciden en que el fenómeno combina factores de largo plazo, como la transición demográfica global, el mayor acceso a la salud reproductiva y la caída sostenida del embarazo adolescente, con factores de corto plazo que lo aceleraron. Rafael Rofman, doctor en demografía e investigador principal de CIPPEC, señaló que «en el corto plazo esto se aceleró, en los últimos 10 años se aceleró mucho, y eso fue fundamentalmente por un cambio cultural con una nueva generación de jóvenes más empoderados, más decididos a tomar decisiones sobre su fecundidad y menos dispuestos a aceptar mandatos históricos».

Pero el cambio cultural no opera en el vacío. La primera encuesta de intenciones reproductivas realizada en Argentina determinó que la distancia entre los hijos deseados y los efectivamente tenidos no responde a una causa única, sino a la interacción entre la postergación de la maternidad y la paternidad, la inseguridad económica y laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, las desigualdades en la distribución de los cuidados y las limitaciones a la autonomía reproductiva. En términos concretos: muchas personas quieren tener hijos y no pueden sostenerse haciéndolo.

Los datos del INDEC de septiembre de 2025 ilustran la magnitud del obstáculo económico: criar un niño menor de un año cuesta en promedio $436.988 mensuales; entre 1 y 3 años, $519.193; y entre 6 y 12 años, $548.636. Esos números hay que leerlos en el contexto del ajuste libertario, que recortó los programas sociales un 61% en términos reales desde 2023 y redujo el gasto de capital un 86%, destruyendo la capacidad del Estado de acompañar decisiones reproductivas con infraestructura de cuidado.

El ajuste Milei como acelerador de un problema estructural

Lejos de ser un fenómeno exclusivamente cultural, el descenso de la natalidad se profundiza en un contexto de precarización laboral y retiro del Estado. Con una informalidad laboral del 43,2% según datos del INDEC del segundo trimestre de 2025, y un poder adquisitivo que no logró recuperar los niveles previos al shock devaluatorio de diciembre de 2023, la maternidad dejó de ser una decisión libre para convertirse en un proyecto condicionado por la capacidad de cada familia de financiar lo que el Estado ya no garantiza.

Gala Díaz Langou, directora ejecutiva de CIPPEC, advirtió que «esto no se da igual en todas las clases sociales. Los hogares más pobres siguen siendo más extensos y con más niños, generalmente con mujeres a la cabeza y a cargo de las tareas domésticas y de cuidado». La caída de la fecundidad entre los sectores más vulnerables, impulsada principalmente por la reducción de los embarazos adolescentes no planificados, es en parte un avance en términos de derechos; pero la imposibilidad de concretar proyectos reproductivos deseados en los sectores medios y bajos por razones económicas es, sin ambigüedad, una consecuencia del ajuste.

Las consecuencias ya llegaron: escuelas, hospitales y jubilaciones

El impacto de la caída de la natalidad no es un problema del futuro: ya está presente. En los últimos diez años, la población de 3 a 5 años disminuyó un 31%, lo que anticipa una reducción sostenida de la matrícula escolar en todo el país. Según el informe de Estadísticas Vitales, en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires las defunciones ya superaron a los nacimientos, dos distritos que concentran la mayor parte de la actividad económica y el sistema de salud del país.

El sistema previsional enfrenta la amenaza más estructural. Hoy hay apenas 12.845.000 trabajadores activos que aportan al sistema, según datos del INDEC para el segundo trimestre de 2025, mientras la informalidad sigue en niveles altísimos. Manuel Mera, director de Protección Social de CIPPEC, advirtió que, además del factor económico, la reducción en la cantidad de hijos responde a un cambio cultural; pero con menos ingresantes al sistema y una mayor proporción de adultos mayores, la sustentabilidad del sistema jubilatorio está en crisis. La masa de recursos destinada al pago de jubilaciones y pensiones ya representa el 46% del gasto primario total en el Presupuesto 2026, según el propio proyecto enviado por el Ejecutivo al Congreso.

El descenso de la natalidad es un fenómeno global: más de la mitad de los países del mundo presenta tasas inferiores al nivel de reemplazo, según la revisión 2024 de World Population Prospects elaborada por Naciones Unidas. Pero la velocidad y profundidad de la caída argentina, la más pronunciada de América Latina en la última década, no se explica solo con variables demográficas universales. Se explica también con un Estado que recortó el 61% de sus programas sociales, que tiene una informalidad laboral del 43%, que no construyó una red de cuidados digna y que, bajo la gestión actual, desmanteló lo poco que había.

Lo que tenés que saber

  • En 2024 nacieron 413.135 bebés en Argentina, frente a 777.012 en 2014: una caída del 46,83% en diez años, según las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud.
  • La tasa de fecundidad cayó a un mínimo histórico de 1,23 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1, según CIPPEC.
  • En la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires las defunciones ya superaron a los nacimientos por primera vez en la historia estadística del país.
  • El costo de criar un niño de entre 6 y 12 años supera los $548.000 mensuales, según el INDEC, en un contexto de recorte del 61% en programas sociales desde 2023.
  • La caída de la natalidad ya impacta en la matrícula escolar, el sistema de salud y la sustentabilidad del sistema previsional, con apenas 12.845.000 trabajadores activos aportando frente a una informalidad laboral del 43,2%.
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