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Adorni dijo que pagó todo de su bolsillo: el Banco Central muestra otra película

Datos del Banco Central revelan que en enero el stock de deuda de Adorni superó los 9,3 millones de pesos, más del doble de su salario mensual como jefe de Gabinete. El saldo adeudado de su esposa con el Banco Galicia superó los 8 millones. Los números se suman al escándalo por el vuelo en el ARG-01 y profundizan las preguntas sin respuesta.

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★ El escándalo por el viaje de Bettina Angeletti en el avión presidencial ARG-01 sumó un nuevo capítulo con datos concretos y verificables: según información de la Central de Deudores del Sistema Financiero del Banco Central de la República Argentina (BCRA), organismo de primera línea de confiabilidad, el stock de deuda del jefe de Gabinete Manuel Adorni correspondiente a enero de 2026 superó los 9.350.000 pesos. El dato contrasta con el salario aproximado del funcionario, que ronda los 3.500.000 pesos mensuales, menos de la mitad de ese monto.

Qué dice el Banco Central

La Central de Deudores del BCRA registra el total de lo que una persona tiene adeudado con entidades financieras, incluyendo tarjetas de crédito, créditos personales, prendarios, hipotecarios y adelantos de cuentas bancarias. No se trata de una fuente extraoficial ni de versiones periodísticas: es un registro oficial y público del organismo monetario nacional.

En el caso de Angeletti, los datos del BCRA indican que en enero su saldo adeudado con el Banco Galicia superó los 8.000.000 de pesos, un monto que, según surge del material de base de esta nota, correspondería en gran medida a consumos con tarjeta de crédito. La aclaración es pertinente: los registros del BCRA reflejan el stock de deuda, no necesariamente un incumplimiento de pago; una persona puede tener ese saldo como consumo financiado dentro de los plazos normales. Sin embargo, la magnitud de las cifras en relación con los ingresos declarados del funcionario instala una pregunta legítima que, hasta el momento, no fue respondida con documentación verificable.

El relato de Adorni que no cierra con los números

Durante cinco días consecutivos, Adorni sostuvo públicamente que el viaje de su esposa a Nueva York no tuvo «un costo adicional» para el Estado y que todos los gastos de Angeletti en el exterior fueron afrontados de manera personal. Esas afirmaciones, formuladas el martes en una entrevista en el canal A24, siguen sin contar con respaldo documental verificable independiente, tal como informó este medio desde el inicio de la cobertura.

Los datos del BCRA no prueban por sí solos una irregularidad, pero sí añaden una capa de opacidad al relato oficial: si el sueldo mensual del jefe de Gabinete ronda los 3.500.000 pesos y su stock de deuda financiera en enero casi triplicó ese monto, la afirmación de que los gastos del viaje a Nueva York, incluyendo hotel, traslados y estadía en una de las ciudades más caras del mundo, fueron solventados con recursos propios requiere una explicación patrimonial que el funcionario aún no brindó.

Más funcionarios con parejas en el viaje

Como dato adicional que amplía el escándalo más allá de Adorni, el material de base de esta nota indica que surgió información según la cual el jefe de Gabinete no sería el único funcionario que viajó con su pareja en el marco del «Argentina Week» en Nueva York. Esta información no fue confirmada de manera oficial al cierre de esta edición, por lo que debe ser tratada como una versión extraoficial que se investiga.

Una semana de contradicciones acumuladas

Como informó este medio en detalle a lo largo de la semana, el caso Adorni acumula contradicciones que el Gobierno no logró neutralizar. La propia Jefatura de Gabinete aprobó hace menos de diez días una norma que restringe las comitivas oficiales al exterior a un máximo de un funcionario por evento. El Gobierno de Milei dictó en agosto de 2024 un decreto que prohibió expresamente el uso de aeronaves oficiales para trasladar familiares de funcionarios, medida que el propio Adorni celebró públicamente. La bancada de Unión por la Patria (UxP) presentó un pedido de interpelación ante la Cámara de Diputados y evalúa una moción de censura. El diputado socialista Esteban Paulón solicitó información sobre la partida presupuestaria afectada y los eventuales conflictos de interés.

El presidente Javier Milei salió a defender a Adorni en redes invocando el concepto de «costo marginal», argumento que no respondió a ninguna de esas preguntas institucionales. Y la vicepresidenta Victoria Villarruel, que durante la semana marcó distancia del Ejecutivo a través de publicaciones irónicas sobre el viaje, presentó el jueves una denuncia penal contra el diputado Luis Petri en Comodoro Py (expediente CFP 985/2026), en el marco de la interna que fragmenta al espacio libertario desde adentro.

Puntos clave:

• Según la Central de Deudores del BCRA, el stock de deuda financiera de Adorni en enero superó los 9.350.000 pesos, casi el triple de su salario mensual de aproximadamente 3.500.000 pesos.
• El saldo adeudado de Angeletti con el Banco Galicia en enero superó los 8.000.000 de pesos, en gran medida por consumos con tarjeta de crédito, según el material de base.
• Los registros del BCRA son públicos y oficiales; reflejan stock de deuda, no necesariamente incumplimiento de pago, pero la magnitud frente a los ingresos declarados requiere explicación patrimonial.
• Surgió de manera extraoficial que Adorni no sería el único funcionario que viajó con su pareja en el «Argentina Week»; la información no fue confirmada oficialmente al cierre de esta edición.
• Las afirmaciones de Adorni sobre el costo cero para el Estado siguen sin respaldo documental verificable independiente después de cinco días de polémica. ★

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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