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Política 📢

Reculó: Milei canceló el viaje y alegó cuestiones climáticas

Con solo dos gobernadores confirmados, el presidente eligió evitar otro papelon patrio.

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Javier Milei suspendió su viaje a Tucumán donde tenía previsto encabezar la vigilia por el 9 de Julio. Según informó Casa Rosada, el mandatario no pudo viajar por “condiciones meteorológicas adversas” que impidieron el vuelo desde Buenos Aires hasta San Miguel de Tucumán. “La razón de la decisión radica en los informes recibidos por Casa Militar y Fuerza Aérea Argentina”, explicaron en un comunicado.

La niebla que cubrió el Área Metropolitana durante el miércoles provocó demoras y cancelaciones en Aeroparque, donde al menos 17 vuelos fueron redirigidos. Sin embargo, la explicación técnica no logró disipar las sospechas de un trasfondo político: la relación entre el Ejecutivo nacional y los gobernadores está atravesando su punto más crítico desde el inicio de la gestión libertaria.

Una vigilia blindada y sin pueblo

El cronograma oficial preveía que Milei aterrizara en Tucumán entre las 22 y las 22:30. Desde el aeropuerto Benjamín Matienzo iba a ser trasladado en helicóptero hasta las inmediaciones del Parque 9 de Julio y luego, por tierra, al Museo Casa Histórica, donde se realizaría el acto principal.

Como en junio, cuando el presidente también evitó asistir al homenaje a la bandera en Rosario, el evento en Tucumán iba a tener formato cerrado: sin público, sin medios y sin discurso. Solo una breve cadena nacional a medianoche, con la firma del libro histórico y la entonación del Himno Nacional. Todo en menos de una hora.

Para garantizar ese operativo, se había montado un esquema de tres anillos de seguridad —dos a cargo de fuerzas federales y uno de la provincia—, y un vallado estricto que impedía la circulación de ciudadanos en el perímetro.

Gobernadores incómodos y un mensaje ausente

La convocatoria presidencial ya había generado malestar entre las provincias. Hasta el martes por la tarde, solo dos gobernadores habían confirmado asistencia: el anfitrión Osvaldo Jaldo y el catamarqueño Raúl Jalil. El resto optó por el silencio o directamente se desmarcó, en señal de protesta por los recortes de fondos y la falta de diálogo con la Casa Rosada.

La ausencia del Presidente en Rosario el 20 de junio había encendido alarmas. La del 9 de julio en Tucumán reavivó el conflicto. “Tucumán, el 9 de Julio, es la capital de la República Argentina y el Presidente tiene que dar el mensaje desde acá. No hay nada más importante”, reclamó días atrás Jaldo, con una frase que fue interpretada como una crítica directa al gobierno nacional.

La tensión se agrava en un contexto en que varias provincias denuncian desfinanciamiento y abandono del federalismo fiscal. Las transferencias discrecionales se desplomaron, las obras públicas están paralizadas y el Gobierno central acumula meses sin habilitar instancias formales de negociación.

Tucumán celebrará igual, con o sin Milei

Pese a la cancelación del acto oficial, la provincia seguirá con su propio cronograma de actividades patrias. A las 9.30 se realizará el tradicional izamiento de la bandera y un chocolate popular. Luego, a las 11, se celebrará el Tedeum en la Catedral, con una homilía que se espera crítica frente al clima político nacional.

Desde las 13, las calles tucumanas recibirán un desfile cívico-militar y, por la noche, tendrá lugar el Festival de la Independencia, organizado por la gobernación local.

En la Casa Histórica, donde en 1816 se firmó la independencia argentina, no habrá esta vez ni mensaje presidencial ni público presente. Un 9 de Julio con sabor amargo para una república que celebra con distancia institucional y creciente malestar federal.

Dólar 💵

El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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