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Geopolítica 🌎

EEUU refuerza el cerco naval y captura otro petrolero en el Caribe

Con la captura de un tercer petrolero en una semana, Washington consolida una estrategia de control militar sobre las rutas energéticas vinculadas a Venezuela, en una escalada que erosiona el derecho internacional y reaviva la lógica imperial en América Latina.

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La escalada militar de Estados Unidos en altamar sumó este jueves un nuevo episodio de alto voltaje geopolítico. En una operación coordinada entre infantes de marina, el Comando Sur y el Departamento de Seguridad Nacional, Washington capturó el buque petrolero Olina en el mar Caribe, el tercero interceptado en lo que va de la semana y uno más dentro de una ofensiva que ya despierta alertas por su legalidad internacional y su impacto regional.

El abordaje fue presentado oficialmente como parte de la Operación Southern Spear, una misión que, según el discurso del Pentágono, busca “poner fin a actividades ilícitas y restaurar la seguridad en el hemisferio occidental”. Sin embargo, detrás de esa formulación genérica se consolida un bloqueo de facto sobre rutas energéticas estratégicas, con Venezuela como principal objetivo, pero con derivaciones que involucran a Irán, Rusia y, cada vez más, a América Latina.

Un cerco que se expande

El Olina se suma a una seguidilla de capturas que marcaron las últimas semanas. Días atrás, EEUU interceptó un petrolero ruso en el Atlántico Norte tras una persecución de más de dos semanas, un episodio que incluyó el envío de un submarino por parte de Moscú para escoltar la nave, elevando la tensión a niveles inéditos desde el fin de la Guerra Fría.

Ese buque, que históricamente transportaba crudo venezolano, había partido desde Irán rumbo a Venezuela y habría intentado evadir las sanciones estadounidenses operando cerca de aguas venezolanas. Según información difundida por Washington, la nave cambió de nombre y bandera en pleno trayecto, pasando de llamarse Bella 1 a Marinera y sustituyendo la bandera de Guyana por la de Rusia, una práctica habitual en el comercio energético bajo sanciones.

A ese episodio se sumó luego la captura de un segundo petrolero en el Caribe, hasta desembocar ahora en el abordaje del Olina. El mensaje es claro: Estados Unidos decidió intensificar el control militar sobre el tráfico petrolero en aguas internacionales, sin mediación de organismos multilaterales y bajo una interpretación expansiva de su propia política de sanciones.

Seguridad hemisférica o poder sin contrapesos

Desde el Comando Sur insisten en que estas operaciones envían “un mensaje inequívoco: no hay refugio para los criminales”. El problema es que la noción de “criminalidad” queda definida de manera unilateral por Washington, sin resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU ni consensos regionales que respalden este tipo de abordajes.

Especialistas en derecho internacional advierten que la captura de buques en altamar, fuera de escenarios de guerra declarada, roza la ilegalidad y abre un precedente peligroso: la normalización del uso de la fuerza para hacer cumplir sanciones económicas impuestas de forma unilateral.

En América Latina, el despliegue no pasa desapercibido. La región, históricamente considerada “patio trasero” por la doctrina estadounidense, vuelve a quedar atrapada en una lógica de militarización del comercio y disciplinamiento geopolítico, en un contexto donde la disputa por la energía y las rutas marítimas se volvió central.

Energía, sanciones y geopolítica dura

La ofensiva naval se inscribe en un tablero global marcado por la guerra económica, la fragmentación del orden internacional y el debilitamiento de los organismos multilaterales. Estados Unidos no solo busca asfixiar financieramente al gobierno venezolano, sino también enviar señales a Rusia, Irán y China sobre su capacidad de controlar puntos clave del comercio energético global.

Pero el costo de esta estrategia no es menor. Cada captura eleva el riesgo de incidentes militares, erosiona el derecho internacional y profundiza la lógica de bloques, en un mundo ya tensionado por conflictos abiertos y guerras híbridas.

Mientras tanto, bajo el eufemismo de “restaurar la seguridad”, la militarización del mar avanza sin frenos, dejando una pregunta incómoda flotando en aguas caribeñas:

¿hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos para sostener su poder en un orden global que ya no le responde como antes?

Actualidad

Zelenski levantó la tregua energética: Ucrania volvió a atacar refinerías rusas

Tras tres días de pausa pedida por Donald Trump, Kiev atacó una refinería en Riazán. Zelenski acusó a Moscú de seguir golpeando la red eléctrica ucraniana y advirtió que no aceptará “acuerdos sobre el diésel”.

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Volodímir Zelenski habla en una conferencia de prensa en la sede del Consejo Europeo en Bruselas

Ucrania levantó la pausa sobre los ataques a refinerías rusas y volvió a golpear la industria petrolera de Moscú, tres días después de haberla suspendido a pedido de Donald Trump. Volodímir Zelenski anunció la decisión el jueves 15 de octubre, con el argumento de que Rusia no respetó la llamada tregua energética y siguió atacando la infraestructura eléctrica ucraniana.

“El bloqueo se terminó. Se acabó”, dijo el presidente ucraniano en una entrevista con un medio especializado en economía. Según su relato, la orden a los militares llegó el miércoles a la noche, después de nuevos ataques rusos, entre ellos uno con víctimas civiles en Lutsk. Zelenski sostuvo que solo aceptaría otra suspensión si Ucrania recibe más interceptores Patriot, a los que definió como el “mínimo”.

Fuego en Riazán y versiones cruzadas

El gobernador de la región rusa de Riazán, Pavel Malkov, informó que un ataque con drones provocó un incendio en una refinería y que los daños estaban siendo evaluados. El Ministerio de Defensa ruso afirmó que Ucrania lanzó 69 drones y cuatro misiles de crucero Flamingo, que todos fueron derribados y que el fuego se originó por la caída de restos. Ninguna de las dos versiones fue verificada de forma independiente.

Desde el Kremlin, el vocero Dmitri Peskov negó que hubiera existido una moratoria ucraniana y dijo que los ataques contra instalaciones energéticas rusas nunca se detuvieron. En cambio, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, respaldó la reanudación: sostuvo que la mayor parte del financiamiento ruso de la guerra proviene del petróleo.

“Después del gas vendrán las sanciones”

Este viernes, en una conversación con periodistas en Bruselas que reprodujo en su cuenta oficial de X, Zelenski fue más allá. “Putin no quiere negociaciones ahora, en ningún formato”, escribió, y advirtió que no puede aceptar “acuerdos sobre el diésel”, porque después llegarían los del gas y luego el levantamiento de sanciones sobre la banca, la industria química y los activos rusos congelados. El planteo expone el temor de Kiev a que la presión de Washington por una tregua parcial termine aliviando la economía de guerra rusa.

Lo que tenés que saber:

  • Ucrania había suspendido tres días los ataques a refinerías rusas a pedido de Trump.
  • Zelenski levantó la pausa el 15 de octubre y acusó a Rusia de no respetar la tregua.
  • El gobernador de Riazán informó un incendio en una refinería tras un ataque con drones.
  • El Kremlin sostuvo que Ucrania nunca había frenado los ataques.
  • Zelenski reclamó más interceptores Patriot para aceptar otra suspensión.
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