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Análisis

De terroristas y anestesias

La falta de credibilidad social y la depredación socio cultural hacen del discurso imperialista sea solo una declaración enferma a manos de un payaso poderoso.

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El-Argentino-Manu Campi

Por Manu Campi | @manucampimaier

Nosotros, que hemos crecido como buenos y obedientes occidentales, bien sabemos identificar a un terrorista. La idea, allá por los noventa, entrada la primera escalada contemporánea y pública en el Golfo, dio lugar a unos tipos de lo más peligrosos que, en nombre de un dios subversivo, usaban lo que tenían a mano para atentar contra la paz mundial. Sin conectividad, la palabra Clinton advertía que, gracias a la capacidad humana del Tío Sam, evitar una catástrofe sin precedentes era del todo posible.

Qué maravilla, por aquel entonces, salir a pasear el perro sintiéndose de veras cuidado y sin la necesidad de mirar al cielo en busca de armas de destrucción masiva. Así crecimos seguros ante un enemigo inidentificable. Los medios de comunicación occidentales sirvieron a la necesidad de unirse ante tamaño peligro y no fuera cosa que uno sacase la basura y le caigan unos kilotones desde el firmamento. Así, el primer terrorismo con el cual tuvimos contacto fue, casi por unanimidad, el mundo árabe; la definición –y sensación– de un proveedor de seguridad comenzaba a tomar forma.

El tiempo, cosa de locos, siguió su incuestionable curso. Irak amenazó con prender fuego el crudo ante el espanto occidental y, a riesgo de perder dominio sobre el suelo kuwaití, la mano amiga de occidente, ni lerda ni perezosa, garantizó el valor del mercado por galón y el acopio necesario en nombre de la seguridad nacional. La tranquilidad llegó con la ‘estabilidad’ en la región y alguna que otra foto de lo que había quedado en pie de una porción de tierra lejana y subversiva llamada Bagdad. La depredación del Golfo se vendió completa. La necesidad de un villano se transformó en el eje del mal y el miedo que da todo aquello que se desconoce. Korea del Norte e Irán fueron los nombres para justificar la Operación Zorro del Desierto; ahora el Reino Unido también metía su nariz en la torta con un nuevo enemigo al acecho: Al Qaeda.

El pueblo afgano pagaba el precio de erguirse sobre su territorio. Otra vez, la prensa mundial nos advirtió el peligro que suponían aquellos que tenían el mal gusto de la soberanía. El silencio de la comunidad internacional parecía homologar tal cosa.

Con la globalización, la conectividad y el monopolio de la misma, el buen imperialista comprendió la necesidad de diagramar una línea comunicacional sobre sus dominios. Así, el diseño sobre la domesticación noticiosa hizo su prolijo trabajo sobre la opinión pública. Esto supuso también un problema, el sentido de la información ahora comenzaba a fragmentarse y quienes tuviesen un dispositivo más o menos decente podía mostrar –y ver– la otra cara de la moneda. La respuesta fue inmediata, la censura de los medios orientales, sus políticas de estado, toda forma de manifestación socio cultural que aleje del terrorismo a aquellos que habitan la región y el desvío de atención sobre tal espacio derivó en el refresh de un viejo enemigo: el comunismo. Entonces, el macro atendió a China y Rusia a nivel global como los responsables del esfuerzo norteamericano para sostener estabilidad.

Para hacerlo tangible vendieron el peligro que estos últimos tenían cerca de casa. Así, Venezuela como punta de lanza, se convirtió en un aliado depravado de ideas Castristas que revivían el fantasma sandinista con emergentes que creían que una verdadera Patria Grande era posible. Hugo Chavez, Evo Morales, Lula Da Silva, Néstor Kirchner y Pepe Mujica, entre otros, pusieron sobre la mesa la posibilidad de que el enemigo fuese otro. Estos tipos responsabilizaron directamente, con nombre y apellido, a las políticas colonizadoras y las atrocidades que llevaban a cabo en nombre del propio bienestar.

La respuesta imperialista fue el centralismo periodístico dispuesto en un solo sentido a través de grupos de medios de comunicación hegemónicos que respondan a sus intereses. Canales de TV, periódicos y emisoras de radio con periodistas adoctrinados –y bien pagos– fueron, una vez más, formando la opinión pública a tal fin, aunque ya era tarde.

La digitalización de los contenidos se escurrió como agua entre las manos y el pueblo tuvo, de repente, cierta voz digital. Entendidos del peligro de un pueblo informado, la pelea se dio en el espacio virtual. Siempre dispuesto, el imperio no tardó en tomar nota y adoctrinó con baratijas a una generación completa. La fórmula es siempre más o menos la misma.

La idea del capital como medio sanador de cualquier mal se vistió para la ocasión cuando volvió a insistir en que el bienestar estaba en los músculos, la ropa de marca, la tecnología acorde y los coches de lujo que tienen los deportistas bien pagos.

El fútbol como vidriera global para vender todo aquello, más la anestesia económica de drogas como la pasta base –como una salvaje analogía del crack afroamericano en los ochenta– para los sectores que no pueden comprarse la camiseta del ídolo, fueron haciendo mella en una Sudamérica sometida.

De a poco, las ideas populares de quienes habían advertido sobre tal depredación pasaron, una vez más, a un segundo plano.

En tanto, los cada vez más altos índices de pobreza y las políticas colonizadoras sobre el mapa, fueron menguando la idea –y la necesidad– del imperio como garante. Las nuevas generaciones ahora tienen la palabra confusa. La resaca que deja el consumismo confunde, la idea de los pueblos libres es solo para zurdos de mierda. Ser popular, para la derecha es mala palabra y motivo del movimiento del aparato represor local e internacional. La expansión norteamericana sobre Ucrania y el financiamiento del extermino de la población palestina ahora resulta un problema mayor. La gente deja de creer en la falsa sensación de seguridad y parece ser que solo es una cuestión de dinero. Los recursos, donde no se compran se toman a la fuerza. Al pobre de Zelenski no le alcanzó el paseo por Hollywood para pagar una renta ajena; al bueno del Estado de Israel no le interesa representar tan bien el Holocausto a plena luz del día. Que Putin, Hamás, Irán y la mar en coche son belcebúes disfrazados de corderos, son solo una herramienta occidental dentro del apartado que atienden las agencias de noticias para confundir. Quien escribe a crecido mareado. De cualquier manera, desde este rincón del mundo creemos en que la necesidad esta ligada al conocimiento, la igualdad de condiciones, a la educación y, la libertad como derecho humano, sujeta a aquellos que revuelven el estofado con una cuchara ajena.

De repente, la idea del terrorismo es clara. Los tipos andan dentro de una casa pintada de blanco donde en una sala ovalada se juegan a los bombazos espacios convenientes.  

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

Transmisión y política 

Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

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El-Argentino-Por Jesús Rivero

Por Jesús Rivero*

Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.

Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá. 

¿Qué se transmite?

El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida. 

¿Es pedagógico?

Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.

Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.

Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.

Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».

Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.

El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.

Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende. 

El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.

Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

*escritor y activista político.

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