DDHH
Juan Marino: “Orgullo de este pueblo que sigue en pie de lucha”
El Argentino en Perú: Entrevista a Juan Marino, diputado nacional e integrante de la Misión de Solidaridad Internacional y Derechos Humanos
El diputado nacional hace un balance de la Misión de Solidaridad Internacional y Derechos Humanos en Lima, Perú en medio de la crisis política e institucional que viven tras el derrocamiento de Pedro Castillo y el gobierno de transición encabezado por Dina Boluarte.
Por Ramiro Geber
-¿Cómo se desarrolla la Misión?
-Dos días de actividad de la Misión, una actividad muy importante, reuniones con congresistas que pusieron de manifiesto sus testimonios sobre detenciones arbitrarias a manifestantes, amenazas contra ellas mismas, denuncias incluso en el seno del Congreso para inhabilitarlas por el solo hecho de formar parte de las movilizaciones. Luego también participamos de la marcha al Palacio Legislativo como Misión de Derechos Humanos, formamos un cordón humanitario cuando los miles de efectivos de la policía empezaron a avanzar para obligar a los manifestantes a retroceder. En distintos puntos recogimos numerosos testimonios. En el día número tres de la actividad vamos a estar en Lima recogiendo denuncias de distintas personas y vamos a comenzar los viajes a las regiones de Puno y la ciudad de Juliaca en las que hubo represión y 23 heridos hasta el momento, vamos a trasladarnos hasta allá a verificar la situación.
-¿Cuáles son tus conclusiones preliminares acerca de la situación que se vive en Perú?
-Las conclusiones oficiales de la Misión las vamos a informar el lunes en una conferencia de prensa, por lo pronto los testimonios que hemos recogido ponen de manifiesto situaciones gravísimas, denuncias acerca de asesinatos con disparos en la frente, a golpes por parte de efectivos de la policía nacional del Perú, ningún tipo de respeto al debido proceso en las detenciones, sin orden judicial, persecución a dirigentes y dirigentas, a personas que se manifiestan en las redes sociales, a congresistas por reclamar el respeto a los derechos humanos.
-¿Cómo viviste vos estos dos días en Perú?
-Por un lado, dolor y tristeza por los testimonios muy fuertes, en la movilización muchas mujeres llorando, pidiéndonos que nos quedemos, que colaboremos, que ayudemos porque la situación es desesperante, porque están matando a la gente que se moviliza, porque no hay ninguna investigación posterior que permita que haya justicia para encontrar a los responsables. Pero también orgullo de este pueblo que sigue en pie de lucha aún en esta situación y de esta Misión que espera poner el cuerpo para frenar esta masacre. Es muy correcto lo que estamos haciendo y esto tiene que continuar cuando volvamos a Argentina.
Recuadro:
Testimonio de Teri Mattson periodista de Estados Unidos integrante de la Misión Internacional de Derechos Humanos en Perú
Vine a Perú para observar la situación con los pobladores en el sur, donde hay muchos recursos naturales. Soy una observadora de elecciones en América Latina y la situación aquí en Perú es muy grave, es necesario que personas del exterior vengan para registrar y resguardar los derechos de quienes viven aquí. Mi primer trabajo es mostrar en redes sociales la situación.
Participar de la marcha fue emocionante, muy pacífica y muy masiva, a medida que iba creciendo la policía avanzó parecido a lo que sucedió en Chile, Ecuador y Colombia durante el paro nacional en 2021. Llegaron a mí muchas historias de personas que viven en el sur y particularmente de la opresión contra estudiantes y jóvenes.
DDHH
Entra en vigencia la Ley Penal Juvenil que baja la imputabilidad a los 14 años
Desde este sábado rige la Ley 27.801, la B aja de imputabilidad de 16 a 14 años llega sin presupuesto ni política social y con más del 60% de los adolescentes en situación de pobreza.
Entró en vigencia este sábado el nuevo régimen penal juvenil que habilita juzgar y condenar a adolescentes desde los 14 años. La Ley 27.801, promulgada mediante el decreto 138/2026 y publicada en el Boletín Oficial el 9 de marzo, cumplió este día los 180 días que se fijó para entrar en vigencia, derogando el decreto-ley 22.278 de 1980, que durante más de cuatro décadas reguló el sistema penal de la minoridad con el piso de punibilidad en los 16 años.
Una ley sancionada con votos de la derecha y los aliados del oficialismo
La norma fue aprobada por el Senado el 27 de febrero de 2026 con 44 votos a favor, 27 en contra y una abstención. El oficialismo logró sumar a sus aliados para imponer la reforma, mientras la oposición peronista cuestionó tanto la reducción de la edad como la ausencia de presupuesto para sostener el nuevo sistema en las provincias. El proyecto había sido incorporado al temario de sesiones extraordinarias mediante el decreto 53/2026, y fue uno de los objetivos legislativos centrales de la gestión Milei desde el inicio.
Qué cambia desde este sábado
El principal cambio es la baja de la edad de imputabilidad. Desde hoy, los adolescentes de 14 y 15 años pueden ser investigados, juzgados y condenados por delitos previstos en el Código Penal o las leyes penales especiales. La escala de sanciones llega hasta los 15 años de privación de la libertad para los delitos más graves, y queda prohibida la prisión perpetua para menores de edad.
La nueva norma incorpora la figura del supervisor especializado, profesionales de psicología, trabajo social y adicciones que deben acompañar el proceso de reinserción. También exige la especialización obligatoria de jueces, fiscales y defensores en materia penal juvenil, y prohíbe la divulgación de nombres, fotografías o cualquier dato que permita identificar al adolescente imputado. Las detenciones deben realizarse en dependencias diferenciadas, sin compartir alojamiento con personas adultas. Cuando se acredite responsabilidad, los progenitores quedan alcanzados por responsabilidad civil por los daños causados.
Respecto de cuándo puede evitarse la prisión, el texto establece dos supuestos. El primero abarca las condenas que no superen los tres años. El segundo comprende penas de entre tres y diez años, siempre que el delito no haya causado la muerte de la víctima ni una grave violencia física o psíquica, y que el adolescente no tenga otras condenas o procesos en trámite. En esos casos, el juez debe imponer medidas socioeducativas vinculadas con la educación, el trabajo y la comprensión del hecho cometido.
Bullrich, el festejo y el discurso del castigo
La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, quien impulsó el proyecto desde el Ministerio de Seguridad, festejó la entrada en vigencia con un mensaje en su cuenta de X: «Desde hoy no importa la edad: si delinquís, las pagás». Añadió que «se terminó la excusa de la edad para delinquir» y que «el que roba, mata o lastima, responde por lo que hace». Para las víctimas y sus familias, afirmó, habrá «una pizca de justicia que nunca van a tener».
El mensaje de Bullrich sintetiza el enfoque del Gobierno: ampliar la capacidad punitiva del Estado sobre los adolescentes más vulnerables, sin que medie una política pública de prevención, educación o contención social. Ese discurso de mano dura no se sostiene ante los datos: la Comisión del Fuero de Responsabilidad Juvenil del Colegio de Magistrados y Funcionarios bonaerenses proyectó que el nuevo régimen puede incrementar entre un 40 y un 60% el volumen de causas penales juveniles en los centros urbanos del país.
UNICEF y la Pastoral: el Estado punitivo no resuelve lo que el Estado social abandonó
Desde organismos de derechos humanos y de protección de la niñez, las advertencias son categóricas. UNICEF Argentina señaló que no existe evidencia de que bajar la edad de imputabilidad tenga un impacto favorable en la seguridad, y remarcó que la inmensa mayoría de los conflictos con la ley protagonizados por adolescentes involucran delitos contra la propiedad. El organismo internacional advirtió además que el encierro habitual favorece la reincidencia y deteriora la escolaridad y la inserción laboral, produciendo daños a la salud física y mental de los jóvenes.
La Pastoral, por su parte, pidió que la privación de la libertad sea de carácter excepcional y señaló que el nuevo régimen no debe agravar la vulnerabilidad de los menores. El organismo expresó su preocupación específica por el impacto del sistema penal sobre adolescentes que atraviesan situaciones de exclusión, y alertó sobre dos contextos que el Gobierno evita nombrar: el avance del narcotráfico y la pobreza infantil.
Según datos del Observatorio Social de la UCA, más del 60% de los niños, niñas y adolescentes del país se encuentra bajo la línea de pobreza. Encerrar a quienes ya fueron abandonados por el Estado antes de los 14 años no es justicia; es la continuación de otra forma de exclusión.
El problema del presupuesto y la operatividad real
Uno de los cuestionamientos centrales de la oposición durante el debate parlamentario fue la ausencia de financiamiento específico para implementar el nuevo sistema en las provincias. La reforma exige juzgados especializados, equipos interdisciplinarios, supervisores, alojamientos diferenciados y programas de resocialización. Nada de eso se sostiene sin presupuesto. La tensión entre el anuncio político y la infraestructura institucional real es, en este caso, la diferencia entre una ley que protege y una ley que castiga sin reparar.
Datos de la Procuración bonaerense indican que durante 2025 se iniciaron 1.857 procesos penales juveniles, donde fueron imputados 1.828 menores. Con el umbral de imputabilidad ahora en los 14 años, la proyección de nuevas causas plantea un desafío institucional que ningún funcionario del Gobierno respondió con cifras concretas de inversión.
Una reforma que llega sin política social y con el ajuste profundizado
El nuevo régimen penal juvenil comienza a aplicarse en un escenario marcado por el recorte sistemático del gasto social bajo la gestión Milei. Desde diciembre de 2023, los programas sociales sufrieron una caída real del 61%, las transferencias a universidades cayeron un 20% y el gasto de capital se desplomó un 86%. La paradoja es brutal: el mismo Gobierno que desmanteló las políticas de prevención, contención y acceso a derechos ahora amplía el alcance del sistema penal sobre los adolescentes que esas políticas debían proteger.
El debate de fondo no pasó por la edad. Pasó por quién paga el costo de una política de seguridad que se concentra en encerrar y no en prevenir. La respuesta, esta vez, la dieron los propios datos: mientras el Estado se retiró de la educación, la salud y los programas sociales, el sistema penal avanzó sobre los más jóvenes y los más pobres.
Lo que tenes que saber de la nueva Ley Penal Juvenil
- La Ley 27.801 entró en vigencia este sábado 5 de septiembre, tras ser publicada en el Boletín Oficial el 9 de marzo de 2026.
- La edad de imputabilidad bajó de 16 a 14 años; las penas llegan hasta 15 años y se prohíbe la prisión perpetua para menores.
- Bullrich celebró la medida en redes sociales con un discurso de mano dura, omitiendo toda consideración sobre las causas estructurales del delito juvenil.
- UNICEF Argentina advirtió que bajar la imputabilidad no reduce el delito y que el encierro favorece la reincidencia.
- La Pastoral Judicial alertó sobre el avance del narcotráfico y la pobreza infantil como contextos que la sanción penal no resuelve.
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