Conectate con El Argentino

DDHH

A 75 años DEl ataque nuclear a Nagasaki, en varios países se recuerda ese día con una novedosa propuesta

Desde la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en defensa de la Humanidad (REDH) conmemoran el 9 de agosto como el «Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad», iniciativa lanzada en 2017 a la que ya se sumaron organizaciones sociales de todo el mundo.

Publicado hace

#

Desde la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en defensa de la Humanidad (REDH) conmemoran el 9 de agosto como el «Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad», iniciativa lanzada en 2017 a la que ya se sumaron organizaciones sociales de todo el mundo.

La declaración, escrita por el sociólogo Atilio Borón, el escritor Alejo A. Brignole, la investigadora Telma Luzzani y la periodista y escritora Stella Calloni, propone declarar los acontecimientos del 9 de agosto de 1945, cuando Estados Unidos lanzó la segunda bomba atómica en la ciudad japonesa de Nagasaki, como el «Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad».

Los intelectuales consideran que lanzar una segunda bomba atómica sobre un Japón devastado, tres días después de haber realizado el primer ataque nuclear sobre Hiroshima, fue innecesario, inhumano y genocida. Un bombardeo diseñado por los Estados Unidos para enviarle un mensaje al mundo, principalmente a la ya extinta Unión Soviética, sobre el poderío destructor y brutal del que era capaz.

La historia bélica y de devastación criminal orquestada por los EEUU desde ese momento en nombre de sus propios «valores» y de intereses ideológicos y económicos, fue y es imparable. Termina una guerra e inicia otra, promueve guerras civiles y «rebeliones» para desestabilizar gobiernos no alineados con su régimen e intereses, ese es el rol del Departamento de Estado y del Pentágono.

La política exterior pensada e impulsada desde Washington es criminal. De eso se trata, de iniciar e intervenir en conflictos de todo el mundo, de señalar con dedo acusador «crisis humanitarias» o «dictaduras», cuando en realidad provoca un conflicto tras otro, sistemáticamente, con las evidentes consecuencias: destrucción y crímenes de lesa humanidad a nivel global.

Razón por la cual, la REDH lanzó en 2017 la propuesta de conmemorar el 9 de agosto como el «Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad», momento en que se arrojó una bomba atómica de manera «innecesaria, inhumana y genocida» para demostrar su poder.

La iniciativa, que han tomado y promovido innumerables organizaciones políticas y sociales de todo el mundo, aún no fue levantada oficialmente por ningún Gobierno, por eso tampoco se ha discutido en la Organización de Naciones Unidas (ONU) no en otro organismo multilateral, pero la condena social hacia los crímenes de los EEUU contra la humanidad es fuerte.

Indudablemente, las presiones y bloqueos financieros y económicos impuestos por el Gobierno de los Estados Unidos a varias regiones del mundo es otra manera de ejercer su política exterior criminal y muchos países se adaptan a la política exterior estadounidense, como es el caso de Japón, víctima completamente integrada a las necesidades de Washington, que durante está jornada solo se limita a pedir simbólicamente por el desmantelamiento de las armas nucleares.

Así recuerda Japón su devastación, sin mencionar a los EEUU

La ceremonia que conmemora la destrucción de Nagasaki, a 75 años del lanzamiento de la bomba nuclear contra esa ciudad japonesa, este año contó con una participación reducida de unas 500 personas, entre sobrevivientes, autoridades japonesas y representantes de hasta 70 países, debido a las medidas de seguridad para evitar la propagación del coronavirus.

Al conmemorarse este domingo el 75 aniversario del ataque atómico estadounidense en Nagasaki, el alcalde de la ciudad japonesa se sumó al llamamiento que hizo el jueves pasado su homólogo de Hiroshima y urgió al primer ministro nipón, Shinzo Abe, a firmar y ratificar el Tratado para la Prohibición de las Armas Nucleares.

«Hago un llamamiento a todos en todo el mundo. Hay innumerables maneras de involucrarse en el trabajo por la paz», dijo hoy Tomihisa Taue, el alcalde de Nagasaki, la segunda y hasta ahora última ciudad destrozada por una bomba atómica, lanzada por Estados Unidos el 9 de agosto de 1945.

En las inmediaciones del Parque de la Paz, erigido sobre la zona cero, varias decenas de religiosos oraban con cánticos y mantras, mientras cuatro concentraciones con poca afluencia protestaban contra las armas nucleares, las guerras o los gobiernos, informó la agencia de noticias EFE.

De esta manera, tras una simbólica ofrenda floral y de agua, centenares de personas dentro y fuera del acto oficial guardaron un minuto de silencio a las 11:02, la hora exacta de la explosión.

Una vez cumplido el tiempo, el silencio se quebró suavemente con los acordes en guitarra de la canción pacifista “Imagine” de John Lennon, tocada por un hombre, mientras decenas de bailarinas con vestidos amplios de colores claros ejecutaron una tenue coreografía frente al monumento funerario de las víctimas.

Durante el acto de conmemoración, Taue señaló a las armas nucleares, el cambio climático y las pandemias como amenazas de alcance global.

«Entre los estados con armas nucleares y los países bajo el paraguas nuclear ha habido voces que declaran que es demasiado pronto para un tratado de este tipo. Eso no es así. Más bien, las reducciones de armas nucleares llegan demasiado tarde», dijo el alcalde de Nagasaki citado por la agencia española.

El ataque nuclear contra Nagasaki mató inmediatamente a 39.000 personas que siguieron a las 70.000 que habían perecido tres días antes en Hiroshima, aunque en total se calcula que en 1950 habían muerto 340.000 personas por las dos bombas atómicas, sobre todo por enfermedades causadas por la exposición a la radiación ionizante.

Aunque no viajó hasta Japón, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se hizo presente a través de un mensaje en el que recalcó que 75 años es «mucho tiempo» para «no haber aprendido todavía sobre el peligro de las armas nucleares».

Según datos del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR), se estima que actualmente hay más de 14.000 bombas nucleares en todo el mundo, algunas de las cuales tienen un poder «decenas de veces más grande» que las lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki.

En coincidencia con la fecha, el papa Francisco pidió esta mañana un «mundo totalmente libre de armas nucleares», refirió la agencia de noticias Europa Press.

«Los días 6 y 9 de agosto de 1945, hace 75 años, tuvieron lugar los trágicos bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Si bien recuerdo con emoción y gratitud la visita que realicé a esos lugares el año pasado, renuevo mi invitación a orar y a comprometernos por un mundo totalmente libre de armas nucleares», comenzó el rezo del Ángelus de este domingo.

DDHH

Era Milei: Argentina, el único país del mundo en votar contra los derechos indígenas, hoy «festejó» el Día de la Raza

El 11 de noviembre de 2024, Argentina fue el único país de los 168 presentes en la Asamblea General de la ONU en votar contra una resolución de protección de los derechos de los pueblos indígenas.

Publicado hace

#

Este 12 de octubre de 2026, los 40 pueblos indígenas que habitan el territorio argentino conmemoran una fecha que el Estado nacional insiste en llamar «Día de la Raza«, revirtiendo el nombre establecido por el Decreto 1584/2010 firmado por Cristina Fernández de Kirchner.

El cambio semántico no es un detalle menor: es el resumen simbólico de una política que, en el plano concreto, derogó la ley de emergencia territorial, votó en soledad contra los derechos indígenas ante la ONU e impulsó la apertura de las tierras ancestrales al capital extranjero.

El decreto que denominó el feriado como «Día de la Raza» en el calendario oficial de 2026 no modificó la condición de feriado ni su fecha, pero sí reinstauró una terminología que, durante décadas, celebró la llegada de Cristóbal Colón como un «inicio de la civilización». Las comunicaciones del gobierno de Javier Milei en 2024 fueron en ese sentido explícitas: en las redes oficiales se reivindicó la fecha como la conmemoración de «un hito que marcó el inicio del progreso y la civilización en América», en abierta tensión con la mirada histórica de organizaciones de derechos humanos, académicos y las propias comunidades originarias.

La ley que frenó los desalojos y que Milei derogó

El trasfondo detrás del debate por el nombre del feriado es mucho más denso. El 10 de diciembre de 2024, en el primer aniversario de su asunción, Milei derogó mediante el Decreto 1083/2024 la Ley 26.160, la norma de emergencia territorial que desde 2006 suspendía los desalojos de comunidades indígenas de sus tierras ancestrales y ordenaba al Estado realizar un relevamiento catastral de los territorios ocupados.

La ley, que había sido prorrogada por cuatro administraciones consecutivas (Fernández de Kirchner, Macri, Alberto Fernández y el propio período transicional), fue eliminada sin consulta a los pueblos afectados, en violación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que Argentina tiene ratificado.

La desaparición de la Ley 26.160 no dejó sin efecto todas las protecciones legales, pero eliminó la herramienta más efectiva que existía para frenar los desalojos judiciales. Según datos del propio Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), al momento de la derogación el relevamiento territorial aún no había sido completado para el 47% de las comunidades inscriptas, precisamente las más vulnerables a la presión de terratenientes privados y de proyectos extractivos.

En paralelo, el INAI disolvió el Registro Nacional de Comunidades Indígenas (RE.NA.CI.) en octubre de 2024, mediante la Resolución 53/2024. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tomó nota: en su 144° período de sesiones, una audiencia pública sobre la situación de los pueblos indígenas en Argentina recibió el testimonio de que «se siguen produciendo desalojos, incluso ordenados por el Poder Judicial en contra de la ley 26.160», y que «no existe una norma de ninguna jerarquía que regule procedimientos de consulta y participación». En la audiencia no hubo representantes del INAI.

El voto solitario que expuso al país ante el mundo

El 11 de noviembre de 2024, en la primera votación de la Asamblea General de la ONU bajo la conducción del canciller Gerardo Werthein, Argentina se convirtió en el único de los 168 países presentes en votar en contra de una resolución que promueve los derechos de los pueblos indígenas.

La resolución, impulsada por Bolivia, Dominica, Ecuador, Liberia, México, Paraguay y Venezuela, instaba a los Estados a garantizar el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades en decisiones sobre sus territorios y recursos, proteger sus culturas, lenguas y cosmovisiones, y ampliar el acceso a la justicia. La apoyaron incluso Estados Unidos y la mayoría del bloque europeo. Solo siete países se abstuvieron. Argentina fue el único voto en contra.

El rechazo de Argentina ante la ONU no fue un error de procedimiento ni una abstención: fue un posicionamiento político deliberado que la convirtió en el único Estado del planeta en oponerse formalmente a la protección internacional de los derechos indígenas. El Consejo Provincial de Asuntos Indígenas (CPAI) y el Consejo Indígena de Buenos Aires (CIBA) repudiaron la decisión en un comunicado conjunto: «Repudiamos y alertamos sobre esta decisión del Gobierno nacional, que vuelve a atentar contra los derechos de los pueblos indígenas».

La ley de tierras: un intento que tambalea pero no cede

En julio de 2026, el gobierno impulsó en el Senado la denominada «Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada», un proyecto redactado por el ministro Federico Sturzenegger que buscaba eliminar los topes legales a la compra de tierras por parte de capitales extranjeros. La ley vigente (26.737) fija en el 15% el máximo de tierra rural en manos foráneas. El proyecto libertario proponía eliminarlo. Organizaciones indígenas, gremiales y ambientales, junto con la CGT y las CTA, convocaron a movilizaciones masivas al Congreso. Patricia Bullrich, al frente del bloque de LLA en el Senado, no logró reunir los votos y debió pedir sucesivos cuartos intermedios.

En agosto, tras negociaciones que derivaron en el retiro del capítulo más polémico (la extranjerización), el Senado avanzó con una versión acotada que fija el tope en el 25%. Bullrich reconoció públicamente que la votación podía resolverse «por un voto». Para comunidades como las del pueblo Quom, Coya y Mocoví, que presentaron un amparo colectivo ante la Justicia en Rosario, la discusión va más allá de porcentajes: «Este proyecto busca expulsarnos de nuestras tierras; es una invasión más que estamos sufriendo porque no se están respetando nuestras leyes, nuestras luchas y nuestros derechos», declararon ante los medios locales.

Un feriado, dos lecturas de la historia

La mayoría de los países de América Latina adoptó denominaciones que priorizan la perspectiva de los pueblos originarios: en México se celebra el Día de la Nación Pluricultural, en Perú el Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural, en Bolivia el Día de la Descolonización y en Uruguay el Día de la Diversidad Cultural. España mantiene el nombre «Día de la Hispanidad». La Argentina de Milei, en ese mapa, decidió alinearse con la terminología colonial.

La Cámara de Diputados de la Nación también tomó nota del giro: en 2026, legisladores opositores presentaron ante el recinto un proyecto de resolución que exige al Poder Ejecutivo utilizar la denominación oficial establecida por el Decreto 1584/2010, señalando que «no respetar la denominación ‘Día del Respeto a la Diversidad Cultural’ significa desconocer la pluralidad étnica y cultural de los pueblos que habitaron y habitan la República Argentina» y que el cambio de nombre «repudia la decisión del Poder Ejecutivo Nacional de referirse al 12 de octubre como ‘Día de la Raza'».

Hay en Argentina 40 pueblos indígenas y más de 1.700 comunidades. Son sujetos de derechos reconocidos por el artículo 75, inciso 17 de la Constitución Nacional, que garantiza la preexistencia étnica y cultural de los pueblos originarios y la propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan. Ese reconocimiento constitucional no puede ser derogado por decreto, aunque sí puede ser vaciado de contenido si se eliminan las herramientas que lo hacen efectivo. Eso, precisamente, es lo que el gobierno de Milei lleva adelante desde diciembre de 2023.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo