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El Papa reformó las reglas de la Iglesia para penar el abuso sexual

El Sumo Pontífice anunció las nuevas reglas y procesos que regirán los juicios canónicos sobre los delitos más graves, como son el abuso sexual y la pedofilia.

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El papa Francisco promulgó las reformas de las normas y procesos para sancionar el abuso sexual con un «Rescriptum» que actualiza las reglas del antiguo Santo Oficio en el Vaticano para juzgar canónicamente los «delitos graves» que perjudican especialmente a la Iglesia. Así, cambian las reglas para los llamados «delicta graviora» (delitos más graves) como aquellos contra la fe y contra la santidad de los sacramentos, hasta otros contra la moral católica, así como los abusos contra menores de edad.

Con el «Rescriptum», el Pontífice promulgó una nueva versión de las «Normas sobre los delitos más graves reservadas a la Congregación para la Doctrina de la Fe'» aquellas para las que, por su particular gravedad, el antiguo Santo Oficio se reserva el derecho a la última palabra con respecto a las Iglesias locales, informó la agencia ANSA. Por lo tanto, se modificó y actualizó el texto promulgado en 2001 por Juan Pablo II y ya modificado en 2010 por Benedicto XVI.

Los delitos contemplados en las reglas siguen siendo los mismos, pero con los cambios realizados con una especie de «decreto de ejecución», se armonizan, en primer lugar, las normas con el nuevo Libro VI del Código de Derecho Canónico promulgado en mayo de 2021 y vigente a partir de mañana: hay una adaptación e inserción mutua en las normas de los nuevos cánones.

El Papa Francisco promulgó los nuevos procedimientos penales en el Vaticano

En segundo lugar, se incorporan las numerosas disposiciones legislativas de diversa índole emitidas especialmente desde 2016 hasta la actualidad, y los dos rescriptos de diciembre de 2019 orientadas a una mayor seguridad y protección criminal incisiva de los bienes mayores de la Iglesia: la fe; la santidad de los sacramentos; la vida de los más débiles que tienen medios de protección limitados; menores y adultos con un uso habitual imperfecto de la razón.

En tercer lugar, la actualización de las normas pretende mejorar la acción penal de la Iglesia sobre los delitos reservados a la Congregación, incluidos los más graves contra la moral y la celebración de los sacramentos, readaptando la práctica a las normas de los últimos años. Por ejemplo, la normativa de 2010 dio prioridad al proceso judicial dejando el extrajudicial -también llamado «administrativo»- como excepción. Ahora, en lugar de definir a uno como regla y al otro como excepción, dando prioridad al primero, también se pone en práctica el segundo.

La posibilidad de decretar la destitución del cargo del Estado clerical, sin juicio, también para casos contra la fe se convierte en la norma. Los cambios introducidos se refieren principalmente a aspectos procesales, destinados a esclarecer y facilitar el correcto desarrollo de la acción penal de la Iglesia para la administración de justicia.

Entre los cambios, se prevé la posibilidad de remitir directamente a la decisión del Papa, en mérito a la destitución o deposición del estado clerical, así como la dispensa de la ley del celibato y -en su caso- de los votos religiosos. También se modifican los plazos para la presentación un recurso luego de la sentencia de primera instancia (de un mes a 60 días), con el objetivo de estandarizar el procedimiento judicial con el extrajudicial.

Además se establece la necesidad de un «patrón» para ayudar al acusado en la fase de juicio, con el fin de garantizar aún más el derecho de defensa del imputado. Entre los «delitos más graves» también se encuentra el «intento de sagrada ordenación de una mujer». Finalmente, los delitos de pedofilia y de distribución de material de abuso sexual infantil.

Geopolítica 🌎

Trump dijo que podría revisar el apoyo de EEUU a Gran Bretaña en la disputa por Malvinas

Por primera vez, el presidente estadounidense habló en persona sobre la disputa de soberanía del Atlántico Sur. La amenaza no responde a un giro diplomático genuino sino a la presión de Washington sobre sus aliados de la OTAN para que eleven el gasto en defensa al 5% del PBI. El gobierno de Milei eligió la cautela y prudencia.

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El Argentino Diario-Donald Trump.
Por primera vez, Trump habló sobre Malvinas y dejó a Gran Bretaña sin la certeza del apoyo estadounidense.

Donald Trump irrumpió este lunes en la histórica disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Consultado por la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca sobre si Washington podría retirar su apoyo a la posición británica, el mandatario respondió con una frase que encendió las alarmas en Londres y generó expectativa contenida en Buenos Aires: Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas. Se trata de la primera ocasión en que Trump se expresa en persona sobre el conflicto.

Una herramienta de presión, no un cambio de política

El contexto de la declaración es inseparable de la batalla que el gobierno de Trump libra contra sus aliados de la OTAN en materia de gasto en defensa. La semana pasada, el diario británico The Telegraph reveló que funcionarios del Pentágono amenazaron al primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, con modificar la postura estadounidense sobre las Malvinas si Londres no elevaba su inversión militar hasta el 5% del PBI, en línea con las exigencias que Washington impone a toda la alianza. El plan de Burnham, que apenas se compromete a llegar al 3% del PBI en defensa para 2030, quedó muy por debajo de las expectativas de la administración republicana.

Cuando fue consultado específicamente sobre si esperaba que el gobierno británico incrementara sus compromisos, Trump fue explícito: El Reino Unido tiene algunos problemas, pero se resolverán. La frase, leída en conjunto con la anterior, traza una línea directa entre el apoyo histórico de Washington a Londres en el conflicto austral y el cumplimiento de las metas de gasto militar.

Antecedentes: del correo filtrado al Despacho Oval

No es la primera vez que el tema aparece en la agenda de la administración Trump. En abril pasado, la agencia Reuters filtró un memorando interno del Pentágono que evaluaba la suspensión del respaldo al Reino Unido en la disputa como parte de potenciales represalias contra aliados que, según Washington, no habían acompañado suficientemente las operaciones estadounidenses contra Irán. En aquel momento, el secretario de Estado Marco Rubio intentó quitarle peso al episodio: Fue tan solo un correo electrónico. La gente se está exaltando demasiado, declaró, presentando la filtración como una simple idea interna sin trascendencia institucional.

Lo que en abril era un correo sin firma oficial es ahora una declaración presidencial desde el corazón del poder norteamericano. La escalada es innegable, aunque los analistas advierten que la distancia entre una amenaza táctica de negociación y un giro real en la política exterior estadounidense sigue siendo enorme. El propio Departamento de Estado aclaró también el viernes pasado que la posición estadounidense sigue siendo de neutralidad: reconocemos que existen reclamos de soberanía contrapuestos entre la Argentina y el Reino Unido, no adoptamos ninguna postura con respecto a los reclamos de soberanía de ninguna de las partes, indicó un vocero.

Buenos Aires en modo expectante: cautela y prudencia

En la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei eligió la mesura. La evaluación oficial, según trascendió, es que el movimiento de Washington debe interpretarse dentro de la estrategia de presión a los aliados de la OTAN y no como un cambio formal de la política exterior estadounidense respecto del conflicto de soberanía. La postura oficial es de cautela y prudencia, un tono llamativamente bajo para una administración que durante meses intentó instalar la narrativa de que su relación privilegiada con Trump podría traducirse en un apoyo explícito al reclamo argentino.

El contraste con episodios previos resulta elocuente. En agosto de 2025, el propio embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, fue tajante al cerrar esa especulación: Los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas y eso no ha cambiado, declaró ante una consulta televisiva, desactivando el globo que el oficialismo había inflado durante semanas. Ahora, paradójicamente, es Trump quien vuelve a poner el tema sobre la mesa, aunque desde una lógica completamente distinta: no como favor a Milei, sino como palanca de presión sobre Londres.

El Atlántico Sur como moneda de cambio en la OTAN

La dinámica que describe este episodio es más propia de la lógica transaccional de Trump que de un giro doctrinario en la política exterior de Washington. El proyecto de la denominada OTAN 3.0 busca que Europa y Canadá asuman la mayor parte del costo de su propia defensa convencional, reduciendo la carga financiera y militar de Estados Unidos sobre la alianza. En ese esquema, las Malvinas no son un asunto de justicia histórica ni de soberanía latinoamericana: son una ficha de negociación. Una palanca más en el tablero de presiones que Washington despliega sobre sus socios para que paguen más por su seguridad colectiva.

Para la Argentina, la situación abre un escenario geopolítico inédito desde 1982, aunque cargado de incertidumbre. La posibilidad de que la potencia que avaló el control británico del archipiélago desde la guerra no solo deje de respaldar a Londres sino que eventualmente incline la balanza hacia Buenos Aires depende, en este caso, no de la voluntad soberana argentina sino de cuánto decida gastar el gobierno laborista de Burnham en aviones y fragatas. Una ironía histórica que habla más de la lógica imperial de Trump que de ningún reconocimiento genuino al reclamo argentino.

Puntos clave

  • Trump afirmó en el Despacho Oval que siempre revisa todas las posiciones, en la primera declaración presidencial directa sobre Malvinas.
  • La amenaza de retirar el apoyo a Gran Bretaña se enmarca en la presión de Washington para que Londres eleve su gasto en defensa al 5% del PBI dentro de la OTAN.
  • El Departamento de Estado ratificó el viernes que su posición sigue siendo de neutralidad en el conflicto de soberanía.
  • En abril, Marco Rubio minimizó un correo filtrado del Pentágono que planteaba la misma amenaza, definiéndolo como simplemente un correo con algunas ideas.
  • El gobierno de Milei optó por la cautela y prudencia y lee el episodio como parte de la estrategia de Trump hacia los aliados de la OTAN, no como un giro formal.

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