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Juicio a Trump: una testigo de 81 años también lo acusó de agresión sexual en los ´70
«Me pareció que duró una eternidad», pese a que solo pasaron unos «segundos» dijo la testigo de la defensa de Carroll, que acusa a Trump de haberla violado en un probador de unos grandes almacenes de Nueva York en 1996.
Una testigo en el juicio que un tribunal de Manhattan instruye contra Donald Trump por violación y difamación declaró este martes que el expresidente republicano la agredió sexualmente en un vuelo a finales de los años 1970.
Jessica Leeds, de 81 años, fue citada como testigo de la defensa de la escritora y experiodista E. Jean Carroll, que ha sentado en el banquillo al exmandatario de Estados Unidos entre 2017 y 2022, por violación y difamación.
Leeds contó en el tribunal federal de Manhattan que «en 1978-79», en un avión con destino a Nueva York tuvo que levantarse de su asiento en primera clase porque un hombre de negocios, en referencia a Trump, había tratado de besarla en el cuello y tocarla.
«No mediaron palabras, surgió de la nada (…) Trató de besarme, de tocar mis senos«, afirmó Leeds en el proceso civil que se inició la semana pasada tras las denuncias de violación y difamación de Carroll, de 79 años, que solicita una indemnización económica de parte de Trump.
La mujer, bajo juramento, explicó que encontró la fuerza de levantarse cuando Trump «puso las manos bajo mi blusa», informó la agencia AFP.
«Me pareció que duró una eternidad», pese a que solo pasaron unos «segundos» dijo la testigo de la defensa de Carroll, que acusa a Trump de haberla violado en un probador de unos grandes almacenes de Nueva York en 1996.
Leeds ya había hablado sobre este caso en el diario The New York Times en 2016, unas semanas antes de la elección presidencial que llevó a Trump a la Casa Blanca.
El magnate había refutado las denuncias de agresiones sexuales durante el debate ante la demócrata Hillary Clinton para las presidenciales de ese año, lo que «enfureció» a Jessica Leeds.
«Estaba furiosa porque estaba mintiendo», recordó Leeds, que ha sido convocada como testigo para tratar de persuadir a los 9 miembros del jurado del comportamiento depredador de Trump. Trump, que no ha comparecido en el juicio, refuta las acusaciones y asegura que no conocía a la periodista que fue columnista de la revista Elle.
El caso es uno de los varios desafíos legales a los que se enfrenta el republicano de 76 años, quien busca volver a la Casa Blanca en las elecciones del próximo año. El mes pasado, el magnate se declaró no culpable en un caso penal relacionado con el pago en negro a una actriz porno antes de las elecciones de 2016.
Trump también está siendo investigado por su intento de revertir los resultados de la elección de 2020 en el estado de Georgia, así como el manejo de documentos secretos y de su participación en la irrupción de sus seguidores en el Capitolio el 6 de enero de 2021.
Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.
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Chat Control: la ley europea que convierte tu celular en un testigo
El Parlamento Europeo debate una normativa que obligaría a escanear mensajes privados para detectar abuso sexual infantil, incluso en aplicaciones con cifrado de extremo a extremo. El debate enfrenta la protección de la infancia contra el derecho a la privacidad de millones de usuarios y pone en cuestión el futuro de las comunicaciones digitales.
Millones de conversaciones privadas, fotos, audios y textos intercambiados a diario en aplicaciones como WhatsApp o Signal podrían ser escaneados automáticamente antes de llegar a su destinatario. Eso es lo que prevé la normativa conocida como «Chat Control», una propuesta legislativa en debate en el Parlamento Europeo que divide a juristas, activistas digitales, gobiernos y organizaciones de derechos humanos en toda la Unión Europea.
La regulación apunta a detectar contenido de explotación sexual infantil (CSAM, por sus siglas en inglés) en las comunicaciones digitales. En su versión vigente, una normativa temporal prorrogada hasta 2028 permite a las plataformas identificar de manera voluntaria ese tipo de material en mensajes privados, imágenes y videos. Pero la propuesta de largo plazo, denominada «Chat Control 2.0», plantea extender esa capacidad de detección también a los servicios con cifrado de extremo a extremo, lo que representa un salto cualitativo de enorme magnitud en términos de vigilancia digital masiva.
Un escudo que también puede convertirse en una red de arrastre
El cifrado de extremo a extremo, tal como funciona hoy en aplicaciones como Signal o WhatsApp, impide que ni siquiera el proveedor del servicio pueda leer los mensajes en tránsito. Es, en términos prácticos, el equivalente digital del secreto postal. Cualquier sistema de detección que pretenda operar sobre mensajes cifrados tendría que actuar antes de que ese escudo se active, es decir, en el dispositivo del usuario, justo antes de que el mensaje sea enviado. Esta técnica se denomina «client-side scanning» y consiste en examinar el contenido mientras aún es legible, antes de que se aplique el cifrado.
Las herramientas técnicas propuestas funcionan transformando cada archivo en una especie de huella digital que se compara con bases de datos de material ilegal ya identificado. Además, utilizan modelos de aprendizaje automático capaces de reconocer contenido nuevo o modificado y analizan los textos en busca de patrones lingüísticos asociados al grooming o acoso sexual a menores.
El fallo humano en la cadena de verificación
En plataformas sin cifrado, cuando un sistema automático detecta una coincidencia, la alerta es enviada a revisores humanos expertos que examinan el material antes de informarlo a las autoridades. Empresas como Google sostienen que este proceso garantiza una verificación responsable. Sin embargo, según señaló el ex eurodiputado alemán Patrick Breyer, jurista y activista por los derechos digitales, es precisamente en esa etapa de verificación donde el sistema comienza a fallar cuando se utiliza a gran escala.
Los empleados encargados de revisar las alertas aplican criterios legales diversos, no siempre logran discernir la intención detrás del contenido y, con frecuencia, confunden situaciones de sexting consensuado entre jóvenes o imágenes enviadas como bromas en chats grupales. En muchos casos, los adolescentes involucrados nunca tuvieron intención de enviar ni recibir material ilegal, simplemente reenviaron un archivo dentro de una conversación diferente.
Breyer no se opone a la detección en sí misma. Su argumento es más preciso: el escaneo debería permitirse solo cuando un tribunal independiente confirme que hay motivos razonables para sospechar de una persona específica, tal como ocurre con una orden judicial para revisar la correspondencia de un ciudadano. Extender ese control a toda la población «por si acaso» representa, en sus términos, un tipo de intervención de naturaleza completamente diferente.
Una regulación que depende de la app que uses
Por el momento, lo que sucede con un mensaje depende enteramente de la aplicación que se use. En servicios sin cifrado, el contenido puede recibir una identificación digital o ser examinado por algoritmos antes o justo después de ser enviado, revisado luego por expertos y comunicado a las autoridades ante una coincidencia confirmada. En servicios con cifrado de extremo a extremo, la legislación europea actual no se aplica de la misma forma y el contenido permanece inaccesible para los proveedores.
Esa asimetría está en el centro del debate parlamentario. Si «Chat Control 2.0» finalmente incluye a los servicios cifrados, la arquitectura de privacidad digital que millones de personas dan por garantizada quedaría radicalmente transformada. La pregunta que el Parlamento Europeo no puede eludir es hasta dónde está dispuesta la sociedad a ceder privacidad en nombre de la seguridad, y si esa cesión puede hacerse sin abrir una puerta que, una vez abierta, sea prácticamente imposible cerrar.
El debate no es solo técnico. Es político, filosófico y tiene implicancias directas para las nuevas generaciones que crecen en un entorno donde la comunicación digital es constitutiva de su identidad. La decisión que tome Europa en los próximos años marcará un precedente global sobre los límites del Estado en las comunicaciones privadas.
Lo que tenés que saber
- La normativa «Chat Control» vigente, prorrogada hasta 2028, permite a las plataformas detectar voluntariamente contenido de abuso sexual infantil en mensajes privados.
- La propuesta «Chat Control 2.0» plantea extender ese escaneo a servicios con cifrado de extremo a extremo, lo que implicaría revisar mensajes en el dispositivo del usuario antes de que sean enviados.
- El ex eurodiputado Patrick Breyer advierte que el sistema falla a gran escala y que el escaneo solo debería habilitarse con orden judicial previa, no de manera masiva e indiscriminada.
- Las herramientas de detección combinan huellas digitales de archivos conocidos, inteligencia artificial para contenido nuevo y análisis de patrones lingüísticos vinculados al grooming.
- La decisión del Parlamento Europeo sobre si incluir o no a los servicios cifrados en la regulación definitiva tendrá impacto global en el futuro de la privacidad digital.
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