Mujeres
Pañuelazo verde frente a la embajada de EEUU contra el fallo antiaborto
Las manifestantes emitieron una «nueva alerta» en defensa de los derechos fundamentales para las mujeres, lesbianas, travestis, trans y niñas de todo el mundo y extendieron sus «redes de solidaridad feminista» con las activistas de Estados Unidos.
Militantes y colectivos feministas se manifestaron esta tarde frente a la embajada de Estados Unidos, para repudiar el fallo de la Corte Suprema de ese país que derogó el derecho al aborto, que era legal desde 1973, y declararon el «estado de alerta global».
La manifestación fue convocada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y concentró a las 16.30 en la puerta de La Rural, desde donde marchó a la sede diplomática estadounidense, ubicada en avenida Colombia al 4300 del barrio porteño de Palermo, donde se realizó un «pañuelazo verde».
«Repudiamos la decisión de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de anular el fallo Roe v. Wade, revocando a nivel federal la protección constitucional del derecho al aborto que rigió durante casi 50 años en ese país. La Corte estadounidense atenta con esta resolución contra los principios de libertad y de igualdad, en especial para las personas más vulneradas como las migrantes racializadas, y del colectivo LGTBQ+ «, manifestaron las referentes de la Campaña frente a la embajada, completamente vallada.
«Se trata de una medida regresiva que sienta un grave precedente en materia de Derechos Humanos en ese país y desprotección de los derechos personalísimos frente a los poderes del Estado. De ahora en más, dependerá de la legislación de cada Estado que una persona gestante pueda acceder a un aborto en condiciones seguras o que sea empujada a interrumpir el embarazo en condiciones precarias para su salud, o que sea expuesta a la criminalización», agregaron.
Además emitieron una «nueva alerta» en defensa de los derechos fundamentales para las mujeres, lesbianas, travestis, trans y niñas de todo el mundo y extendieron sus «redes de solidaridad feminista» con las activistas de Estados Unidos.
La marcha fue encabezada por referentes históricas de la campaña como Nina Brugo y Nelly «Pila» Minyersky, quienes, junto a otras mujeres referentes de la organización, sostuvieron la extensa bandera verde de la campaña con el pañuelo alrededor del cuello.Juntas, marcharon por Av. Sarmiento y cortaron parcialmente la calle, levantaron carteles y pañuelos, y gritaron los lemas del reclamo, como también canciones de lucha.
Mercedes Trimarchi, integrante de la Campaña, dijo: «Que tengamos que estar en permanente cuidado de los derechos conquistados y de las leyes es parte también del aprendizaje que estamos teniendo acá en la Argentina con la marea verde, e incluso también es importante resaltar que, aunque tengamos una ley, hay dificultades en el acceso».
Durante la marcha desde la Rural hacia la embajada, gritaron «My body, my choice» («mi cuerpo, mi decisión»), y cantaron: «Alerta, alerta al que camina la lucha feminista por América Latina, se cuidan, se cuidan los machistas, América Latina va a ser toda feminista», entre otras canciones.Durante el pañuelazo, Nina Brugo dijo : «Acá hay una cuestión fundamental, así como nuestro proyecto de ley fue respondiendo a la necesidad y a la salud, también lo hizo a los derechos humanos de las mujeres, y Estados Unidos también fue quien suscribió el tratado internacional de la defensa de los derechos humanos de las mujeres para decidir. Eso se está violando y es lo que nosotras queremos manifestar, no solo aquí sino a nivel mundial, porque eso es volver atrás. Como dice una filósofa francesa, parece que los derechos de las mujeres son reversibles y no lo vamos a permitir».En la embajada escribieron en el pavimento con aerosol «Aborto global» y encendieron bengalas verdes al levantar los pañuelos.
En tanto, otra referente de la Campaña por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, Yamila Picasso, contó que tienen contacto con manifestantes de Estados Unidos, y aseguró que «Argentina es una referencia regional y mundial» con respecto a la lucha por el derecho al aborto.
«El pañuelo verde es un símbolo de cómo es la red del movimiento feminista, incluso en Estados Unidos hemos visto cómo tomaron el pañuelo verde para sus manifestaciones», destacó, al contar que este emblema surgió en Argentina en un Encuentro Nacional de Mujeres hasta que se organizó la Campaña y se aprobó como símbolo de lucha con el logo en 2005; a partir de ahí, lo empezaron a utilizar y repartir. Y después del 2017, cuando se realizó el «primer grito global por el aborto legal» un 28 de septiembre, el pañuelo «empezó a viajar por todos lados».
Nos llena de orgullo ver cómo las compañeras de diferentes países salen a luchar por ese derecho con este símbolo que es nuestro», añadió.
Además, utilizar el pañuelo hace referencia a las luchas de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo por los derechos humanos: «decidimos continuar con esa tradición de utilizar un pañuelo, nosotras no lo atamos a la cabeza sino al cuello, pero es en respeto por el ejemplo de lucha de ellas», concluyó la referente.
Entre las manifestantes estuvieron la diputada del Frente de Todos Cecilia Moreau, la diputada del Frente de Izquierda, Romina del Pla; la dirigente nacional del MST, Celeste Fierro, y la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, entre otras.
También participaron del reclamo la reconocida escritora Claudia Piñeiro y estudiantes norteamericanos.
«Nos movilizamos porque estamos preocupadas. Lo que está pasando hoy en Estados Unidos es una Corte de derecha, y en Argentina tenemos la misma situación», dijo Moreau a Télam.
«Siempre peligran los derechos de la mujer, nunca los tenemos que dar por conquistados ni por garantizados, en eso es bueno que nos hermanemos todos los que creemos en estas luchas», consideró la diputada.
Por su parte Fierro señaló que la lucha por los derechos de género es «transversal» y es también «una cuestión de clase». En ese aspecto, señaló que «quienes tienen recursos en Estados Unidos van a poder viajar a los estados donde todavía no está prohibido. Siempre las mujeres con menores recursos, las trabajadoras y las pobres son las presionadas a no poder decidir sobre su sexualidad y su reproducción y muchas veces condenadas a la clandestinidad y a la muerte».
Entre las manifestantes, un grupo de estudiantes oriundas de Estados Unidos, de entre 18 y 21 años, se sintieron interpeladas por la convocatoria y decidieron participar. «Este tópico es muy importante para nosotras porque, si bien yo soy de California hay estudiantes que son de Texas y estados más conservadores que nos ponen en peligro», dijo Sophie.
En tanto la escritora Claudia Piñeiro dijo a Télam en la movilización: «es importante manifestarse hoy porque el feminismo es transversal y no tiene fronteras.
Evidentemente Estados Unidos es un país que tiene mucho peso político, entonces no podemos dejar que estén hablando en todas partes sobre lo que opinan del fallo, como lo hacen el Vaticano o Vox en España, y nosotras no digamos lo que opinamos.
En la Argentina no creo que peligre para nada -el derecho al aborto-, porque hay una ley y mucha gente joven para defenderla».
Espectáculos 🎭
Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino
El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.
La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.
Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.
El arma que regaló la suegra: un dato confirmado
Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.
Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.
Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido
El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.
Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.
Las hijas: vidas que la historia oficial silenció
La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.
La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental
Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.
«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.
La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.
Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino
El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.
Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.
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