Femicidio
Dijo que mataron a su pareja durante un robo pero al parecer fue un femicidio
Juan Luis Monzón quedó detenido por el presunto asesinato de su pareja, Lucrecia Itatí Borda, tras asegurar que murió durante un asalto en su domicilio, aunque los investigadores determinaron que montó una falsa escena para desviar las pericias.
Juan Luis Monzón quedó detenido por el presunto asesinato de su pareja, Lucrecia Itatí Borda, tras asegurar que murió durante un asalto en su domicilio, aunque los investigadores determinaron que montó una falsa escena para desviar las pericias.
Un hombre que había denunciado que su esposa había sido asesinada a golpes por delincuentes durante un robo quedó detenido acusado de femicidio, tras determinarse que montó una falsa escena para desviar la investigación del hecho, ocurrido en una casa del partido bonaerense de Florencio Varela el 13 de julio pasado, informaron este jueves fuentes judiciales.
Se trata del crimen de la empleada hotelera Lucrecia Itatí Borda, de 50 años, cometido en una casa de dos plantas ubicada en la calle 1149 al 1100, de la localidad de Ingeniero Allan, donde vivía con su marido, Juan Luis Monzón, de 53 años, quien en las últimas horas quedó detenido.
«Desde el inicio advertimos contradicciones en su relato. Se le tomó una declaración testimonial, en la que el relato tampoco cerraba, y finalmente, junto a otro elementos analizados por el grupo de Casos Especiales de la Policía Científica, se reforzó la hipótesis de que él la había matado y montado la escena», informó uno de los investigadores del caso.
El hombre insistió ante el funcionario judicial en que el crimen fue cometido por delincuentes en el marco de un asalto.
Por tal motivo, el fiscal de la causa, Hernán Bustos Rivas, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 5 descentralizada en Florencio Varela, solicitó la detención del sospechoso, que esta tarde fue indagado por el delito de «homicidio agravado por existir una relación de pareja y por mediar violencia de género», que prevé la pena de prisión perpetua.
Según las fuentes, el hombre insistió ante el funcionario judicial en que el crimen fue cometido por delincuentes en el marco de un asalto y, por ende, negó su participación en el asesinato.
La denuncia
El hecho ocurrió la madrugada del 13 de julio e inicialmente fue denunciado como un homicidio en ocasión de robo por parte de Monzón, quien relató a la policía que al menos tres delincuentes encapuchados y con guantes ingresaron a su casa a través de una ventana del primer piso que tenía roto el pestillo.
Según esa primera versión que ahora volvió a repetir, los delincuentes los sorprendieron mientras dormían y atacaron a su mujer con un elemento duro en la cabeza hasta matarla.
«Usaron un elemento contundente con algún borde filoso porque la mujer tenía dos cortes, uno de cuatro centímetros y otro de diez centímetros, que le provocó la fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica», precisó un vocero.
Monzón, también empleado de un hotel, presentaba por su parte cortes en sus brazos y en el lado izquierdo del tórax y arañazos en la nuca, según constataron entonces los pesquisas,
De acuerdo a la denuncia, el hombre les entregó una suma de dinero en efectivo y los delincuentes escaparon por el mismo lugar por el que habían ingresado.
Los policías que trabajaron en el lugar encontraron en el techo de la vivienda un bolso con algunas pertenencias de la víctima, aunque desde el inicio sospecharon que habían sido colocadas intencionalmente allí.
Femicidio
Femicidio en Los Polvorines: mató a una madre que defendió a su hija de ser abusada
Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, fue capturado por la Policía Federal en un edificio del microcentro porteño luego de dos días prófugo. Este lunes se realiza la lectura de cargos: enfrenta una pena en expectativa de prisión perpetua por homicidio calificado con violencia de género y uso de arma blanca.
Femicidio en Los Polvorines: atraparon al asesino de la madre que murió protegiendo a su hija
Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, acusado del femicidio de Yolanda Raquel Cáceres, de 52 años, fue detenido por la Policía Federal en las últimas horas en un edificio de la calle Florida, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, en el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, donde frecuentaba a una pareja ocasional. El hombre había permanecido prófugo desde el jueves, cuando cometió el crimen en el partido bonaerense de Los Polvorines, al norte del Gran Buenos Aires.
Una madre que dio su vida por su hija
El hecho ocurrió mientras Yolanda Cáceres y su hija de 9 años dormían en su vivienda. Según los reportes policiales, Amarilla ingresó a la casa a través de una ventana y comenzó a abusar sexualmente de la menor. La madre advirtió la situación e intervino para protegerla. En el forcejeo, el agresor, quien sería una persona conocida por la familia, atacó a Cáceres con dos puñaladas en el cuello y la cabeza, provocándole heridas fatales que le causaron la muerte en el acto.
Luego del crimen, Amarilla huyó. La niña logró escapar de la escena y pidió ayuda a los vecinos. Su testimonio ante los investigadores resultó determinante para identificar y localizar al sospechoso. Una de las frases que trascendió de su declaración resume el horror de lo vivido: «Me tapó la boca para que no gritara».
La detención y el peso de la ley
El allanamiento que derivó en la captura fue descripto como sorpresivo por fuentes policiales. Amarilla se encontraba en el edificio de la calle Florida sin aparente resistencia al momento de ser aprehendido.
Este lunes se realizará la lectura de cargos, el acusado enfrenta cargos por homicidio calificado por mediar violencia de género con uso de arma blanca y su condición de prófugo le cierra la puerta a cualquier beneficio procesal. «Se enfrenta una pena en expectativa a perpetua.
Violencia de género: el crimen que no puede naturalizarse
El caso de Yolanda Cáceres no es un hecho aislado. Es el resultado de una violencia estructural que sigue cobrando vidas de mujeres en Argentina. Una madre asesinada por interponerse entre un agresor y su hija de 9 años que era víctima de abuso sexual. Una niña que ahora carga con el testimonio de haber visto morir a su madre mientras la defendía. Un femicida que huyó y se escondió durante dos días antes de ser atrapado.
La muerte de Yolanda exige respuestas que van más allá de la condena individual: políticas públicas de prevención, recursos para la justicia con perspectiva de género, y una sociedad que no mire para otro lado cuando hay señales de violencia en el entorno.
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