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Entrevista

María Fernanda Callejón: “Estoy en una etapa donde los personajes y la vida me eligen a mí”

En una charla íntima con El Argentino, la actriz habla de su presente profesional y emocional, del renacer que está atravesando, de su vínculo con Giovanna y de por qué no volvería a convivir ni a casarse.

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Por Andrea Reyes

Con una energía renovada y atravesando lo que define como un verdadero “renacimiento personal”,en diálogo con El Argentino María Fernanda Callejón confiesa: “Hoy estoy en una etapa donde los personajes y la vida me eligen a mí”. Esta frase resume el momento que está viviendo: un presente profesional en expansión y un proceso íntimo de reconstrucción que marca cada una de sus decisiones.

El 2025 la encuentra multiplicando proyectos: acompaña a Moria Casán en Las Mañanas con Moria por El Trece, celebra que Flow y TNT confirmaron la segunda temporada de Viudas negras, p*tas y chorras, y regresó a un lugar clave de su historia, el Tabarís -hoy Multitabarís- con Viudas e Hijas, la obra de Alfonso Paso Jr dirigida por Héctor Díaz, junto a un elenco de primera línea: Nora Cárpena, María Valenzuela, Sofía Gala Castiglione y Gonzalo Urtizberea.

La pieza teatral gira en torno a una viuda y sus dos hijas que, tras recibir una herencia millonaria, deben enfrentar condiciones inesperadas que destapan secretos guardados.

Para Callejón, el verdadero núcleo de la obra está en lo humano: “Es una obra de vínculos”, sostiene. Y como sucede en cualquier familia, cuando sobrevienen las situaciones límite, las máscaras caen y se revela quién es quién. “Amo hablar de vínculos”, afirma mientras atraviesa una etapa donde, justamente, busca sanar, fortalecerse y elegir su paz. Ese espejo entre su vida personal y la obra marca un punto de encuentro inevitable.

Y lo resume en una idea que funciona casi como manifiesto: “Los vínculos hablan de cómo vivimos nuestra vida, de cómo nos relacionamos y de cómo vamos percibiendo las cosas a medida que crecemos y atravesamos experiencias, lindas y difíciles. Eso hace que el público se identifique mucho: se ríe sin parar, pero también se queda pensando. Es esa típica comedia que, detrás del humor, deja una reflexión”.

-¿Cómo llegó la propuesta y qué significó para vos volver al Multitabarís, un teatro tan ligado a tu historia personal?

-Yo nunca me fui del teatro, pero durante un tiempo no acepté propuestas por cuestiones logísticas con mi niña. Cuando me llamó Tomás Rothenberg yo estaba evaluando cuatro obras, pero paré todo y dije: “Es acá”. Volver al Tabarís (ahora Multitabarís) es volver a casa: yo empecé mi carrera ahí. Este regreso es parte de un ciclo que se repite y que me encuentra en un año de renacimiento personal y laboral.

-¿“Viuda e Hijas” continuará en Buenos Aires durante el verano?

-Sí. Vamos a quedarnos acá. La obra va muy bien, viene subiendo función a función. Hoy muy pocos teatros logran explotar. La cultura está muy golpeada desde el año pasado, por eso para mí fue una bendición maravillosa el estreno de “Viudas negras, put*s y chorras”, que se lanzó a nivel mundial -dándonos mayor visibilidad en un mercado internacional- y que siga siendo un éxito, y que también se haya sumado este proyecto teatral que me moviliza profundamente.

-Recién hablabas de renacimiento, ¿en qué momento personal sentís que estás hoy?

-Ella es lo más importante de mi vida, es el amor verdadero. Estoy enfocada, mejor dicho, la prioridad está puesta en mí, el amor propio, tan mal visto y con tan mala prensa, yo lo estoy aplicando, porque si uno no está bien, no puede ayudar ni a su hijo. Ese es el mecanismo, todo es piramidal. Si mamá no está feliz, los niños no están felices.

-Giovanna está por dar su primer paso profesional. ¿Cómo vivís vos ese debut?

-Sí, en su primera experiencia profesional va a protagonizar con Campy “Papá por siempre” el 20 de marzo; estrenan en el Teatro Liceo.

Desde que nació me di cuenta que seguiría mis pasos. Traté de estirar lo más que pude esto, pero siendo del medio, intuí que era hora de decirle que sí a Gio. Me dijeron: “Si estás orgullosa de tu hija, te voy a contar algo para que lo estés más: acá no hay portación de apellido, Giovanna tiene su propia luz, brilla, tiene un talento inusitado”.

-¿Y cómo se viene preparando para eso?

-Hace dos años que está en la escuela de Cris Morena, y desde los tres años hace danzas clásicas, hizo urbano, tela, patinaje sobre hielo. Tiene un alma muy autodidacta. Lo de Giovanna es tremendo, fantástico. 

-¿Qué mirada tenés hoy sobre el método de formación de Cris Morena y su escuela?

-Cris cambió mucho, tiene un estilo Montessori. Ellos no son principiantes, son actores y actrices en construcción. Hoy noto que Cris está muy pendiente de esas cosas. Hay mucha inclusión en su escuela.

Uno evoluciona y me parece que no deja de ser un semillero y un referente muy grande para muchísimos artistas. Además, los contratos de los chicos los digita pura y exclusivamente minoridad, con la firma de los padres. Así que estoy muy tranquila y feliz de acompañarla y de cumplirle este sueño. No se puede tapar el sol con la mano.

“Viudas e Hijas”

-¿Su papá también la acompaña en este camino artístico?

-Sí, por supuesto. Ella lo habla mucho con su papá y yo, si bien tengo contacto cero, separo las cosas. Yo soy mamá primero que nada. Además, Giovanna ya tiene voz, es una nena de diez años, pero que ha vivido mucho. Mirá lo que le toca hacer, “Papá por siempre”, una historia donde el arte le va a permitir sanar su propia historia.

-¿Y vos cómo vivís tu presente laboral y personal?

-Estoy en un buen momento profesional y personal. Hoy estoy en una etapa donde los personajes y la vida me eligen a mí. Imaginate, estoy en una obra que habla de los vínculos. Todo lo que nos pasa a mi hija y a mí en lo artístico tiene que ver con lo que nos sucede en la vida. El arte y el amor es lo que nos va a salvar siempre. Estoy segurísima de eso.

-Hablás mucho de renacer y sanar. ¿Cómo definirías este proceso personal?

-Sanando que no significa no tener momentos de felicidad. Aprendí muchísimo. Estoy aplicando todo el aprendizaje que tuve en estos difíciles años que nunca me habían pasado en la vida. Hoy estoy en un éxito personal: estoy renaciendo, plena, libre y muy feliz conmigo, con lo que estoy transitando y transmutando acompañada de mi hija, que es el único amor verdadero que voy a tener en mi vida.

-¿Sentís que ese crecimiento también te fortaleció?

-Sí, tal cual. Pero todos los días, con cualquier cosita, viene alguien y te quiere cagar el día, a mí no me lo cagás, al contrario, me subís la vara para fortalecerlo y direccionarlo hacia otro lado positivo, nutritivo. Hoy elijo mi paz.

-Y en el plano afectivo, ¿te gustaría volver a enamorarte?

-Cuando uno tiene 59 años y ha tenido la vida que tuve yo, que son varias vidas en una sola, para mí ya el paradigma del novio, pareja, te digo, “¿qué es eso?” Sí creo en el amor adulto, pero el enamoramiento, ya lo vivimos a los 20, 30, yo ya aposté a todo. Hoy soy una mujer libre: no conviviría nunca más con nadie, no me casaría jamás. Sí tendría un compañero de vida, pero no sé si lo llamaría compañero, un amor adulto, que tiene más que ver con mi adultez, con la etapa que estoy viviendo en la vida. Lo demás son paradigmas que ya no los recito. Estamos en otro asiento.

 

 

 

 

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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