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Cultura

Murió la cantante Norma Peralta, hermana de Miguel Abuelo

Dueña de una extensa trayectoria murió a los 85 años.

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La cantante y compositora Norma Peralta, hermana mayor del recordado Miguel “Abuelo” Peralta, y dueña de una extensa trayectoria en el terreno de la música popular latinoamericana, murió hoy a los 85 años.

Norma nació en la ciudad bonaerense de Junín y fue criada en una familia trabajadora que le transmitió su amor por la música; cuando tenía nueve años nació su único hermano Miguel Ángel, quien luego se convirtió en Miguel Abuelo, poeta, compositor, actor y cantante,

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Miguel fue líder de Los Abuelos de la Nada y creador de canciones emblemáticas del rock argentino como “Himno de mi corazón” y “Cosas mías”; murió el 26 de marzo de 1988 y sus cenizas fueron esparcidas en las costas de Mar del Plata.

“Pasan los años pero siento que la figura del Abuelo, sus canciones están cada vez más vigentes y son muchos los chicos que lo están descubriendo ahora y eso mantiene viva su memoria”, dijo Norma en el marco de un homenaje que realizó en su memoria al cumplirse 24 años de su fallecimiento.

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Sus primeros pasos en el terreno artístico los dio cuando tenía 20 años, entre el canto folclórico y la actuación. Desde ese momento su orientación la llevó al canto popular latinoamericano, particularmente a la música ancestral o nativa.

Tomó clases de guitarra, al poco tiempo descubrió el canto con caja y se dedicó a interpretar canto recopilado del noroeste argentino. Tomó clases de técnica vocal con la cantante Mercedes Melbros, y paulatinamente se acercó al canto de autor, y se dedicó a difundir estos estilos durante varios años.

También cantó a dúo con Miguel canciones folclóricas; mientras Miguel, ya adolescente, comenzaba a relacionarse primero con el teatro infantil para luego pasar al género que cultivaría a lo largo de su vida.

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En 1972 editó su primer álbum titulado ‘La fuerza del diálogo’, acompañada por Naldo Labrín -integrante de los grupos Huerque Mapu y Sanampay-; mas tarde, arreglador de Alfredo Zitarrosa, con repertorio folclórico argentino y latinoamericano.

En 1974 grabó su segundo L.P , que llevó su nombre y apellido como título y grabó junto a Rodolfo Fernández Brac. El álbum estaba integrado por obras del cancionero latinoamericano de autores como Chabuca Granda, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Chico Buarque y Violeta Parra, entre más.

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Desde hace varios años Norma venía incluyendo en su repertorio de canto popular latinoamericano canciones acústicas de Miguel como “Mariposas de Madera”, “Oye niño”, “Himno de mi corazón”, entre otras.

Cultura

Murió Ramón Ayala, máximo referente de la música del litoral

El artista, de 96 años, se encontraba internado hacía más de 10 días a causa del agravamiento de un cuadro de neumonía.

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El-Argentino-Ramón Ayala.

Por Mariano Suárez

El misionero Ramón Ayala, creador original, exuberante y plebeyo, referencia por excelencia de la música litoraleña y ejemplo de una forma de acercamiento del hecho artístico inasible para los medios de comunicación, falleció este jueves a los 96 años en la Ciudad de Buenos Aires.

Allegados al artista indicaron que Ayala murió en el Sanatorio Güemes donde se encontraba internado y en delicado estado desde hace poco más de 10 días a causa del agravamiento de un cuadro de neumonía.

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Su nombre real era Ramón Gumercindo Cidade y sus oficios múltiples: compositor, intérprete, guitarrista, pintor, narrador de historias; todos ejercidos sin detenerse en la barrera de la exageración. Su acta de nacimiento está fechada el 10 de marzo de 1927, en Garupá.

Músico intuitivo y genial, se atribuye ser el creador de un ritmo, el gualambao, y es el compositor de canciones de envidiable belleza, a la vez portadoras de una voz de denuncia social: “El jangadero”, “El mensú”, “El cosechero”, “Canto al Río Uruguay”, entre tantas.

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Ramón Ayala, el infinito creador de la música del litoral.

Más allá de los datos biográficos duros sobresalen al menos dos méritos: en un ambiente folclórico en el que irrumpieron en un momento Los Chalchaleros, Los Fronterizos, y tantas formaciones copiadas en espejo hasta el hartazgo, Ayala trabajó en otra línea, más cuidadosa. Así como en Salta y Tucumán se levantaron Eduardo Falú o el Dúo Salteño, en el litoral, Ayala, forjó su propia tradición.

Habrá que computarle, además, que irrumpió en una escena dominada, en el litoral, por la música correntina y allí también se las arregló para construir un camino propio.

Nació en 1927 en el pueblo de Garupá, a 15 kilómetros al sureste de Posadas, frente al río Paraná, y en la frontera con Paraguay. Fue el mayor de cinco hermanos.

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En la adolescencia, tras la muerte de su padre, se trasladó a Buenos Aires, con su madre y se inició, de manera intuitiva, en el aprendizaje de la guitarra.

Acompañó al cantor cuyano Félix Dardo Palorma y, alentado por el maestro Herminio Giménez, comenzó a trabajar el repertorio litoraleño.

El-Argentino-Ramón Ayala.
El recorrido de Ayala fue emparentado con el de Atahualpa Yupanqui.

A lo largo de los años 50, Ayala formó parte del trío Sanchez-Monjes-Ayala (junto a Arturo Sánchez y Amadeo Monjes) con el que recorrió una amplia variedad de canciones, de las guaraníes a las más porteñas, sin descuidar los boleros.

Hacia 1960 creó el gualambao con la idea de darle un estilo propio y único a su provincia (tuvo un contrapunto público con Chango Spasiuk sobre el origen de esa especie).

El gualambao está formado por dos ritmos de polca encadenados por una permanente síncopa que le confiere una fisonomía particular. Se escribe en compás de 12/8 (doce octavos), es decir que cada compás posee 12 corcheas distribuidas entre 4 tiempos.

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En 1962 viajó a Cuba, invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Allí pudo conocer al revolucionario a Ernesto “Che” Guevara, y comprobar que su canción “El mensú” había sido cantada en los fogones revolucionarios de la Sierra Maestra durante la Revolución Cubana.

“En 1963 compuse ´El cosechero´, que fue un éxito enorme. Y ´El jangadero´, que Mercedes Sosa cantó como nadie. Desde entonces no paré de componer”, narró el propio Ayala.

Escribió el periodista Sergio Pujol: “Digamos que “El cosechero” es la metonimia de Ayala: todo su ser está ahí, perfectamente aludido. Están su barroco cuasi tropical, su instinto pictórico, su nervio rítmico, su talento para la melodía. Están el paisaje encarnado, y el hombre vuelto paisaje. Están la libertad del que canta y la condena del que trabaja: Rumbo a la cosecha, cosechero yo seré…”

Ayala, creador de más de 300 composiciones, grabó en 1976 su primer disco solista, “La vuelta de Ramón Ayala El Mensú”.

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“Posadeña linda”, “El río vuelve”, “Mi pequeño amor”, “Zambita de la oración”, son otras de sus reconocidas obras.

“Hay una especie de descubrimiento con mi obra. O tal vez todos me están cargando”, bromeó Ayala hace algunos años sobre la múltiple ramificación de su música, especialmente entre estudiantes y músicos jóvenes.

Fue el centro de un documental filmado por realizador y fotógrafo Marcos López, en 2013, tan caótico como el personaje que se proponía retratar. Así lo describió: “Ramón es exagerando, siempre está declamando el instante de la fragilidad de la existencia, es místico, podría ser como un Walt Whitman pero en la selva guaraní, una especie de monje y filósofo”.

Su recorrido fue emparentado, por su forma solista, su inclinación por la canción social y su proximidad con la naturaleza, con la figura de Atahualpa Yupanqui. Más allá de gustos, Ramón Ayala resiste esa comparación.

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