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Cultura

Cuando jugar juntos le gana al celular

Los Raviolis regresaron al Paseo La Plaza con Piyama Party, un espectáculo para toda la familia que combina humor, música y una mirada sobre las infancias, el juego y el rol de los adultos.

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“No puede competir el teléfono con mi papá que se sienta upa mío». La frase aparece durante una charla exclusiva que Los Raviolis mantuvieron con El Argentino. El encuentro combina risas, cargadas entre compañeros e interrupciones constantes, pero también deja entrever algunas reflexiones que atraviesan Piyama Party, el espectáculo que volvió este año a la Sala Picasso del Paseo La Plaza, con dirección de Diego Reinhold.

Integrado por Gabriel «Gabichu» Wisznia, Valeria Donati, Juan Pablo Esmok Lew, Esteban Ruiz Barrea, Bruno Martin Delucchi Maguid y Martín Blas Cicala, el grupo regresó con una propuesta que ya había conquistado al público en su primera temporada. El espectáculo continúa durante junio los domingos a las 16.30, seguirá en cartel durante julio y tendrá funciones todos los días durante las vacaciones de invierno.

La charla con los integrantes refleja exactamente lo que ocurre sobre el escenario: humor, improvisación y una mirada sincera sobre las alegrías y desafíos de criar hijos en estos tiempos. En la escuela ) «Es lo cotidiano hecho obra»

La banda Los Raviolis nació en mayo de 2012 de casualidad en el Jardín de Infantes «Profesora Margarita Ravioli» de la Ciudad de Buenos Aires, cuando su directora convocó a un grupo de padres que eran músicos para preparar un show sorpresa en homenaje a las maestras jardineras.

Desde aquel encuentro casual hasta hoy, Los Raviolis llevan años construyendo un lenguaje propio a partir de situaciones que cualquier madre, padre o cuidador reconoce al instante. Por eso, cuando se les pregunta de dónde surge Piyama Party, Diego Reinhold, director del espectáculo, responde sin vueltas: «Es lo cotidiano hecho obra».

La piyamada que se complica, el chico que quiere volver a su casa a mitad de la noche, el que pide plata, el que se golpea cuando todos estaban tranquilos, la niñera que falla o el padre que intenta arreglar una situación y termina empeorándola: escenas cotidianas que se transforman en humor sobre el escenario. «Algo de todo esto te tiene que haber pasado», bromean entre todos. «Te vas a identificar», aseguran. Y no hablan solamente de los chicos, sino también de los adultos.

«Vas a salir de acá transpirado, energizado», dice Juan Pablo Esmok Lew sobre la experiencia de quienes llegan pensando que podrán descansar mientras sus hijos se entretienen. Y Diego agrega entre risas: «Los papás salen arriba también».

Esa identificación parece ser una de las claves del fenómeno. Aunque está pensado para las infancias, el espectáculo encuentra una resonancia especial entre los adultos, que terminan viéndose reflejados en muchas de las situaciones que aparecen sobre el escenario.

(Subt) El derecho a jugar (y a aburrirse)

En algún momento de la charla aparece inevitablemente el tema de las pantallas. Sin embargo, lejos de quedarse en una crítica simplista, los integrantes prefieren correrse de la queja y pensar qué alternativas puede ofrecer.

«Hay algo de la experiencia teatral que permite conectar con lo que está pasando en el momento, en el aquí y ahora», señala Valeria Donati. Y agrega que incluso las canciones del grupo abordan el tema desde la autocrítica: «Los pibes tienen el celular todo el tiempo porque somos nosotros los que tenemos el celular todo el tiempo».

Para Gabriel «Gabichu» Wisznia, la experiencia teatral genera algo difícil de replicar en otros ámbitos. «En esta obra pasan tantas cosas entre los papás y los hijos que lo que termina pasando es que hay un momento de mucha calidad que se vive de vínculo. Vos los ves abrazándose, haciéndose cosquillas, jugando una guerra de almohadones. Todo eso ocurre y es mucho más divertido que el teléfono».

La reflexión va todavía más allá. «El problema es cuando ninguno de nosotros ya se puede aburrir. Ni los grandes ni los chicos. Para nosotros es un problema, pero para los chicos es un problemón no poder aburrirse», plantea.

Valeria Donati retoma esa idea y la convierte en una definición de principios. «Las infancias siempre fueron cambiando. Las infancias de nuestros padres no fueron como nuestras infancias, como no fueron las de los abuelos», señala. Y agrega: «Nosotros tenemos la responsabilidad como adultos de seguir siendo adultos primero, y de ver cómo acompañamos eso y qué ofrecemos».

En ese sentido, Donati explica que detrás de cada decisión artística hay también una postura sobre qué tipo de experiencias vale la pena compartir con los chicos. «Nosotros nos podemos reír y podemos hacer la piyamada, podemos revolear almohadones, pero estamos diciendo un montón de cosas también con lo que estamos haciendo».

Cultura

Murió Rubén Rada, el creador del candombe beat que enamoró al rock argentino

El músico uruguayo, uno de los referentes más queridos de la música rioplatense, falleció este miércoles a los 83 años tras batallar durante un mes contra una neumonía bilateral. Su influencia fue decisiva para figuras como Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, con quienes compartió escenarios y grabaciones a lo largo de más de seis décadas de carrera.

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El Negro Rada y el candombe beat: cómo un músico uruguayo cambió para siempre la música argentina.

Murió el músico uruguayo Rubén Rada a los 83 años, uno de los referentes más queridos de la música rioplatense, falleció este miércoles tras batallar durante un mes contra una neumonía bilateral. Su influencia fue decisiva para figuras como Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, con quienes compartió escenarios y grabaciones a lo largo de más de seis décadas de carrera.

La familia de Rubén Rada confirmó su muerte este miércoles 26 de agosto a través de las redes sociales con un mensaje que conmovió a Uruguay, Argentina y toda América Latina: «Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15.30 se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra la neumonía y sus complicaciones. Gracias a todos por los mensajes de preocupación y el amor de hoy y siempre. Infinitas gracias al equipo profesional que hizo todo lo posible y más», decía el comunicado. Con esa noticia, la música popular rioplatense perdió a una de sus figuras más originales, irrepetibles y queridas.

El Negro Rada: de las comparsas de Montevideo al mundo

Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, Rubén Rada comenzó su camino musical desde niño, en las comparsas de negros y lubolos. A los diez años ya integraba la comparsa Morenada y en la adolescencia pasó por la murga La Nueva Milonga y por la orquesta Cubanacán de Pedro Ferreira, a quien señaló toda su vida como una de sus influencias centrales. En la década del 60, con el grupo El Kinto, protagonizó uno de los momentos fundacionales de la música uruguaya: la fusión del candombe tradicional con el rock y los instrumentos eléctricos, cantada en español, un movimiento que él mismo bautizó candombe beat.

El camino continuó con Tótem y luego con Opa, donde junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso llevó la combinación de candombe y jazz-rock hasta los Estados Unidos, trabajando junto a músicos internacionales de primer nivel. Esa capacidad para moverse entre géneros sin perder identidad definió toda su carrera: Rada nunca fue solo un músico de nicho, sino un artista que expandió constantemente los límites de lo que el candombe podía hacer.

Su vínculo profundo con Argentina

La relación de Rada con Argentina fue mucho más que la de un artista extranjero con su público vecino. Vivió en Buenos Aires durante doce años, desde 1979, período en el que construyó vínculos artísticos y personales que marcaron su obra y su vida. En esa etapa participó como parte del elenco original de Hair en Argentina, uno de los musicales más emblemáticos de la historia del espectáculo local. «Argentina me gustó siempre, tanto es así que me traje una mujer y tres hijos argentinos», decía el propio músico en entrevistas. Sus hijos Lucila y Matías, ambos músicos, nacieron en Buenos Aires.

Su influencia sobre el rock nacional fue ampliamente reconocida por sus propios protagonistas. Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar compartieron escenarios y grabaciones con él, y lo reconocieron como una referencia ineludible. La admiración de Páez por Rada era, en palabras del propio rosarino, superlativa: en 2024 participó del disco de Julieta Rada, hija del músico, versionando un clásico de su padre. En los últimos meses antes de su hospitalización, tanto Páez como Jorge Drexler y Daniela Mercury lo habían convocado a sus propios shows para compartir el escenario.

Un legado que abarca seis décadas y múltiples formatos

La obra de Rada trascendió la música. Participó en telenovelas argentinas como Gasoleros, en ficciones uruguayas, condujo programas de televisión y radio, integró el jurado de La Voz Uruguay y La Voz Kids, y protagonizó espectáculos unipersonales que recorrieron América Latina. También desarrolló un trabajo para el público infantil, con el personaje Rubenrá, que acercó el candombe y la música popular a nuevas generaciones.

Entre sus canciones más emblemáticas se encuentran «Cha cha, muchacha», «Muriendo de plena», «Ayer te vi» y «Adiós a la rama». Su discografía supera los treinta álbumes de estudio, incluyendo trabajos instrumentales, discos de jazz, de candombe puro y de fusión con samba y bossa nova. En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical, el mayor reconocimiento de la industria a una trayectoria que la Academia consideró excepcional. En 2014 el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay le otorgó la Medalla Delmira Agustini, y en 2024 la Junta Departamental de Montevideo instaló una baldosa con su nombre en la peatonal Sarandí, en Ciudad Vieja.

Activo hasta el final, con proyectos abiertos

Rada estaba en plena actividad cuando la neumonía bilateral lo obligó a internarse. El 16 de julio, en su cumpleaños 83, había lanzado ¿Quién va a cantar?, un ciclo de encuentros musicales que reúne a artistas de distintos géneros y se transmite por YouTube. Su última aparición pública registrada fue el 25 de julio, cuando asistió a un festival para ver a la cantante argentina Abril Olivera y acompañar la presentación de su hijo Matías. Además estaba preparando un ciclo de homenajes a Tótem junto a Daniel Lagarde y Santiago Ameijenda, con fechas previstas para octubre. Ninguno de esos planes pudo concretarse.

La despedida del mundo de la cultura

Las reacciones ante la muerte de Rada llegaron de todos los ámbitos. Dante Spinetta, hijo de Luis Alberto, publicó en las redes sociales de la familia Rada: «Gracias por tanto Negro querido». Nito Mestre, histórico compañero de Charly García en Sui Generis, expresó «Un enorme abrazo para toda la familia». Leandro Lopatín, guitarrista de Turf, lo despidió con un simple y contundente «VIVA RADA». Los mensajes de colegas, fans y figuras de la política, el deporte y la cultura convirtieron el posteo de la familia en un mural colectivo de afecto que desbordó las redes sociales de Uruguay y Argentina.

Puntos clave del adiós a Rada

  • Rubén Rada murió el 26 de agosto de 2026 a los 83 años, en Montevideo, tras una neumonía bilateral de un mes de evolución.
  • Fue el creador del candombe beat, fusión del ritmo afro-uruguayo con el rock, el jazz y el funk, que marcó la música rioplatense desde los años 60.
  • Vivió doce años en Buenos Aires y fue una influencia decisiva para Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar, entre otros.
  • En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical y fue nombrado Ciudadano Ilustre de Montevideo.
  • Estaba activo hasta el momento de su internación: había lanzado un nuevo ciclo musical en julio y preparaba un homenaje a Tótem para octubre.
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