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Pequeños relatos para una correcta digestión. Vol II

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Por Manu Campi | @manucampimaier

I

Si me discriminás por blanco —dijo el enano Garrisky—, te discrimino por negro. Y Sergito no dijo nada, que sino enseguida le daba un puntazo en el pecho.

Había pasado tiempo desde la escondida sobre Lerma, cuando la tarde se entretenía dibujando la línea de mugre en el cuello, la coca fría en la puerta del almacén de Luigi y la vuelta a casa antes de la cena. Firmaron su contrato en el pan y queso y escribieron las cláusulas que ahora definían la seguridad de poder gritarse cualquier cosa.

Sergito era uno de los hijos del Edificio de Jufré. Once pisos ocupados en plena construcción durante los años setenta, y que tuvo una primera y precaria estructura como única obra. Así lo llamaban los vecinos para orientar a los forasteros con una referencia próxima, con severa recomendación de no pasar por allí en horas oscuras.

Garrisky creció parejo a dos cuadras, con cochera, ascensor y un encargado especialista en sacar la mejor versión del bronce.  

A Sergito lo educaron con el cinto y a los trece fumaba pasta base, revendía estéreos en Libertad y conoció el Agote antes de debutar. A Garrisky lo castigaban encerrándolo a estudiar los fines de semana. Cumplieron dieciocho el mismo año. Uno pago dos años y medio en Caseros y al otro le regalaron un Renault 21 que lo llevó regularmente a la facultad.

Compartían un extraño gusto por el dinero de la gente y de lo mismo hablaban cuando tomaban milonga en la puerta del mismo almacén, pero a la hora del postre. En el umbral de Luigi daba gusto oírlos hablar de autos, mujeres hermosas y jugadores de fútbol.

Sergito hizo del choreo su oficio y de la casa grande su segundo hogar. Garrisky, igual que su abuelo, su padre y su hermana, se convirtió en contador público. Lo cual es mucho peor.

II

La mesa tiene al gerente en la cabecera. La piba de recursos humanos parece estar sentada a su lado para festejar cualquier pavada que diga. El tipo sentó a todo el sector para despedir el año en un prolijo restorán. Los que mejor lamieron de sus pelotas durante el año son los más próximos, los que no, junto a los ‘nuevos’, se acomodan más lejos.

Como en la empresa, el hombre es todo un gesto. Se desabrocha el último botón de la camisa blanca como señal de distención. Habla, los demás escuchan. Habla de las vacaciones próximas y qué barato los vuelos a Miami. Decide el menú en nombre de todos. El hombre es práctico y ordena el alimento de fin de año, no sin antes aclarar que agua o gaseosa, una por cabeza. Las demás van por cuenta de quien las pida.

Para él, la de recursos humanos y el lacayo a su izquierda, una botella de vino de etiqueta respetable. Paga la empresa, se jacta, y la piba suelta una cacajada fingida.   

Durante el almuerzo, las proezas que cuenta el tipo se acompañan con onomatopeyas cómplices o asintiendo con la cabeza.

Rápido para todo, se explayó sobre lo bien que marcha la empresa, aclarando que de no ser por todo el equipo no habría éxito posible. Un gerente hecho y derecho en plena declaración de principios. Los logros, el sentido de la responsabilidad, los objetivos cumplidos y, sobre todo, aquellos a cumplir.

Qué equipo y qué bien poder cerrar así el año, soltaba regularmente.   

Desde el fondo, las caras no eran las mismas. El espacio reservado para los más desprolijos se espesó antes que llegue el flan mixto. A los que durante el año llegaron tarde, pidieron días de estudio y tuvieron el mal gusto de enfermarse, el tipo les hablaba en tercera persona. Menos mal que el gerente es piola —decía—, que si no estarían acá sentados. La piba volvió a reírse. La conversación se partía en el medio de la mesa.

Los del fondo hablaban sobre cuando iban a repartir las cajas navideñas, mientras hacían cuentas para repetir gaseosa. Si todavía no pagaron el aguinaldo, imaginate la sidra y el pan dulce, balbuceó un fastidioso que quizás solo tenía sed.  

El gerente hablaba, terminó de comer, se distendió con lo que quedaba del vino y que la piba de recursos humanos le sirvió durante el almuerzo en una actitud espantosa.   

Qué bien que se come acá, ¿no?, preguntó el gerente. Andate a la puta que te parió, escupió el sediento.  

III

“Nací para robar rosas en las autopistas de la muerte”. Bukowski.

A Kane

El pibe era joven. Lo primero que lo mató fue el piso sucio. Una única mancha de gasoil en el pavimento de Elcano y Álvarez Thomas. Evitar la zona por un siniestro, dijo el informativo. El miércoles a la madrugada Colegiales no tiene tránsito ni sentido alguno,, y por eso fue la primera noticia que publicaron los diarios. Lo segundo que lo mató fue el camión de basura que no llegó a frenar a tiempo. Hoy temprano se convirtió en accidente. Murió en una mancha de combustible. Sin sentido, ni identidad y en una ciudad dormida; y sin resto cerró los ojos con las balizas del camión escupiéndole la suerte en la cara. En el medio de la cara.

IV

Azules o violetas. El jardín se ve solo en partes, pero se nota un cuidado cantor. La curiosidad juega el juego que toca y canta.   

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Tecnópolis: Figoli supera por $20.700 millones a Buenos Aires Arena

Perfeta Producciones ofreció $204.000 millones por explotar el predio de Villa Martelli durante 25 años, contra $183.300 millones de Buenos Aires Arena, socia de La Nación y Live Nation. Pero el 70% del puntaje queda librado a la apreciación de la AABE.

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El parque de ciencia y tecnología que abrió sus puertas en 2011 como espacio público y gratuito quedó a un paso de pasar a manos privadas por un cuarto de siglo. En la licitación de Tecnópolis, la oferta del empresario Marcelo Figoli supera por $20.700 millones a la de Buenos Aires Arena, la sociedad que integran Live Nation y el diario La Nación, pero la decisión final dependerá de rubros que la AABE evaluará con total discrecionalidad.

El concurso fue convocado por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) mediante la Resolución 98/2025, publicada en el Boletín Oficial el 15 de diciembre de 2025, para conceder el uso y la explotación comercial del predio de Villa Martelli por 25 años, con una prórroga posible de un año más. El destino fijado es el de actividades recreativas, de esparcimiento y ocio, con posibles actividades complementarias deportivas, culturales y comunitarias.

Las ofertas

Según la documentación del concurso, Perfeta Producciones S.A. presentó una oferta económica total de $204.000 millones, frente a los $183.300 millones de Concesión Villa Martelli BAA SAPU, la sociedad de Buenos Aires Arena S.A. La diferencia es de alrededor del 11 por ciento a favor de Perfeta.

El canon mensual surge de dividir el total por los 300 meses de concesión: $680 millones por mes en el caso de Perfeta y $611 millones en el de Buenos Aires Arena. La propuesta de Buenos Aires Arena coincide exactamente con el canon base fijado en el pliego, es decir, el mínimo que el Estado aceptaba cobrar.

Setenta puntos a criterio de la AABE

El concurso reparte 100 puntos: hasta 40 por el proyecto, hasta 30 por el plan de inversión, hasta 20 por el canon ofrecido y hasta 10 por los antecedentes. Con los datos disponibles, Perfeta se impone en los dos rubros que se miden con criterios objetivos, el canon y los antecedentes.

El resto, el proyecto y el plan de inversión, suma 70 de los 100 puntos y queda librado a la apreciación de la AABE. Será en ese terreno, el más subjetivo del concurso, donde el Gobierno defina quién se queda con un predio público de más de 50 hectáreas.

Quiénes compiten

Perfeta forma parte de una alianza con Fénix Entertainment, el grupo estadounidense AEG Worldwide y Cárdenas Marketing Network (CMN). Figoli es el empresario detrás de Fénix Entertainment, a la que está vinculada Perfeta; entre sus antecedentes recientes figura la concesión por 20 años del Aconcagua Arena, en Mendoza. AEG opera estadios y arenas en distintos mercados y declara recibir más de 100 millones de asistentes por año.

Del otro lado está Buenos Aires Arena, que opera el Movistar Arena y cuenta con el respaldo de Live Nation Entertainment, que en junio adquirió una participación mayoritaria en la sociedad. La Nación conservó una participación accionaria significativa y busca sostener y ampliar su presencia en el negocio del entretenimiento en vivo.

Un parque público que se achica

Tecnópolis ocupa 509.759,79 metros cuadrados y depende hoy de la Secretaría de Cultura de la Nación. Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, su planta de trabajadores pasó de 333 a 198 personas, una reducción de más del 30 por ciento. El Gobierno justifica la concesión en una estructura de gastos elevada, un bajo nivel de uso y problemas de deterioro, según fuentes oficiales.

El predio, inaugurado durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fue pensado como una gran muestra de ciencia, tecnología y cultura con acceso gratuito, que sostuvo incluso tras su reapertura. Lo que se licita ahora no es un parque de divulgación científica, sino un negocio de espectáculos que se disputan dos gigantes del entretenimiento con socios extranjeros.

Lo que tenés que saber:

  • La AABE licita la concesión de Tecnópolis por 25 años para actividades recreativas y de ocio.
  • Perfeta Producciones, de Marcelo Figoli, ofreció $204.000 millones; Buenos Aires Arena, socia de La Nación y Live Nation, $183.300 millones.
  • La oferta de Buenos Aires Arena equivale al canon base de $611 millones mensuales fijado en el pliego.
  • El proyecto y el plan de inversión suman 70 de los 100 puntos y dependen de la evaluación de la AABE.
  • La dotación de Tecnópolis bajó de 333 a 198 trabajadores durante la gestión de Milei.
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