Entrevista
Julieta Ortega: “A los 50 ya no tenés que dar explicaciones, es puro disfrute”
En exclusiva con El Argentino, la actriz habla de su regreso a Sex, de un presente artístico libre y del disfrute de los 50, etapa en la que prioriza su autenticidad. También reflexiona sobre su feminismo temprano y cómo su crianza forjó su personalidad.
Por Andrea Reyes
Julieta Ortega regresó a Sex, El Show en el Gorriti Art Center -donde se presenta junto a Diego Ramos y Nico Riera durante noviembre y diciembre- antes de viajar a Mar del Plata para sumarse a Sex, La Obra. En diálogo con El Argentino, habla de un presente artístico libre, sin prejuicios y con una identidad cada vez más definida.
Criada entre varones, asegura que ese entorno forjó su carácter y su temprana militancia feminista, una convicción que mantiene vigente en un momento social donde, afirma, “hay que estar despiertos”.
-¿Por qué creés que el público de Sex vuelva una y otra vez al espectáculo?
-Todo el tiempo tenés un show nuevo; entonces, la gente que lo vio hace tres o cinco meses regresa y se encuentra con otra versión. Creo que ese es parte del secreto de que siga ahí desde hace seis años.
-¿Cómo fue tu primer acercamiento a Sex como espectadora?
-Tardé mucho tiempo en ir a verlo porque pensaba que la interacción era más invasiva. Y cuando fui por primera vez dije: “¿Cómo no vi esto antes?”, y pensé: “El día que me llamen para hacer esto, me mando”. Pasó bastante tiempo y un día me llamó y me dijo: “Estoy buscando a la protagonista de Sex”. “Contá conmigo”, le dije.
-Hablando de proyectos, ¿cómo fue para vos pasar del podcast “Las pibas dicen” al libro?
-Este año no grabamos el podcast que hicimos con Rosario –mi hermana-, Ana Paula Dutil y Fernanda Cohen, pero está disponible en el canal de YouTube de Blender. Hablamos de temas como la depresión, la vida después de los 50, los cuerpos, la infidelidad, la maternidad, la relación con el dinero y los miedos. Esos monólogos son los que se recopilaron para dar forma al libro “Las pibas dicen. Las cosas que no salieron como querías”.
-Mencionaste “la vida después de los 50”. ¿Cómo vivís vos esta etapa?
-Es una etapa con muchas bondades. Antes parecía el principio del fin, pero hoy muchas mujeres sentimos que es el comienzo de algo igual o más interesante. Los 50 traen movimiento físico, pero también entendés cosas que a los 20 o 30 no. A esa edad estás ocupada en descubrir quién sos y en llenar casilleros: crecer en el trabajo, armar una pareja. Recién a partir de los 40 te empezás a sentir cómoda en tus zapatos. Además, los 50 traen la sensación de que ya no tenés que demostrar nada.
-¿Ahora tenés menos prejuicios?
-Totalmente. A los 40, yo no sé si hubiera hecho Sex. Probablemente hubiera pensado “uy no sé si me da prestigio”; “no sé si me van encasillar en una cosa de chica sexy”; en cambio, a los 50 no me importa nada. Soy lo que soy. Hice un montón de otros trabajos que tenían otro peso, y esto es solo para disfrutar. Sex es para mí, porque yo voy y la pasobomba.

-¿A los 40 te hubiera influido la mirada de tus padres?
-Sí, pero más que de mis padres, me hubiera pesado la mirada de afuera. Aparte siempre fui bastante díscola en ese sentido. Siempre hice lo que quise y desafié bastante el lugar de donde vengo. A los 40 ya había hecho muchas cosas que mis padres no estuvieron de acuerdo, así que imagínate que no hubiera dependido de la mirada de mis padres, pero sí hubiera dependido más de la mirada del afuera.
-¿Hoy ya no te importa la mirada del afuera?
-Hoy, cómo se ve de afuera me importa bastante poco, pero es algo que realmente adquirís con la edad. Desde este lugar, entiendo que los 50 son una fiesta, donde vos estás bailando en el centro y todo lo demás que viene es de yapa, porque la prioridad sos vos, ya no le debés nada a nadie, no tenés que dar explicaciones, es puro disfrute. Estoy totalmente en paz y creo que es una edad para eso. Además, si tuviste hijos, ellos ya son grandes y tienen cierta independencia.
-¿Cómo ves la forma de maternar hoy, comparada con cómo criaron a tu generación?
-Somos padres distintos, pero uno termina acercándose mucho. Yo siempre digo que es una cárcel, porque somos padres con más información y que tal vez algunos errores que cometieron con nosotros no los cometamos; otros sí, porque son inevitables y se repiten; y también cometemos otros errores distintos.
Con el papá de mi hijo fuimos padres muy progres, lo mandamos al colegio donde a mí me hubiera gustado ir y nunca me dieron el gusto. Yo le decía a mi mamá que quería ir ahí y me decía “ahí no porque los chicos hacen lo que quieren”. Bueno, mi hijo fue ahí.
Siento que a nuestra generación le vino bien que no nos estén tan encima. A mí no sé si me preguntaban “¿cómo estás?” “¿cómo te sentís?”, encima en una familia con seis hermanos…
-¿Cómo influyó haber crecido en una familia tan numerosa en tu forma de maternar?
-Siempre había uno al que había que atender especialmente, pero yo no era esa. Cuando yo le echaba en cara a mi mamá que atendía más a los varones, ella me decía: “Es que vos te defendéssola”. Yo hacía lo que podía y me hice mi lugar entre un montón de varones, entre una madre que tenía muchos hijos y un padre que estaba mucho tiempo fuera de su casa.
Pero también siento que el hijo con menos privilegios, entre comillas, es el que mejor después se las arregla. A veces, cuanto más damos, más estamos diciendo “vos solo no podés”, y eso es una lástima porque lo hacemos con las mejores intenciones, pero después te encontrás con chicos que no resuelven.
-¿De ahí viene tu vínculo con el feminismo desde tan joven?
-Desde muy chica siempre me consideré feminista, tal vez sin marco teórico. Todas mis ideas estaban relacionadas a la independencia real de la mujer, que para mí es la económica. Siempre defendí mis ideas en una casa con tantos varones y con padres de otra generación y con una educación más bien machista. Creo que hay algo que vino conmigo, o tal vez se fue desarrollando por estar rodeada de mucho hermano varón. Yo tenía que hacerme escuchar y desarrollé una personalidad muy fuerte.
-En ese camino, tu militancia por el derecho al aborto fue muy visible.
-Siempre hablé de la importancia de que el aborto sea legal en Argentina cuando todavía no lo era y sí lo era en Estados Unidos.
Cuando llegó el momento de participar de toda esa lucha en Argentina, me pareció muy importante ponerle el hombro, y en ese proceso empecé a entender que la otra es una hermana y se desvaneció la idea de que la otra es competencia.
Me gusta pensar cómo sería si esto le estuviera pasando a un hombre y me parece que es un buen ejercicio para entender hasta qué punto uno sigue siendo víctima de un montón de desigualdades. Hay cosas que se conquistan y se pierden todo el tiempo, hay que tenerlo presente. Los derechos nunca están ganados para siempre.
-¿Cómo ves hoy la situación de esos derechos conquistados?
-Obviamente amenazados, porque a partir de que la derecha avanza todo eso está siendo amenazado, no solamente en Argentina sino en otras partes del mundo también. Pero eso también te mantiene alerta.
Cuando yo hablo bien o mal de un gobierno, siempre aclaro que mi realidad no se modifica mucho. Sin embargo, la de un montón de otra gente sí. Esto no es personal, es colectivo. Entonces, yo hablo desde ese lugar sin sentir que le estoy haciendo campaña a nadie.
-¿Y cómo vivís vos la falta de apoyo a la cultura en este contexto?
-La cultura está pasando por un momento muy delicado, pero siento que son éstos los momentos donde a veces florecen las mejores cosas. Mirá lo que pasó con la música durante los años de dictadura en Argentina. Algunas de las obras más hermosas se han creado durante esa época. Esos son los momentos para estar despiertos y no hacer la plancha.
Argentina es un país culturalmente riquísimo, se resiste y no se apaga. A veces, los momentos de resistencia son todavía donde sale más lo luminoso.
Celebridades
Pepe Cibrián: «A los 78 años sigo sintiendo que cada estreno es volver a empezar»
Con el estreno de Drácula II: Resurrección, Pepe Cibrián vuelve al universo que marcó su carrera. En una charla con El Argentino, confiesa que sigue sintiendo “el mismo nervio que tenía a los 18” y repasa los derechos que ayudó a conquistar, cómo es trabajar y convivir con su pareja, qué cosas cambió con el paso del tiempo, y además cuenta el ritual diario que mantiene con sus padres.
A los 78 años, Pepe Cibrián sigue hablando de los estrenos como si fuera la primera vez. La voz se acelera cuando describe la magnitud de Drácula II Resurrección, la secuela de la obra que revolucionó el teatro musical argentino. Durante la charla con El Argentino, el director, dramaturgo y actor vuelve una y otra vez sobre una misma idea: «Siempre es volver a empezar». Y quizás esa sea la frase que mejor resume este nuevo desafío: regresar al universo que lo consagró para asumir, una vez más, el riesgo de crear algo nuevo.
Drácula II Resurrección, estrenada el 19 de junio en la Gran Carpa del Circo Rodas instalada en el Hipódromo de San Isidro, propone un regreso al mito que marcó generaciones. Con cerca de 30 artistas en escena y unas 80 personas involucradas en el proyecto, la puesta reúne además 240 trajes de época diseñados por Vanesa Mascolo, música original de Pablo Flores Torres, arreglos de Yair Hilaly más de 800 cambios de luces a lo largo de la función. Protagonizada por Diego Duarte Conde (Wolf) y Antonela Cirillo (Mina), la obra retoma la historia décadas después de los acontecimientos originales y pone el foco en Mina Murray, quien vuelve a enfrentarse con las huellas de un pasado que parecía haber quedado atrás.
La propuesta nació hace un año y medio, cuando la empresa Rodas lo convocó para imaginar una experiencia poco habitual en la cartelera local: traer una carpa especialmente desde México y construir en su interior una sala teatral para 1300 espectadores. «Es un proyecto ambicioso y costoso, pero lo justifica», asegura el director, que lejos de pensar en el retiro, sigue apostando por desafíos de gran escala.
Sin embargo, detrás de la expectativa también aparece el riesgo de una nueva producción que dialoga, inevitablemente, con una obra convertida en mito. «En realidad, ese Drácula compite con este nuevo Drácula», reconoce. «Mucha gente fanática vendrá a ver qué es esto y otros llegarán con ilusión porque nunca vieron la obra original. Entonces pienso qué bárbaro que la vida me dé la posibilidad de jugar con mi primera criatura y con esta segunda, después de haber estrenado más de 60 obras».
Lejos de apoyarse en los logros del pasado, Cibrián sostiene que cada proyecto vuelve a colocarlo en el mismo lugar de incertidumbre que conoció cuando era joven. «Tengo el mismo nervio que a los 18 años, la misma inquietud. Siempre es volver a empezar», afirma.
El legado
Más allá de los aplausos y de una carrera que supera las seis décadas, Cibrián asegura que su mayor orgullo no pasa únicamente por lo artístico. A la hora de pensar en el legado que le gustaría dejar, menciona tanto sus obras como su participación en distintas luchas sociales.
«No creo mucho en eso de ser una persona convocante. Sí sé que he aportado mucho a la cultura, a la historia y a la sociedad de mi país. Eso me genera mucho orgullo«, sostiene.
En ese sentido, recuerda especialmente su compromiso con la ampliación de derechos y el impulso que brindó al proyecto de Matrimonio Igualitario. «Creo sinceramente que el mundo ha avanzado. Hoy es absurdo pretender negar algo que existe. Siempre hubo homosexuales, lesbianas, como siempre hubo bailarines o doctores. No hace a la calidad de una persona», afirma.
Durante ese tramo de la conversación aparece una figura recurrente en su vida: la de su padre. Fue él, cuenta, quien le dejó una de las frases que más lo acompañaron en su recorrido personal y militante. «Me dijo: ‘Pepe, se es hombre en la vida, no en la cama’. Y me pareció algo muy sabio, porque es así».
Ese recorrido, asegura, también se refleja en el cariño que recibe de la gente y en las devoluciones que más lo marcaron. «Una mujer me dijo una vez: ‘Usted es un pedazo de la bandera argentina’. Otras personas me han dicho: ‘Usted me salvó la vida con su música, sus obras, sus historias’. Y uno piensa: Dios mío». Y concluye: «Lo importante es hacer, no importa dónde. Uno deja legados».
El Pepe de hoy
Si algo aprendió Pepe Cibrián con el paso de los años es que el cambio no termina nunca. “A los 78, valoro fundamentalmente haber modificado actitudes de mi persona, formas de relacionarme, mucho más simples, más cálidas quizás», explica. Y agrega: «Qué bueno poder modificar siempre, sin parar. Tratar, por lo menos».
La reflexión aparece también cuando habla del amor, uno de los grandes temas que atraviesan tanto su vida como muchas de las historias que escribió. Lejos de idealizarlo, lo entiende como una construcción cotidiana. «La vida de dos es muy linda», afirma. «La vida también es volver a empezar todos los días. Un vínculo es volver a empezar, volver a enfrentarte a cosas que te superan, cosas que no te superan, el otro».
Durante gran parte de su vida adulta eligió vivir solo. «De mis 78 años, prácticamente te diría que 50 he vivido solo», cuenta. «He tenido relaciones, claro, pero de vivir, vivir solo».
La llegada de Ezequiel cambió su realidad, y lo define no sólo como un compañero de vida, sino también como una pieza clave en esta nueva etapa profesional. «He tenido el encuentro maravilloso con Ezequiel, que es un gran compañero», dice. Y enseguida lo vincula con el enorme desafío que significó levantar Drácula II Resurrección. «Este proyecto te aseguro que lo ha sacado él adelante de una manera tan comprometida y me causa tanto orgullo».
Después baja el tono solemne con una confesión que cualquiera que conviva podrá comprender: «Nosotros convivimos todo el día, lo cual no es fácil a veces, pero es lindo y no me arrepiento. Me gustaría que siguiese siendo así».
Los que siguen estando
Si hay algo que atraviesa buena parte de la conversación con Pepito son las referencias a sus padres. Durante la charla con El Argentino, cuenta el ritual que conserva hasta hoy: «Hablo con mi padre y mi madre a la noche y a la mañana, cuando me levanto». Y enseguida explica: «Les agradezco y les pregunto a ver qué me aconsejan, de qué manera, y siento que me conducen. Obviamente, no hay una palabra viva, pero sí hay algo que yo siento que me protege permanentemente». La certeza es absoluta: «Sé que están al lado».
Cuando recuerda su infancia, tampoco esquiva las contradicciones. «Fue una infancia solitaria», admite. «Mis padres eran dos figuras muy importantes y era todo el año teatro, cine, comidas, una vida social muy particular. Y yo muy solo».
Sin embargo, con los años aquella mirada se volvió más comprensiva. «Me afectó mucho, por supuesto, pero con la adultez entendí que era lógico», reflexiona. «Yo sé profundamente que me amaban. Había fiestas, cumpleaños, viajes, cosas maravillosas, y lo hacían con todo el amor. Pero bueno, sé también que hay un precio para todo».
Entre los recuerdos que más atesora aparece uno sencillo: la caricia de su madre en la mejilla. Y aunque asegura sentir la presencia cotidiana de ambos, confiesa que sólo una vez soñó con su padre: “Papá estaba con un pijama celeste muy lindo, pelo blanco, fumando, cuando él ya no fumaba. Yo sabía que estaba muerto y hablaba con él. Entonces le digo: ‘Qué guapo estás, papá’. Y me dice: ‘Sí, la cara es lo primero que se mejora'».
La gratitud también surge cuando habla de las personas que marcaron su carrera. «No hay nota o estreno en el que no les agradezca a mis padres y a los Lectoure», asegura. Y recuerda una conversación con Tito Lectoure que lo acompañó durante décadas.
«Una vez le pregunté por qué me había dado tanto. Y me dijo: ‘Porque estoy acostumbrado a hacer campeones’. Él había hecho campeones de boxeo. Y yo siento que, en lo mío, me hizo un campeón. Y eso no puedo no agradecérselo más con la vida».
Ping pong con Pepe Cibrián
Un lugar en el mundo
—Mi casa.
Un aplauso que nunca olvidaste
—Los del Luna Park.
Una palabra que te define
—Íntegro.
Un olor que te lleva a la infancia
—El olor a amapolas. Mi abuela me cantaba una canción que se llamaba Amapola y ese aroma me penetra.
Un libro al que siempre volvés
—Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.
Una canción para escuchar en soledad
—Amapola.
Un miedo que aprendiste a vencer
—La oscuridad. Por eso tengo en casa un grupo electrógeno, porque me angustia muchísimo la oscuridad.
Drácula es…
—Mi vida.
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