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“No se puede falsear información en función de sectores empresariales o políticos”

El secretario general del Sindicato de Prensa Buenos Aires (SiPreBa), Agustín Lecchi, conversó con El Argentino acerca de las necesidades de las y los trabajadores del gremio, las prácticas periodísticas, la concentración de las plataformas y redes sociales y la comunicación como derecho humano.

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-¿En qué situación está el sindicato, cómo vienen resistiendo la intervención de Fatpren?

-Por primera vez en la historia de la Federación, asumió la conducción una trabajadora mujer, Carla Gaudensi, de SiPreBa y hace un mes un fallo judicial dispuso la intervención por una denuncia absolutamente falsa hecha con el aval de la Secretaría de Trabajo de Macri el 9 de diciembre de 2019, cuando faltaban horas para que asumiera el nuevo gobierno. La intervención convocó a un Congreso de normalización que va a elegir nuevas autoridades, algo que esperamos porque no le tenemos miedo a las elecciones, todo lo contrario, nos parece bueno y que va a legitimar el rumbo en la pelea por los salarios, las condiciones laborales en la calle y para unir a todo el gremio de prensa a nivel nacional.

-¿Cuáles son las reivindicaciones centrales que hoy plantean los trabajadores y trabajadoras de prensa?

-El gremio de prensa comparte una tendencia general en este momento, que es de cierta recuperación del empleo pero de una manera muy precarizada. Para llegar a fin de mes hay quienes tienen dos, tres y hasta cuatro trabajos. Muchos no están bajo convenio colectivo, no tienen los derechos como el aguinaldo o las vacaciones. La problemática central es salarial y de las condiciones laborales en las cuales se ejerce el periodismo, y eso afecta a la calidad periodística. En muchos medios no se cubren las notas como se cubrían años atrás. Hay una evolución tecnológica que permite otra forma de circulación de la información, pero lo grave es que se precarice y flexibilice nuestro trabajo y por eso también estamos en vísperas de un plan de lucha en todo el gremio en la ciudad de Buenos Aires y a nivel nacional.

-¿Qué medidas van a realizar?

-Esta semana nos movilizamos a la puerta de Página/12, la semana próxima a la puerta de Editorial Perfil y la siguiente a Clarín. En Perfil se da una situación que es de las más graves porque recién a fines de abril están terminando de pagar los salarios. Algo similar ocurre en Diario Popular y en las radios también hay una situación de mucha precarización que estamos tratando de atacar. Inicialmente, movilizamos a las puertas de algunas empresas y después iremos escalando.

Fotos: Eloisa Molina.
Video: Matías Sastre y Máximo Paredes.

-¿Cómo es la práctica periodística en el contexto político actual?

-La pandemia expuso la importancia del periodismo y de hacer comunicación con condiciones y salarios dignos. Es comprensible que los medios planteen su línea editorial, pero lo que no pueden hacer es falsear la realidad y la información. No se puede mentir y tratar la información como una mercancía, falsearla en función de las necesidades de un empresario o de un sector político. La comunicación es un derecho humano, un derecho de la sociedad. Los discursos de odio, muchas veces son promovidos desde los grandes medios de comunicación, y los trabajadores y trabajadoras en esos medios en general lo padecen.

-¿Qué reagrupamientos se deben producir para dar esa batalla de ideas desde la comunicación?

-Nos respaldamos en los medios autogestivos, comunitarios, populares que son los que cubren los conflictos de prensa, también en los medios públicos y en muchos periodistas valiosos de medios privados. Aún en los medios más hostiles existen compañeros y compañeras que buscan la forma de hacer periodismo con una lógica y con una mirada distinta. Nosotros tenemos que unir a todos esos sectores, sin prejuicios y entendiendo las particularidades, las formas y las condiciones en las que hace periodismo cada uno, una en cada sector.

-¿Cuáles son los puntos para disputar ese sentido frente a las ideas liberales que vienen creciendo?

-No hay que permitir que los grandes medios nos pongan a la defensiva. Tenemos motivos y argumentos para dar la pelea de manera frontal contra esos sectores. Hay que resolver los problemas de nuestra clase para que los compañeros y compañeras puedan llegar a fin de mes. El Estado debe crear una Empresa Nacional de Alimentos para combatir la inflación y generar un salario universal. En nuestro sector, las grandes plataformas como Google o Facebook, durante la pandemia se enriquecieron como nunca, pero a costa del trabajo periodístico de un montón de compañeros y compañeras. Lo que hace 20 años era papel prensa, hoy son las plataformas digitales para la comunicación.

-¿Cómo se puede intervenir periodísticamente en el mundo de las redes sociales?

-No se puede ir en contra de la realidad. Cambió la forma del consumo y la circulación de la información. Lo virtuoso del periodismo es que no va a desaparecer. Puede cambiar y hay que intervenir sobre eso con una mirada política, tratando de conocer cada avance y no correr desde atrás. La mirada de las nuevas generaciones sobre la comunicación es otra y hay que aprender de eso. Intervenir sobre las plataformas y no tener miedo en plantear su regulación desde lo económico, porque hay una concentración que no existió nunca antes, habría que discutir un impuesto a las grandes plataformas, que son empresas multinacionales. Somos los máximos defensores de la libertad de expresión, nos valemos de ella para hacer nuestro trabajo, es un bien colectivo, un valor social. No es un valor individual del periodista o del dueño de un medio. Los grandes medios te corren con el discurso de la libertad de expresión, cuando en realidad lo que están haciendo es defender intereses privados y particulares como empresarios, su cuota de poder en el mapa de medios.

-Elon Musk acaba de comprar Twitter y abrió el debate acerca de la libertad de expresión ¿Se trata de un defensor de la “free speech” o un multimillonario comprando un nuevo medio?

-Cuando te decía que la libertad de expresión es un valor colectivo, creo que se defiende con esa lógica y con esa mirada colectiva, porque acá no hay chivos expiatorios pero tampoco hay héroes ni villanos. Creo que la mirada es que no dejamos de estar en una sociedad dividida en clases, y esos conflictos de clases se expresan en los medios. Los medios lo ponen de relieve en todo caso, y las plataformas son un medio, son un negocio.

Creo que no hay que delegar la defensa de la libertad de expresión en un empresario, en un multimillonario, incluso si tuviese buenas intenciones, aunque no creo que sea el caso. Nosotros vamos a tener que defender la libertad de expresión con nuestra mirada, porque cuando hay un conflicto, sabemos cómo operan, sabemos que el algoritmo no es algo que esté segmentado o ajeno a los problemas sociales. No es algo matemático, es algo que obviamente tiene fórmulas matemáticas, pero que tiene atrás un valor agregado humano, tendencioso, ligada a los intereses que defiende cada uno.

Yo creo que en el caso de la información, de la comunicación y del periodismo, sobre todo por el rol social que tenemos como comunicadores, tenemos que defender la libertad de expresión y la información como un valor colectivo y no como un valor abstracto de un magnate de medios. Cuando ellos hablan de defender la libertad de expresión están defendiendo la libertad de sus empresas, pero a costa de que muchos sectores sociales no tengan lugar en esas agendas, de que seamos silenciados y seamos estigmatizados. Me parece que nuestro desafío es cómo la defensa del valor de la libertad de expresión se pone al servicio de instalar nuestras agendas.

-¿Cómo construir legitimidad y certezas en ese mundo plagado de fake news?

-No tengo la respuesta, pero creo que cuando se hacen bien las cosas se dan buenos resultados. La falta de legitimidad que tienen algunos medios tradicionales es resultado de las políticas empresariales. Página 12 o La Nación, eran dos medios súper respetados, más allá de que La Nación era el medio liberal o de la derecha, y Página 12 el medio más vinculado con lo nacional popular, con el progresismo, eran dos medios respetados por todos los sectores, y hoy no. Y eso se da a pesar de la situación de las redes sociales, del bombardeo de información. Se da como resultado de políticas empresariales que dañan esos productos, a pesar de sus trabajadores y trabajadoras. Por la positiva, me parece que hay medio como El Argentino en esta nueva etapa, Tiempo Argentino, Revista Cítrica, entre otros, que se van instalando a partir de experiencias que no son tradicionales, ya sea a partir de los suscriptores, a partir de los socios, a partir del territorio de la relación con las organizaciones sociales y sindicales, me parece son procesos interesantes que van a tener resultado justamente porque exploran una nueva forma de hacer comunicación, que la circulación de la información sea con otra lógica, y me parece que hay que apuntar a eso, que es la única manera de contrarrestar el poder económico que tienen los grandes medios. Y ese poder económico también se refleja en las redes, en las plataformas que te censuran, te operan, te bajan del buscador.

-¿Qué estrategias se pueden generar para profundizar los contenidos en el debate político y que encajen en el formato que plantean los medios masivos de comunicación?

-Los grandes medios están más preocupados por el marketing que por una comunicación popular, y del campo nacional. La historia de nuestro país es muy rica en comunicación popular y en cómo contar. Esa situación de sentirse muchas veces avasallado por los grandes medios, a la defensiva, nos hace querer salir corriendo a buscar las noticias rápidas. Yo no planteo que no se busque la noticia, el último minuto y demás, pero hay que tratar de apuntar, no sólo a eso y pensar en cómo llegar más y mejor a las grandes mayorías. La situación estructural de los medios también influye, el hecho de que los compañeros estén con la soga al cuello, hace que sea mucho más complejo pensar una nota, llevarla adelante, trabajarla como se merece, y creo que ahí hay una decisión política del poder y de los dueños de los medios que no es casual y que no es inocente. A más precarización menos posibilidades de contar mejor una noticia y eso es funcional a la lógica de esos grandes medios y de los sectores de la derecha.

-¿Qué mundos te gustaría develar a través de una investigación periodística en esta coyuntura?

-Los temas que a mí me preocupan son que los trabajadores y trabajadoras no llegan a fin de mes. Entonces, ¿cuáles son las grandes causas de eso? son muchas: una es cómo los empresarios privados, en particular de alimentos, están permanentemente presionando de alguna manera al gobierno y a las clases populares con aumentos indiscriminados de precios. Esa es una problemática a profundizar: cómo se producen alimentos, cómo se comercializan y cómo se exportan. Me parece muy interesante lo que vienen haciendo algunos periodistas en torno a la hidrovía en el Paraná y el canal de Magdalena con un conjunto de organizaciones políticas, sociales y sindicales en defensa de la soberanía. El problema de la deuda y la fuga de capitales. Creo que tenemos que pensar cuestiones que tengan que ver con las problemáticas de la gente, y hoy vemos que si bien la economía crece en lo superestructural, eso no se ve reflejado en la recuperación del salario, el poder adquisitivo y derechos para la clase trabajadora. Ese me parece que es el principal problema que tenemos hoy y que un periodista tendría que poner la mirada ahí, así como Walsh en las décadas del 50, 60 y 70 hacía hincapié en las cuestiones represivas.

-Mucho se habla de la crisis del periodismo, a mí no me gustan las concepciones apocalípticas de los fenómenos pero ¿Vos qué pensás de esto?

-Creo que ese slogan o esa afirmación sobre la crisis del periodismo es consecuencia de que los grandes medios de comunicación, sus firmas más importantes, hacen un periodismo funcional a un modelo de medios en donde ven la noticia como una mercancía, lo único que les interesa es reproducir las necesidades de los sectores de poder, y eso es lo que más se refleja en la sociedad. Los periodistas y los medios somos estigmatizados por un sector minoritario, pero con mucha llegada y respaldo económico de las grandes empresas. Pese a eso, creo que hay un montón de compañeros y compañeras que hacen un periodismo de calidad muy bueno, interesante, que nosotros tenemos que ver cómo apoyamos y acompañamos.

Análisis

Cuba: ¿en el ojo de la tormenta?

Argentina ¿se une al bloqueo contra Cuba?.

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Por Stella Calloni

En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.

“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».

En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.

En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.

Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.

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