Las luces se apagan, la proyección de una película clásica en blanco y negro se enciende, un centenar de obreros se apiñan, hombro a hombro, mientras suben al ascensor de la fábrica.
El escenario se llena de evocaciones brechtianas.
El cuerpo es protagonista y los episodios se enlazan en actos.
“Me matan si no trabajo, y si trabajo me matan. Siempre me matan”, retumban las palabras como ecos de Raimundo Gleizer.
“El espectáculo es el resultado del proceso de trabajo durante todo el año 2022 de los estudiantes, que son el elenco, de mi cátedra de Actuación 4 de la Universidad Nacional de Artes (UNA)”, cuenta el director Sergio Sabater.
-¿Cómo fue el proceso creativo?
-Nosotros nunca partimos de un texto teatral, sino de un universo temático y en base a ese universo vamos construyendo las distintas escenas. Acá el universo fue el mundo del trabajo y la fábrica como el símbolo del sistema de producción en la modernidad. Se definieron los roles de los distintos personajes, los obreros y las obreras, operarios u operarias industriales. Pero ellos no tenían la experiencia de haber estado en una fábrica y entonces apareció la propuesta de que trajeran testimonios de sus universos laborales reales, actuales. Así surgieron relatos que dan cuenta de cómo se fue transformando la lógica del trabajo, se precarizó y aparecieron nuevas formas de explotación vinculadas a la tecnología, a las redes, a los shoppings, al call center, entre tantos.
-Esos testimonios muestran de manera visceral lo difícil que es vivir del arte, en particular del teatro.
-Claro, ellos dicen su nombre, su edad y manifiestan que a pesar de ser actrices o ser actores tienen que vivir de otra cosa, no pueden vivir del teatro. Y eso se anuda con todo el tema de la denuncia de las condiciones de trabajo.
-Aparece una clara evocación a Raymundo Gleizer
-Sí, vimos una película del colectivo Cine de Base que se llama, justamente, “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan». Recrea la lucha de una fábrica metalúrgica en los años ‘70. Algunas imágenes que se proyectan son de esa película y también lo que cantan. Entre esos distintos hilos que se van tejiendo aparece la historia de Teresa Rodríguez. El espectáculo tiene una estructura episódica que empieza con un recuerdo personal, yo vivía en Parque Patricios a principios del año ‘60, en avenida Caseros había fábricas en todos lados y de chico escuchaba la sirena. Un día le pregunté a mi mamá “¿por qué suena la sirena?” Y mi vieja me dijo: “porque está cambiando el turno de las fábricas”.
-Es muy potente el trabajo de los cuerpos en escena.
-Trabajamos mucho con la lógica del entrenamiento físico. Hay un despliegue físico y vocal, las canciones, las danzas que se van cruzando en la trama. La estructura es muy brechtiana, son tres episodios en los que se expresa qué va pasando y cómo se enuncia cada uno de los tres turnos de la fábrica.
-¿Cómo se construyó el texto que parece atravesado por la corporalidad?
-El texto, en realidad, para nosotros, siempre llega al final. No es el punto de partida, sino al revés. Durante mucho tiempo los cuerpos interactúan sin texto, sin palabras, y hacia el final del año, en los últimos meses del año, yo comienzo a ponerle palabras a escenas que ya prácticamente tienen una estructura y tienen un diseño, sobre eso aterrizan las palabras. El texto es como una esfera verbal que se suma a la esfera corporal, sonora, objetal, ese pequeño fierrito que nosotros llamamos “la herramienta” se transforma y cobra distintos sentidos. La última esfera es la de las palabras. El cuerpo yendo a buscar la palabra.
-Muy interesante la incorporación del lenguaje de señas ¿Cómo surgió esa idea?
-Dos estudiantes sabían el lenguaje de señas y nosotros trabajamos mucho internamente con una cosa a la que llamamos trueque. Quien tiene algún saber extra-teatral, más allá de la actuación, porque lo trabajó durante su vida, puede proponerlo, socializar con el grupo los principios de esa técnica. Siempre buscamos una utilización de las manos que no reproduzca la dinámica de la vida cotidiana. Ellas nos enseñaron el abecedario, a decir algunas frases cortas, por ejemplo: “me matan si no trabajo”.
-El contenido de la obra es necesario para esta época ¿Cómo llegaron a esa síntesis?
-La obra se construyó en 2022, había otro gobierno y sin embargo ya había ciertos signos en la dinámica de la realidad, esas preguntas, “¿cuánto cuesta el trigo?”, “¿cuánto cuesta el pan?”, “¿cuánto está la leche?”, “la comida más barata que no alcanza la plata”, ya en 2022 se perfilaba la tragedia que estamos atravesando ahora. Algo de un orden bastante duro, la primera vez que trabajadores en relación de dependencia, formales, en blanco no llegaban a fin de mes, eso era algo nuevo en Argentina. Lamentablemente la obra cobra ahora mayor vigencia todavía porque la realidad se enrareció. En lugar de haber virado hacia una zona más humana, menos dura, fue al revés, es más cruel, más dramática y creo que también hay algo de lo emocional que nosotros recibimos mucho del público que tiene que ver con eso, con la actualidad que tiene la obra.
-¿Cómo generaron el enlace entre las formas modernas de trabajo y las actuales?
-Fue en gran medida a partir de los testimonios que los actores y las actrices trajeron. Escribieron un pequeño texto sobre su realidad y la inmensa mayoría contó experiencias sobre sus trabajos precarios. Fue mucho el aporte de los actores que atravesaron la propuesta original, que era tomar un poco el espacio de la fábrica clásica como el espacio de ficción, desde donde hacernos preguntas sobre el trabajo como parte de la condición humana. El espectáculo abre preguntas, no sostiene una tesis.
-Evocan a Raymundo Gleizer y ¿A qué otros artistas?
-Hay elementos que tienen que ver con personajes de la historia del teatro. Por ejemplo, la pantalla, medio desnuda, colgando del techo, tiene que ver con Vsévolod Emílievich Meyerhold, fue un director de teatro ruso, discípulo de Konstantín Stanislavski que luego tomó un camino muy diferente, un genio del teatro del siglo XX que participó en la revolución bolchevique y en los primeros años creó un teatro proletario y desarrolló una técnica de entrenamiento del actor que se llama Biomecánica de la cual nosotros tomamos algunos ejercicios que se ven fugazmente. Berthold Brecht también está presente en la estructura episódica. Brecht con el teatro épico transformó la estructura dramática tradicional de principio, nudo y desenlace aristotélico en una estructura narrativa diferente donde la cosa transita por distintos episodios. Por ejemplo hay una obra muy conocida de Brecht que se llama “Terror y Miseria del Tercer Reich” que son todos pequeños episodios y esos episodios van armando una estructura. Para mí es muy importante también Tadeusz Kantor, por ejemplo con la incorporación del objeto, es un objeto pobre, casi un pequeño fragmento de caño pero que adquiere una condición poética en su manipulación, en su transformación que pasa de ser la herramienta a ser una metáfora del descanso y de la libertad.
Podés ver A LA FÁBRICA! (O los trabajos y los días) TEATRO: Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556. Funciones todos los domingos de agosto y septiembre a las 21:30 DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Sergio Sabater.
DISEÑO DE LUCES: Leandra Rodríguez. EDICIÓN DE VIDEO: Sol Altare; Carolina Ersinger. OPERACIÓN DE SONIDO: Sol Altare. OPERACIÓN DE VIDEO: Sol Altare. ASESORAMIENTO AUDIOVISUAL: Violeta Sabater. ASISTENCIA DE DIRECCIÓN: Sol Altare. COLABORACIÓN ARTÍSTICA: Omar «Chino» Kuhn.
EXCLUSIVO: Pablo Grillo y la vida después del disparo que lo dejó “casi contándola desde el cielo”
En una charla íntima, el fotógrafo cuenta sobre la vida después del ataque: el apoyo de su familia, lo espiritual, la ausencia de rencor y la esperanza de justicia. También recuerda sus comienzos con la fotografía y los sueños que lo empujan a seguir.
En una tarde de abril, de esas en las que el sol parece querer quedarse un rato más, la escena tiene algo de refugio: banderines colgados, una foto de Maradona y unos mates que circulan sin apuro. La charla es íntima. Pablo Grillo habla sin solemnidad, con una mezcla de liviandad y profundidad que atraviesa toda la conversación.
“Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
“Hoy estamos alucinante, ATR. Estamos bien. Que no es poco”, dice, después de un año que define como “de casi contarla desde el cielo”. Su vida, admite, ya no es la misma. Cambió el ritmo, cambió la forma de moverse y también ciertas rutinas que antes eran naturales. “Ya no hago los mismos recorridos que hacía antes de salir al barrio… no por cuestión de que no lo puedo hacer, sino que no sé cómo hacerlo”.
La transformación también se mete en lo cotidiano, incluso en lo afectivo. Hace quince años que está en pareja, pero todavía no volvió a verla. “Estoy esperando que me llegue el mensaje”, sin enojo, más bien con una calma que sorprende después de todo lo vivido.
“La veo con otra carrera, con otro ritmo”, dice sobre la vida. Y, fiel a su forma directa de hablar, lo resume con una imagen brutal: “A lo mejor los noviazgos son para 20 años, o no… pero después te agarra un pelotudo, te pega un bombazo en la cabeza y te entierra”.
El día “D”
El 12 de marzo de 2025 no es un recuerdo lineal, pero tampoco se borró. Hay fragmentos nítidos: dos amigos, los únicos rostros conocidos entre la confusión, y la necesidad de no quedarse solo. “Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.
El momento más crítico fue en la ambulancia. “Ahí sentí que me tenía que dejar hinchar las pelotas. Fueron 10 minutos”. Después, la intervención médica y el sistema de salud hicieron lo suyo: “Con toda la salud pública encima… me fui tranquilizando”.
No habla de miedo. Hace una distinción precisa: “Miedo no. Respeto. Respeto por lo que podría venir”.
Del gendarme que disparó (Héctor Guerrero) no tiene una imagen clara. No recuerda un gesto, ni una reacción. Sí, en cambio, una lógica: la de alguien que cumple un rol sin detenerse. Si lo tuviera enfrente, no imagina revancha. “Le tocaría el hombro y le diría: loco, tenés buena puntería, pero bajá un cambio. Bajá un cambio que tenemos vida por delante”.
Lo que lo sostuvo
En la reconstrucción, hay un sostén claro: su familia. Se aferra a su madre y a su padre, especialmente a su padre, a quien define como un referente. “Mi viejo es un líder para mí. Es un chabón que lo tengo ahí arriba. Y mi vieja también”, y agrega: “El chabón se cargó al hombro lo de los medios y salió en todos los medios”. También a su hermano, con quien creció entre discusiones y peleas típicas de la edad.
El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).Fotos: Lu del Mármol (@ludelmarmol) https://www.instagram.com/ludelmarmol
Los amigos ocupan otro lugar central. Los nombra con orgullo, como una red que creció incluso en medio de la adversidad. También aparece la ausencia de uno de ellos, que murió en un viaje. Una pérdida que atraviesa el relato con naturalidad, sin dramatizar.
A ese entramado se suma algo más difícil de definir. Grillo no se declara creyente en términos tradicionales, pero reconoce que algo cambió. Las muestras de afecto, los mensajes, las personas que rezaban por él lo llevaron a acercarse a una idea de lo espiritual. “Mucha gente venía y me decía, estamos orando por vos, entonces con esas cosas me fui aferrando un poquito más», comenta. “No es joda ser creyente”, resalta.
Contar y ser contado
La fotografía aparece como hilo de continuidad: “La cámara es un objeto que vi siempre”. Empezó de chico, casi como un juego heredado: su padre tenía una cámara y él la tomó como propia. De los cumpleaños y eventos familiares pasó a formarse y a construir un oficio.
Hoy se define como documentalista. Alguien que sale a buscar historias.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Después de lo que vivió, esa mirada cambió. Ya no se trata solo de registrar, sino de entender mejor lo que está pasando. De anticipar, de leer el contexto.
También cambió su lugar: por primera vez, fue protagonista de una historia que otros contaron. Aun así, no hay rencor. “Cada uno actuó como tenía que actuar”, dice. Y agrega: “no siento rencor, y si lo siento, ya lo voy a liberar”.
Violencia institucional y la búsqueda de justicia
Cuando habla de política, el tono se vuelve más áspero. Recuerda la reacción pública de Patricia Bullrich y la indignación que le generó. Con Javier Milei es más directo, sin matices: “Es una basura”.
Cuestiona el rumbo del país y la dirigencia, y no oculta su posicionamiento político: se define abiertamente como “re-kirchnerista” y mantiene una identificación fuerte con Cristina Fernández de Kirchner, a quien incluso pudo saludar en una videollamada tras su internación y confiesa que le gustaría visitar.
En el plano judicial, su mirada apunta más arriba del autor material. Cree que el proceso no puede quedarse solo en quien disparó. “Agarraron al gendarme, pero las cabezas para arriba, bien, gracias”, dice. Y lo grafica con su propio lenguaje: “Están lavando los tuppers… y no es el único tupper”.
Lo que espera es claro: que la justicia avance y que lo haga de manera integral. “Lo tiene que hacer para que la gente vuelva a creer en ella”.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Lo que viene
Después de pasar un año internado, volvió a su casa en marzo de este año. Pablo hoy se mueve con cierta cautela, pero también con decisión. Se siente acompañado, reconocido incluso por gente que no conoce. Eso todavía lo sorprende.
No volvió a la cancha -es hincha de Club Atlético Independiente, pasión heredada de su padre- por recomendación médica, pero tiene claro que quiere volver a hacer lo que hacía. Salir, estar, registrar. “Voy a ir al mismo lugar y voy a sacar las mismas fotos”, dice.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Sueña con algo concreto: trabajar de fotógrafo, vivir de eso, que su trabajo sea valorado. Algo que antes le costaba decir y ahora no. También aparece un deseo más íntimo: volver a un lugar de su historia, Las Cañas, en Uruguay, donde pasaba los veranos con su familia. Un regreso que no tiene que ver con escapar, sino con recuperar algo propio.
“Valgo tanto”, dice. Y en esa frase, simple y nueva, parece condensarse todo lo que pasó.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Ping pong con Pablo Grillo
¿Messi o Maradona?
“Maradona”
¿Música?
“El rock and roll… y el reggae”
¿Qué es el barrio para vos?
“La vida. Me sacás del barrio y me sacás de la vida”