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Entrevista

La patria no se vende

Especial soberanía nacional.

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Por Eugenia Rossi Gallo

En el marco de la celebración de la soberanía nacional, desde Radio Seta (@radiosetaok) nos propusimos ensayar una serie de apuntes, para pensar desde la compleja coyuntura actualqué entendemos por soberanía hoy. Hicimos una serie de entrevistas con políticos, militantes, historiadores, periodistas y pensadores del campo nacional y popular.

Consultamos a cada uno de los entrevistados sobre distintos aspectos que hacen a la soberanía, con el fin de encontrar varias respuestas que nos ayudaran a armar un mapa, desde el cual vislumbraruna defensa del país que supimos conseguir y una construcción de la patria libre, justa y por supuesto soberana que queremos habitar.

Maximiliano Molocznik: La historia no contada de Rosas en la soberanía

Maximiliano Molocznik es profesor de historia, escritor e investigador. Nos aportó su mirada para entender el contexto a la luz del revisionismo histórico.

– Para empezar a hablar de soberanía tenemos que saber ¿qué es la soberanía?

– Este día (20 de noviembre) que se conmemora un hecho trascendental de nuestra historia, relacionado con la batalla de la Vuelta de Obligado, acontecida ennoviembre de 1845, es un episodio que durante mucho tiempo estuvo bastante soterrado en los relatos, porque reconocer su existencia y reconocer lo que allí sucedió,implicaba una mirada diferente de la figura de Rosas. Eso era muy problemático, sobre todo para los liberales argentinos, que desde hace 150 años tienen una posición absolutamente monolítica, en la cual Rosas es solamente un tirano bárbaro y cruel, un asesino y un degollador, al cual no hay que reconocerle absolutamente nada. Con esa construcción del relato histórico, que ha sido hegemónica en la historia argentina, resultaba muy difícil poner sobre la mesa lo que había sucedido en el combate de la Vuelta de Obligado.

¿Cómo encarar el análisis de una figura tan controversial como Rosas sin caer en los extremismos, en los que han caído los historiadores liberales argentinos? Y sin caer en el otro polo de la ecuación, que es ese tipo de historiografía muy rosista, que en la Argentina estuvovinculada a un nacionalismo muy católico y muy de derecha, que tampoco aportó grandes cosas. Lo único que han hecho durante los últimos 100 años, ha sido bajar las estatuas de Sarmiento y subir las de Rosas, haciendo una valoración del personaje completamente de apología y sin permitirse ninguna posibilidad para un pensamiento crítico. Yo creo que ambos extremos impiden una comprensión no sólo del personaje, sino del hecho que estamos comentando. 

– Siempre se tiende a un reduccionismo a la hora de pensar la historia, como una cuestión medio maniquea de figuras de buenos y malos… Vos sabésque la figura de Rosas fue algo sobre lo que tuve que preguntarme de grande y volver a leer, porque en los manuales de historia de la escuela, era el malo de la película.

– Bueno, no te olvides que los libros de texto con los quevos estudiaste han sido escritos por los herederos de Mitre, que junto con Sarmiento son los patriarcas delliberalismo argentino. Entonces esa es la mirada que se ha transmitido en las escuelas, en los suplementos culturales de los grandes diarios, en las radios, en la televisión. Esa mirada ha sido muy hegemónica y como te decía antes, curiosamente en lugar de ser contrastada con posiciones más ecuánimes, este revisionismo ultra rosista y fanático no ha aportado grandes explicaciones. Hay una explicación intermedia, que yo creo que es la más adecuada, que es la explicación que tenemos aquellos historiadores que estamos en el campo del revisionismo histórico, pero que no somos ni nacionalistas de derecha, ni fascistas, ni estamos en esa línea, sino un revisionismo socialista, federal, latinoamericano, que intenta comprender al personaje,planteando que Rosas no es un caudillo de la nación argentina. Rosas es un caudillo bonaerense que en determinado momento de su carrera, hace algunos guiños a las provincias, pero que su política es porteña porque él es un porteño, él es un estanciero, sus amigos son estancieros y él es el hombre que representa a esa clase social, que son los ganaderos bonaerenses que exportan la carne salada al mundo.

Esa clase social va a hacer una alianza con la otra clase social importante, que es la burguesía comercial del puerto de Buenos Aires. Pero sin adelantarnos en ese análisis, que por ahí es más fino, yo creo que hay que entender que la política interior de Rosas es una cosa y la política exterior de Rosas es otra, aunque parezca difícil de entender. Su política interior uno no la comparte, porque no vamos a reivindicar ni la mazorca, ni ninguno de los elementos antidemocráticos.

Ahora, cuando hablamos de la “Vuelta de Obligado”, quees el tema al que nos estamos convocando, tenemos que decir las cosas como son. Rosas llevó adelante una guerra nacional en defensa de la soberanía y eso no se lo puede quitar nadie. El tipo tuvo que enfrentar un operativo colonialista que significó la llegada de buques mercantes y de la escuadra de guerra anglo-francesa, que le quisieron copar el Paraná. Se plantó frente a eso y sus acciones no fueron satisfactorias para el capital británico.

Para los ingleses, a pesar de que habían negociado con Rosas y que tenían una diplomacia muy hábil y él los recibía, es una figura molesta. Rosas les cierra la llave maestra de lo que los ingleses están buscando, que es el comercio libre para sus capitalistas y para sus comerciantes, para poder llegar desde el Paraná a Paraguay y a Brasil. Ese es el objetivo fundamental que tiene el imperialismo británico, asegurar el comercio libre controlando el puerto de Montevideo, que ya lo tenían más o menos controlado y dominar el río de la Plata a través de la defensa de los intereses de sus comerciantes.

Esa política no se condice con la política que tiene Rosas, entonces ahí se produce el choque. Por eso la acción de Obligado es una acción heroica de defensa de la soberanía nacional y que constituye un hecho de consciencia antiimperialista, independientemente de que sea Rosas el que lo conduce, con las luces y las sombras que tiene el personaje. El hecho fáctico, es un hecho de consciencia antiimperialista, porque es una defensa de los ríos argentinos frente a la intromisión extranjera. 

– Y de conciencia de nación para sí…

– De conciencia de nación para sí, exactamente. Si bien la derrota militar es evidente, porque la batalla no es victoriosa, el hecho de consciencia antiimperialista es muy importante, porque los ingleses no van a poder controlar el río Paraná hasta 1852, cuando se produce la caída de Rosas. Ahí está el mérito de Rosas, en haber resistido esa acción imperialista agresiva y haberle puesto un coto a esos intereses económicos británicos,que querían apoderarse de toda la cuenca del Plata, que es lo que van a intentar y van a lograr más adelante cuando financien la guerra del Paraguay. El objetivo es siempre el mismo, controlar la cuenca del Plata y asegurar el dominio y la hegemonía de sus comerciantes para instalar el comercio libre, libre para sus intereses, claro.

– Pareciera que hoy estamos casi en la misma situación de antaño. ¿Qué pensás de los liberales de la actualidad?

– Yo pienso que como a lo largo de toda la historia argentina, hay liberales honestos y liberales deshonestos. Los liberales honestos, que han sido pocos, nunca han contribuido a conformar una consciencia de colonia o de factoría. Hubo pequeños grupos dentro del liberalismo argentino, como por ejemplo los que se nucleaban en torno a los grupos proteccionistas en la década de 1870, que enfrentaron al “mitrismo”, por ejemplo. Algunos sectores liberales de las provincias, que sin dejar de aspirar a la integración de la Argentina al mercado mundial, por lo menos tenían una mirada industrialista y postulaban la necesidad de proteger mínimamente las industrias artesanales de las provincias.

Después tenemos al resto, Mitre, el mismo Sarmiento en algún sentido, que son los liberales clásicos que estaban convencidos de que el único destino que la Argentina podía tener, era el de incorporarse como una proveedora de materias primas a la División Internacional del Trabajo. Bueno, ese es el liberalismo que se impuso, que terminó siendo hegemónico y que fue en definitiva el que ató a la Argentina al carro del capital británico, que es lo que hace Mitre después de la batalla de Pavón. Pero lo de hoy ni siquiera es eso. 

– El presidente es un reivindicador de Alberdi, por ejemplo. 

– Claro, pero de un Alberdi absolutamente sesgado. El Alberdi que Miley levanta es el Alberdi de 1830, es el joven Alberdi, que era un joven liberal que también confrontó con el racismo y que tenía sus posicionesorientadas a un desarrollo económico a partir de la libre empresa y todo eso.

Pero uno tiende a pensar que el presidente ha estudiado muy mal la historia, o se ha construido una historia como un traje a medida, a partir de un posicionamiento, cuando él dice “nosotros en 1860 construimos una nación, 35 años después éramos una potencia y dejamos atrás un país de bárbaros para construir una gran potencia a partir del ideario de Alberdi”. Cuando uno toma esa frase sacada de contexto, uno dice, construimos una gran nación a partir de 1860, o sea que la construyó Mitre después de la batalla de Pavón. Alberdi no apoya ese proyecto político del “mitrismo” porque no lo comparte, lo combate, por eso no puede volver nunca a la Argentina y se pasa 40 años exiliado, combate a Mitre porque no está de acuerdo con la guerra del Paraguay. Alberdi considera que Mitre y Sarmiento son falsos liberales porque un liberal de verdad no declara un estado de sitio que dura seis años, ni encarcela a opositores políticos, ni cierra diarios opositores, ni mete presas a personas sin juicio previo. Hay un análisis que hace el Alberdi de la madurez, que la historia oficial no lo cuenta porque no le conviene.

– ¿Crees que hoy es difícil hablar de soberanía porque hemos perdido la batalla cultural?

– Durante mucho tiempo creímos que la batalla cultural estaba ganada y la hemos perdido. Hemos perdido también la prédica en muchos sectores de la juventud argentina, no en todos, pero sí en una parte importante, y estamos sometidos al bombardeo de la cultura colonial, que se expresa a través de la historia de Mitre y sus herederos, de la literatura de extranjerías y del monopolio de los medios. Frente a toda esa ofensiva es muy difícil hablar de soberanía nacional. Yo creo quepese a eso, tenemos que trabajar en la construcción de una consciencia nacional. En el caso nuestro, los historiadores intentamos hacerlo desde el lugar que nos toca. Yo fui docente de secundaria durante casi 30 años e hice de la escuela el lugar de resistencia para combatir, sin hacer ni maniqueísmo, ni reduccionismo, pero sí ofreciendo una voz disonante que rompiera el tono monocorde de la enseñanza de la historia oficial. La otra trinchera es la de la militancia política, en la cual los compañeros, los cuadros políticos se formen en una historia nacional, popular, latinoamericana, antiimperialista, que recoja del pasado estos legados, estas herencias, estas luchas y que pueda poner sobre la mesa la soberanía nacional que se intentó a lo largo de 200 años, desde Mariano Moreno, pasando por Artigas, por Dorrego, por las masas federales del interior;Irigoyen, Perón, el socialismo, el anarquismo, hacer la línea como te guste, pero recuperando esos legados y pensando en el tiempo presente. 

– Y sin rendirnos en la batalla cultural

– Jamás. Si abandonamos la batalla cultural nos entregamos atado de pies y manos a este conformismo neoliberal, que nos va a llevar nuevamente a un destino de factoría, una factoría semicolonial como lo era la Argentina en 1860. Vamos camino a eso lamentablemente. Yo espero que haya anticuerpos. 

– Sí, acá estamos también para eso.

Para ver las entrevistas completas del Especial Soberanía Nacional, “La patria no se vende”, que realizamos junto a Lucas Román y Laura Bitto, visitá el canal de Youtube de Radio Seta:

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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