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Entrevista

“El desafío es comprender a los cuidados como parte de la actividad económica productiva que solventa la sociedad”

Carolina Brandariz, Directora de Cuidados Integrales y Políticas Comunitarias del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y referenta del Movimiento Evita, en diálogo con El Argentino, planteó la necesidad de jerarquizar y reconocer las tareas de cuidado que hacen las mujeres como parte de la actividad económica productiva que solventa la sociedad.

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“Es fundamental reconocer los saberes populares de las trabajadoras que sostienen cuidados”, dice Carolina Brandariz, mientras prepara el mate y se despide de su compañera de oficina.

Fotos: Matías Sastre

-¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidados?    

-Es un gran desafío explicarlo para tomar dimensión de todas sus aristas. La pandemia hizo mucho para ponerlo en evidencia porque tuvimos que conciliar el trabajo que está más formalizado, que hacemos a veces fuera de casa, con lo que implica la gestión del hogar: lavar la ropa, hacer la comida, hacer las compras, lavar los platos, cuidar a les hijes, llevar y traer de la escuela. Toda esa gestión implica tiempo, una ocupación mental, una preocupación respecto a cómo resolver el día a día, una planificación. Por mandato cultural patriarcal, esa responsabilidad pesa más sobre las mujeres y eso genera una brecha de género donde en el mundo del trabajo donde no tenemos las mismas oportunidades, porque esa actividad del cuidado implica una segunda jornada laboral. Las mujeres ocupamos los trabajos  peores pagos, más precarizados, más invisibilizados. El desafío es comprender a los cuidados como parte de la actividad económica productiva que solventa la sociedad. Entonces, junto con la educación, con la salud, con la seguridad social, se constituye un nuevo pilar en términos de derechos que es el cuidado. Muchos ámbitos del Estado se reconstituyeron en función de una demanda social pero aún falta mucho por recorrer para generar cada vez más instituciones que den garantía a ese derecho y que lo visibilicen también como un trabajo.

-¿Cómo describirías la dimensión comunitaria de los cuidados?

-Me parece que es muy importante poner en valor la gestión comunitaria. Reconocer un modo de resolver la organización social de los cuidados donde las salidas no son individuales sino colectivas. Allí donde el Estado no construyó, por ejemplo, un jardín comunitario, en esos 4500 barrios populares que reconoce en Renabap, las compañeras impulsan uno y eso soluciona una demanda de toda la comunidad. Hay un debate que damos acerca de cómo el Estado es más eficaz cuando llega de la mano de las organizaciones para poder generar acceso a derechos. Hay una amplia red de trabajo de cuidados comunitarios, el Estado lo que tiene que hacer es jerarquizar la labor de las trabajadoras que lo sostienen.

-¿Cómo explicarías el valor que generan?        

-Vivimos en un mundo con un sistema económico cada vez más concentrado. Que producto de los avances tecnológicos requiere cada vez menos trabajo para llevar adelante la misma producción, con lo cual aquellas tareas que no se pueden suplir porque no hay robot o computadora que te haga el almuerzo, aún, son las de cuidados. Tienen un carácter esencial y tenemos que pensarlas como generadoras de empleo. Hay muchos estereotipos de género que persisten en el mundo del trabajo, hay que pensar las batallas en todos los frentes. Cuando hablamos de aborto también estamos hablando de que las mujeres podamos definir el tipo de vida que queremos tener, cuando hablamos de educación sexual integral pienso que ahí les pibes son nuestros mejores aliados para poder pensar un mundo sin estereotipos de género porque están discutiéndolo todo. Para generar mayores condiciones de igualdad hay que empujar políticas donde todos tengamos las mismas licencias para cuidar, de creación de espacios de educación y cuidado en el ámbito privado y público, la promoción del empleo con un reconocimiento económico y un trabajo de cuidados con garantía de derechos. Y también el acceso de las identidades feminizadas a distintos puestos de trabajo.

-¿Crees que aún falta convencer acerca de la importancia de los cuidados como centro de la escena política, social y laboral actual?

Incluso dentro de las organizaciones de la economía popular nos falta saldar debates respecto de qué actividades económicas se jerarquizan y cuáles se subvaloran. Por ejemplo, seguimos sin llamar actividades productivas a las tareas de cuidados. Eso creo que se debe a una caracterización que trasladamos sin tiempo y espacio a la economía popular de la economía de mercado y me parece que tenemos que reformularlo porque cuando un jardín comunitario sostiene su tarea cotidianamente resuelve, produce, tiene una función para el conjunto de la sociedad y el conjunto de la sociedad no le tributa lo que efectivamente está produciendo todos los días. Tenemos que pensar en términos de generación de empleo a ese trabajo que solventa otra actividad económica.

-¿Cómo se construye la interlocución entre movimientos populares y Estado?

-Creo que en toda nuestra agenda se afirma cual es la importancia de este nuevo movimiento obrero, de estos trabajadores y trabajadores descamisados del siglo veintiuno. La interlocución con los movimientos populares es central para construir una Argentina de abajo hacia arriba y desde las periferias hacia el centro. Creo que es muy importante que el sistema político en su conjunto se dé cuenta. Nosotros tenemos clara convicción del rol que ocupamos y cómo cada vez tenemos que desplegar nuestra agenda en materia de trabajo, cuidados, salud, educación. Porque hemos construido experiencias en muchas dimensiones del Estado que tenemos que poner en valor y me parece que el sistema político debe darse cuenta y construir respuestas y acceso a derechos. En el mundo del trabajo el Estado norma a la mitad de la población. La política, en el marco de las reglas de la democracia liberal, tiene márgenes muy chicos para poder abrazar las necesidades del conjunto del pueblo que está todavía esperando soluciones y que no las está encontrando en la política. No hay recetas pragmáticas, son transformaciones de fondo a las cuales tenemos que apostar.

-¿Cuál es la agenda de la economía popular en torno a los cuidados y al feminismo?

-Me parece importante dentro de la agenda de la economía popular poder lograr mayores grados de institucionalización por parte del Estado nacional. En términos de cuidados que las trabajadoras puedan acceder a derechos, que tengan reconocimiento económico. Nos debemos el debate de cómo se formaliza la agenda de cuidados dentro del movimiento feminista. Creo que los cuidados están esperando que el feminismo los tome con más fuerza. Cuando se dice que las mujeres construimos poder de otra manera, cuando hablamos del poder popular, es mucho más transformador pensar en la construcción de poder popular que aquel recorrido que se hace de manera individual o en clave patriarcal. Es muy importante poder pensar en un poder que se ejerza de manera feminista y popular. Es una deuda, vamos dando pequeños pasos, todavía tenemos mucho por escribir. Confío mucho en esa potencia.

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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