Entrevista
“Creamos un modelo de Estado económico, social, productivo y comunitario propio y exitoso”
Luego de su presentación en el conversatorio “La participación pública en la producción de alimentos”, realizada en el Torquato Tasso, el martes por la noche, junto a Rafael Klejzer y Alex Roig, Patricia Ballivian Estenssoro dialogó con El Argentino y desarrolló como fue el proceso de construcción de empresas públicas en Bolivia.
Fotos: Gustavo Fraietta
Video: Máximo Paredes
Patricia Ballivian Estenssoro fue parte del gobierno del presidente Evo Morales en Bolivia y del actual presidente Lucho Arce. Fue Ministra de Desarrollo Productivo y Economía Plural. “Creamos un modelo exitoso, una refundación del Estado que cambió del neoliberalismo a un propio modelo económico, social, productivo y comunitario que hasta hoy llevamos adelante”, expresó.
-¿Cómo fue el proceso de nacionalización de recursos estratégicos y de creación de empresas públicas en Bolivia?
-Hubo una decisión política de devolverle al Estado lo que le pertenece, en ese marco se dió la nacionalización de los recursos naturales: hidrocarburos, electricidad, agua potable, sanidad, algunos complejos mineros. A partir de entonces el Estado comienza a generar recursos económicos y pasamos de ser un Estado observador a uno planificador, empresario, redistribuidor, inversionista. La fortaleza está en tener los recursos económicos para hacer frente a coyunturas difíciles como la que hemos pasado con la pandemia y a inversiones que se requieran como país sin condiciones de terceros. No hay que tener dependencia cuando asumes la competencia de tener tus propios recursos para hacer tus propias inversiones. La soberanía política es lo más importante es algo que no puede perder el Estado. Hay que darle la fuerza económica para después generar la fuerza política.
-Mencionaste durante tu intervención a cuatro actores que constituyen la economía en Bolivia: el Estado, el sector privado, el cooperativo y el comunitario ¿Cómo funciona ese sistema plural?
-Primero definimos cuáles son los actores económicos en Bolivia y a través de la nacionalización comenzó a constituirse el Estado como el actor número uno. El actor privado genera empleo y tiene cierta independencia económica. El cooperativista, minero principalmente, está muy arraigado en nuestro país, y el comunitario es el actor económico del área rural que es donde hemos fortalecido y enfocado las inversiones. Además, como mandato de la Constitución, apoyamos al actor comunitario para promover una economía local y regional. Por eso se trata de una economía plural y de un Estado Plurinacional, mucho más productivo, que se ocupa de la sostenibilidad, de la regulación de precios y sobre todo promotor de la economía nacional, local y regional.





-¿Qué resultados obtuvieron?
-Pasamos de ser un Estado observador a uno empresario, planificador, inversionista, banquero, un actor fundamental en la economía que nos ayudó a generar recursos propios, a dejar los financiamientos de la corporación y empezar a invertir. Se desarrollaron muchas empresas públicas que comenzaron a apoyar diversos sectores productivos de la economía lo que generó trabajo directo y crecimiento, nuevas ofertas y precios justos para el productor y para el consumidor final. Comenzamos a construir recursos y fuentes de trabajo para que los generadores de excedentes, de ingresos y de empleo se junten y que el Estado comience a distribuir en la población en base a las contribuciones directas como los bonos y las subvenciones justamente para regular las fallas del mercado, porque el mercado tiene fallas, con los monopolios, cuando se concentran en pocos sectores todas las riquezas. Esas fallas las regulamos. Y realizamos nuestras propias inversiones en lugares estratégicos sin ningún tipo de condicionamientos y bajo decisiones netamente soberanas.
-¿Lograron reducir la pobreza y controlar la inflación?
-Eso es muy importante, antes de nuestro modelo económico, social, productivo y comunitario, Bolivia, después de Haití era el país más pobre. En 14 años revertimos esa pobreza y comenzamos a ser un Estado con una fortaleza económica muy importante que nos permitió tener estabilidad económica en precios. El año pasado hemos cerrado con 0.9 de inflación, nada. Es que Bolivia, a diferencia de otros países, tiene una fortaleza en generación de recursos como Estado Plurinacional que ayuda a tener subvenciones cruzadas y apoyar estas fallas de mercado que van en contra de la población, lo que más duele es el hambre, la alimentación, ahí está el Estado para combatir la inflación que no es justa, que no tiene sentido, que lo que está haciendo es aprovechando momentos de la coyuntura para concentrar la riqueza en capitales privados que lo único que se benefician con estas fallas. La intervención del Estado tiene que ser directa como un jugador más. Desde el momento que hablamos de empresas públicas es pensar en un estado empresario, que va a entrar a jugar en el mercado en las mismas condiciones que demanda el mercado y tener las mismas herramientas para ser una opción más que pueda regular jugando con opciones de oferta, con eficiencia en la distribución, con pagos justos al pequeño productor.






-¿Qué pensás de la posibilidad de crear empresas públicas aquí en Argentina?
-Creo que es estratégico. La pandemia nos ha demostrado que el Estado tiene que ser fuerte, no puede ser observador, tiene que actuar y proveer. En el país más capitalista EE.UU. las transnacionales tuvieron que recurrir al Estado para recibir dinero durante la pandemia que los afecto. No recurrieron a Wall Street sino al Estado. Tiene que ser un actor económico que tenga recursos a disposición no solamente para políticas sociales productivas sino de apoyo a la población. Tiene que fluir con lo que es el mercado, la empresa pública ayuda con oferta real y no especulativa con apoyo y crecimiento de sectores pequeños como aliados estratégicos que te permita generar oferta. La empresa pública no coarta el derecho del privado, es un actor más. En Bolivia la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA) comenzó a actuar en el mercado para establecer precios en coyunturas políticas. Los oligopolios y monopolios cuando hay elecciones comienzan a jugar en el mercado a costa del bolsillo del consumidor, elevando los precios, especulando, escondiendo los alimentos. No lo hemos permitido porque había un actor ahí que jugaba en la misma cancha, con el mismo ritmo y con los mismos recursos. Comenzamos a meter goles y a hacer gestión. Fue un proceso estratégico de una empresa pública que interviene como un actor de mercado en el área comercial pero también en la cadena productiva porque EMAPA está en todo el eslabón, con el productor pagándole un precio mejor que el privado y apoyando su crecimiento con recursos, insumos, diesel. Se le compra, se transforma y se vende.
-¿Cómo estás viviendo tu visita al país?
-Agradezco la cooperación que hemos recibido porque hemos estado trabajando desde el año pasado con la Dirección Nacional de Políticas Integradoras, fueron a Bolivia, conocieron nuestro país y colaboraron para crear una propuesta de lácteos, nos guiaron y ya tenemos dos leches en el mercado a disposición de la población. Ahora venimos a apoyarnos en otros rubros también. El tema apícola, Argentina es un gran productor de miel que maneja muy bien la cadena primaria y vinimos a ver cómo lo hacen, la generación de las reinas y todo el proceso que apoye al apicultor, también stevia, maní y algarroba. Hemos venido a que nos ayuden a tener esos procesos. Y nosotros compartimos el conocimiento de cómo hemos generado las empresas públicas y ese modelo que hoy es alabado por la región.
Quiero agradecer todo el cariño, la solidaridad, hemos estado acá viviendo en tiempos difíciles, debo decir que mi país atravesó un proceso de interrupción del mandato del presidente Evo Morales por un golpe de Estado, todo por hacer las cosas bien. Una clase media alta enardecida que no aceptaba un proceso de cambio. En ese momento nos recibieron ustedes con las puertas abiertas, con los brazos abiertos, agradecerles por toda esa solidaridad que han tenido con nosotros.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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