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Pobreza

El 61% de los argentinos no podrá irse de vacaciones a ninguna parte

En una población de aproximadamente 46 millones de personas, representa a más de 28 millones.

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Lo que tenés que saber

  • Más de 28 millones de argentinos, el 61% de la población, no podrán tomarse vacaciones este verano debido a la crisis económica.
  • A pesar del interés por viajar, la falta de poder adquisitivo limita la posibilidad de muchos para disfrutar de un descanso.
  • La preferencia por destinos internacionales se enfrenta a la realidad de los costos elevados y la escasez de divisas.
  • La situación económica ha generado que, a pesar del alto porcentaje de personas dispuestas a viajar, más de la mitad no pueda hacerlo.

La crisis económica afecta a más de 28 millones de argentinos

A pesar de que el 33% de la población argentina, más de 15 millones de personas, tiene planes de viajar durante el verano de 2024, la realidad económica de muchos otros es muy diferente. Según los últimos datos, más de 28 millones de argentinos, el 61% de la población, se verán imposibilitados de salir de vacaciones debido a la difícil situación económica que atraviesa el país. Esta cifra pone de manifiesto la desigualdad en el acceso a los viajes, ya que la crisis de inflación, la alta tasa de desempleo y el escaso poder adquisitivo afectan profundamente la capacidad de disfrute de una parte significativa de la población.

Mientras que más de 15 millones de personas tienen planes de viajar, la otra mitad se enfrenta a la dura realidad de la imposibilidad de salir de sus hogares debido a los altos costos de los viajes, tanto nacionales como internacionales. Las familias que, con suerte, logran organizar una escapada, se enfrentan a precios cada vez más altos en servicios y transportes, lo que limita enormemente las opciones.

Viajar se convierte en un lujo para pocos

El aumento en el costo de los boletos de avión, los combustibles y los paquetes turísticos ha hecho que los viajes, que solían ser una tradición de verano para miles de argentinos, ahora se conviertan en un lujo inaccesible para la mayoría. A pesar de que el 33% de la población muestra interés por vacacionar, el elevado costo de los pasajes, ya sean nacionales o internacionales, y la falta de divisas necesarias para viajar al exterior, dejan fuera del panorama a la gran mayoría de la población.

En este contexto, las opciones más cercanas y económicas, como los destinos dentro del país, también se ven afectadas por la inflación. Las actividades turísticas locales, como las visitas a las Sierras de Córdoba o el Partido de la Costa, que tradicionalmente eran accesibles, ahora presentan precios elevados que dificultan el acceso para muchas familias.

Impacto en los destinos internacionales: Brasil sigue siendo un sueño lejano para la mayoría

Aunque Brasil se mantiene como el destino más elegido por los argentinos para este verano, con un 43% de los viajeros internacionales eligiendo este país, la realidad es que muchos no podrán costear el viaje debido a la escasez de divisas y la inflación. El dólar caro y las restricciones cambiarias obligan a que muchos argentinos se vean privados de la posibilidad de disfrutar de las playas brasileñas, consideradas tradicionalmente cercanas y asequibles.

Los destinos internacionales siguen siendo un anhelo para una parte de la población, pero la falta de poder adquisitivo limita este sueño a una pequeña fracción de los viajeros, lo que pone en evidencia el contraste entre los que pueden aprovechar el verano y los que no tienen más opción que quedarse en casa.

Un verano en casa para más de 28 millones de argentinos

Con más de 28 millones de argentinos sin la posibilidad de salir de vacaciones, la crisis económica refleja una triste realidad: mientras una parte de la población se prepara para tomarse un descanso, la otra mitad debe enfrentarse a la incertidumbre económica y la falta de recursos. Este escenario resalta las profundas desigualdades económicas que se viven en el país, donde las vacaciones se han convertido en un lujo inaccesible para la mayoría.

Planes sociales

Infancia en la Era Milei: 4 de cada 10 niños no acceden a ropa ni calzado

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de los UCA reveló que el 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para vestirse en el último año. La brecha entre sectores populares y medios es abismal: mientras en los hogares de menores ingresos la carencia llega al 58,3%, en los sectores medios y altos baja al 17,8%. Sin la AUH y la Tarjeta Alimentar, la indigencia infantil casi se duplicaría.

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El último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) registró que el 37,5% de los niños y adolescentes del país tuvo problemas para acceder a ropa y calzado durante el último año. El dato, que en apariencia podría leerse como una estadística más en el largo historial de carencias de la infancia argentina, condensa en realidad la magnitud de un empobrecimiento que el ajuste de la gestión de Javier Milei profundizó sin pausa desde diciembre de 2023.

La desigualdad estructural queda expuesta con precisión matemática cuando el ODSA desagrega el dato por nivel socioeconómico: entre los chicos pertenecientes a los sectores de menores ingresos, la dificultad para vestirse alcanzó al 58,3%. En los sectores medios y altos, la cifra cae al 17,8%. No se trata de la misma Argentina. Se trata de dos países que conviven bajo el mismo cielo, con acceso radicalmente distinto a lo más elemental.

Más que ropa: privaciones que dañan el desarrollo

El informe del ODSA advierte que las privaciones materiales no se agotan en la falta de bienes concretos, sino que generan consecuencias que se extienden al desarrollo integral de la infancia. El 36,8% de los niños evaluados presentó dificultades vinculadas al aprendizaje, mientras que el 27,3% manifestó problemas para relacionarse con pares o integrarse a grupos. A su vez, el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.

Estos datos desmenuzan lo que los índices de pobreza no siempre muestran: la pobreza no es solo hambre o falta de techo, es también exclusión, estigma y daño psicológico. Un chico que no tiene zapatillas en condiciones para ir a la escuela no solo tiene frío. También tiene vergüenza. Y esa vergüenza tiene consecuencias en su socialización, en su rendimiento escolar y en su bienestar emocional, consecuencias que el ajuste libertario no figura en ninguna planilla de «equilibrio macroeconómico».

La AUH y la Tarjeta Alimentar: el piso que el Estado no puede retirar

El informe también relevó el rol determinante de las transferencias estatales en la contención de la pobreza infantil. Según el ODSA, programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar explican más del 90% de la reducción de la pobreza infantil y entre el 97% y el 98% de la contención de los casos de indigencia extrema. Sin esas políticas, el suelo se derrumba.

Los números son contundentes: sin estas transferencias, la indigencia infantil pasaría del 9,5% al 16,4%, casi el doble. La pobreza, en tanto, escalaría del 42,5% al 47,8%. Es decir que el único muro que separa a cientos de miles de chicos de la miseria absoluta son los mismos programas que el discurso libertario históricamente calificó de «clientelismo» o «populismo».

En el grupo de 0 a 3 años, el Plan 1.000 Días contribuyó a que la primera infancia registre de manera sostenida los niveles más bajos de pobreza dentro de la serie analizada. La evidencia acumulada por el ODSA no deja margen para la ambigüedad: el Estado que se retira de la vida de los más vulnerables no es un Estado eficiente, es un Estado que condena.

Una mejora insuficiente sobre una base ya destruida

El relevamiento también registró una mejora relativa en la cobertura de la canasta alimentaria por parte de las transferencias. Durante 2026, esa cobertura alcanzó entre el 39% y el 62%, por encima de los niveles registrados en 2024, cuando apenas llegaba al rango del 12% al 28%. La mejora es real, pero insuficiente: cubrir entre un tercio y poco más de la mitad de la canasta alimentaria no es un logro de gestión, es apenas la confirmación de que el punto de partida era devastador.

El ODSA fue terminante al señalar que, aun con esa recuperación parcial, las transferencias no alcanzan para revertir por completo las condiciones de pobreza. La ecuación es simple y brutal: cuando el ajuste destruye el poder adquisitivo de los ingresos y eleva el costo de los servicios esenciales en más del 500%, ninguna transferencia puede compensar el daño. El desequilibrio entre lo que se recorta y lo que se transfiere es estructuralmente negativo para los sectores populares.

El ajuste tiene nombre, apellido y edad

El informe del ODSA se suma a una serie de relevamientos que, en los últimos meses, dibujaron un cuadro de situación que el oficialismo se niega a reconocer. La pobreza infantil del 42,5% no es un dato técnico neutral: es el resultado de decisiones políticas. De un tarifazo que multiplicó el costo de los servicios. De un recorte del gasto social del 61%. De una desregulación que liberó precios pero no salarios. De una narrativa que habla de «déficit cero» mientras los chicos del conurbano no tienen zapatillas para ir a la escuela.

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