Consumo
Este año cerrará con 26 millones de vehículos eléctricos en el mundo, más de la mitad en China
Las proyecciones corresponden a la Agencia Internacional de Energía (AIE), que destacó el «crecimiento exponencial» del sector.
El mercado de vehículos eléctricos, integrado por automóviles, buses y camiones, alcanzará en 2023 un total de ventas de 13,9 millones en todo el planeta, con lo que el parqué a nivel global ascenderá a poco más de 26 millones de unidades, de las que más de la mitad está en China.
Las proyecciones corresponden a la Agencia Internacional de Energía (AIE), que destacó el «crecimiento exponencial» del sector, integrado tanto por automotores 100% eléctricos como por híbridos e híbridos enchufables, incentivado tanto por «políticas nacionales» en línea con la lucha contra el cambio climático, como por el aumento del precio del petróleo, que tornó más económica la opción de los autos alternativos.
«En los países de la Unión Europea y en Estados Unidos el auto eléctrico ya es algo normal, un concepto que ya está metido en la cultura de la sociedad», expresó Jorge Zabaleta, socio de la consultora PwC Argentina, quien agregó que «ya no llama la atención ver cargadores en una esquina y las ventas de autos eléctricos casi se duplican año tras año».
Las ventas de vehículos eléctricos a nivel global se sextuplicó en un lapso de cinco años, pasando de 2,2 millones en 2019 a 3 millones en 2020, 6,5 millones en 2021, 10,3 millones en 2022 y una proyección de 13,9 millones para todo 2023.
Al respecto, el «crecimiento exponencial» puesto de relieve por AIE podría experimentar a partir de este año un cambio significativo, en el que China seguiría manteniendo su liderazgo mundial pero cada vez con menor diferencia respecto del resto del mundo.
La razón de esa expectativa radica en el abandono paulatino de las políticas de incentivos que suelen tomarse en los primeros años de la actividad para impulsar su desarrollo (ventajas impositivas, patentes gratuitas, prioridad de estacionamiento, etc), que ya se dejan a un lado cuando el mercado alcanza su punto de maduración.
Ese es, precisamente, el caso de China, donde el mercado automotor eléctrico tuvo un crecimiento acelerado: las ventas sobre el total de autos pasaron de menos del 6% entre 2018 y 2022 al 16% en 2021 y al 29% en 2022, con el objetivo de alcanzar al 40% en todo el país para 2030 y al 50% en determinadas regiones con altos niveles de contaminación del aire.
De esa forma, el gigante asiático pasó en 2022 a representar más de la mitad del parque automotor eléctrico internacional y la AIE proyecta que para fin de año tendrá el 52,7% del total de autos eléctricos en circulación, con 13,8 millones de unidades, de los que 10,7 millones serán eléctricos a batería (BEV) y 3,1 híbridos enchufables (PHEV).
Ese crecimiento podría atenuarse en la medida que los recortes a los beneficios fiscales quiten incentivos a los potenciales compradores, según las estimaciones de los analistas del mercado automotor.
En el segundo puesto se ubica el conjunto de 27 países de la Unión Europea, con el 29,8% del total mundial, aunque con posibilidades de incrementar su participación porcentual en los próximos años, en el marco de las políticas de eficiencia energética y búsqueda de opciones de energías alternativas, ante las dificultades en la provisión de hidrocarburos desatada a partir de la guerra entre Rusia y Ucrania.
De acuerdo con las proyecciones de la AIE, la Unión Europea contará a fines de 2023 con 7,8 vehículos eléctricos (4,4 millones BEV y 3,4 millones PHEV).
Con un punto de partida rezagado, la electromovilidad en Estados Unidos cobró un importante impulso en agosto del año pasado a partir de la sanción de la ley de Reducción de la Inflación, mediante la cual el presidente Joe Biden apunta a promover el uso de energías limpias en reemplazo de los combustibles fósiles, razón por la que, al igual que con la UE, se espera que en el mediano plazo aumenta su actual participación del 11,4%, con tres millones de unidades (2,1 millones BEV y 900.000 PHEV).
En el resto del mundo se reparte el 6,1% restante y, dentro de este grupo, la Argentina espera una serie de definiciones para darle un impulso mayor a una electromovilidad que, si bien creció en los últimos años, por el momento no alcanza a representar el 0,2% del total del parque automotor y, según los objetivos del Plan Nacional de Transición Energética, alcanzaría al 2% en 2030.
Para que el mercado local de autos eléctricos alcance un grado de madurez similar al de los países desarrollados, Zabaleta considera que hacen falta definiciones que van más allá de la industria automotriz y abarcan a la energía eléctrica en general.
Al respecto, admitió que «es verdad que falta infraestructura, pero no es tan difícil de incorporarla», en referencia a la instalación de una red de cargadores en todo el país que permita viajar a todas las regiones.
Sin embargo, Zabaleta puso en duda que «el sistema eléctrico esté preparado para semejante demanda».
«¿El sistema eléctrico argentino está en condiciones de abastecer, por ejemplo, a toda una flota de colectivos eléctricos? Hay que darle de comer a esos ‘bichos'», expresó, ante un riesgo de colapso de un sistema que, a su juicio, «no tiene un remanente de capacidad para abastecer» al autotransporte público de pasajeros.
CABA
Vivir en CABA: el 40% de las familias más pobres deja más de la mitad del sueldo en el alquiler
Un informe del Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA) y la fundación Fundar confirmó que el 40% de los hogares de menores ingresos en la Ciudad de Buenos Aires destina más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes. Entre 2013 y 2026, los precios relativos de vivienda y servicios treparon casi 25 puntos y la proporción de hogares inquilinos pasó del 22% al 36,9%.
En la Ciudad de Buenos Aires, cuatro de cada diez hogares de menores ingresos destina más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes. El dato surge de un informe elaborado en conjunto por el Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA) y la fundación Fundar, que analizó la evolución de las condiciones económicas y habitacionales de los porteños a lo largo de los últimos 13 años. El resultado retrata una ciudad donde el derecho a la vivienda se convirtió en lujo para los que menos tienen.
El estudio, que abarca el período comprendido entre agosto de 2013 y agosto de 2026, identificó un corrimiento estructural en la composición del gasto familiar. Los precios relativos de la vivienda y los servicios aumentaron casi 25 puntos porcentuales en ese lapso, desplazando el peso de otros rubros como alimentación, indumentaria, educación, salud y esparcimiento. El presupuesto familiar quedó cada vez más dominado por gastos fijos, dejando márgenes cada vez más estrechos para el resto de la vida.
El alquiler ya no es una etapa: es una condición permanente
El informe registró además una transformación profunda en la estructura habitacional de la Ciudad. Los hogares inquilinos pasaron de representar alrededor del 22% en 2001 al 36,9% en 2022, un salto que convirtió al alquiler en una condición habitacional extendida y no ya en una etapa transitoria. La tendencia se profundiza especialmente entre los jóvenes, que acceden cada vez menos a la propiedad y quedan atrapados en un mercado de alquileres que sube sin pausa.
El contraste entre los distintos tipos de hogar revela la dimensión del problema. Según el informe, la canasta de consumo de una persona sola propietaria aumentó un 25,2% en dólares entre 2013 y 2026, mientras que la de una pareja joven propietaria subió un 21,5%. La familia propietaria con dos hijos registró un incremento del 19,4%. En cambio, para una pareja joven que alquila, el aumento fue del 11,4%. Las diferencias ilustran cómo la situación habitacional no es un dato accesorio, sino un factor determinante de la estructura de gastos y de la capacidad de proyección económica de cada hogar.
Los gastos fijos que asfixian el presupuesto
El peso creciente del alquiler dentro del presupuesto familiar no opera de manera aislada. Se combina con el incremento sostenido de las expensas y los servicios públicos, que desde diciembre de 2023 acumularon subas superiores al 500% en rubros como transporte, gas, agua y electricidad, según datos del IIEP (UBA-CONICET). La presión sobre los ingresos es simultánea desde múltiples frentes: el alquiler sube, los servicios suben, y la capacidad de ahorro se contrae.
Para los sectores de menores ingresos, el impacto es de una magnitud que excede cualquier ajuste racional del presupuesto. Cuando el alquiler de un dos ambientes absorbe más de la mitad de los ingresos disponibles, el margen para mudarse, planificar, ahorrar o aspirar a una vivienda propia se vuelve prácticamente inexistente. Lo que el informe describe en términos estadísticos es, en la vida cotidiana de miles de familias porteñas, la imposibilidad de construir un horizonte.
Un mercado sin regulación y un Estado que se retiró
El deterioro del acceso a la vivienda tiene contexto político y regulatorio. La derogación de la Ley de Alquileres en 2023, impulsada como parte del programa de desregulación del gobierno libertario, eliminó los marcos de previsibilidad contractual que, con sus limitaciones, fijaban pisos para la negociación. En un mercado librado a la lógica de la oferta y la demanda, los alquileres se actualizan mensualmente y la incertidumbre sobre el costo de renovación opera como factor de expulsión para los inquilinos más vulnerables.
El informe del CESBA y Fundar llega en un momento en que el gobierno nacional reivindica el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación como señales de recuperación económica. Pero los datos sobre el acceso a la vivienda revelan una recuperación que no llega a los hogares que más la necesitan: aquellos que alquilan, que tienen bajos ingresos, y que enfrentan cada mes la disyuntiva entre pagar el alquiler o cubrir el resto de las necesidades básicas.
Lo que tenés que saber:
- El 40% de los hogares de menores ingresos de CABA destina más de la mitad de sus ingresos al alquiler de un departamento de dos ambientes.
- Entre 2013 y 2026, los precios relativos de vivienda y servicios aumentaron casi 25 puntos porcentuales, según el informe del CESBA y Fundar.
- Los hogares inquilinos pasaron del 22% en 2001 al 36,9% en 2022, consolidando el alquiler como condición habitacional estructural y no transitoria.
- La canasta de consumo de una persona sola propietaria subió 25,2% en dólares en ese período; la de una pareja joven que alquila aumentó solo el 11,4%.
- El aumento de los gastos fijos, alquiler, expensas y servicios, reduce el margen para ahorrar, mudarse o proyectar el acceso a una vivienda propia.
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