Consumo
Crisis en supermercados: el consumo cayó 5,4% y anticipan nuevos aumentos en mayo
El derrumbe representa el nivel más bajo en más de dos décadas, solo superado por las crisis de 2002 y 2003.
El consumo masivo registró una caída del 5,4% interanual en marzo y acumuló una baja del 8,6% en el primer trimestre del año, según un informe de la consultora Scentia. El derrumbe representa el nivel más bajo en más de dos décadas, solo superado por las crisis de 2002 y 2003.
La fuerte suba en alimentos, que aumentaron un 5,9% en marzo, potenció el retroceso en las ventas, especialmente en los supermercados mayoristas, donde ya no se consumen productos como bebidas alcohólicas, aguas minerales, primeras marcas de gaseosas y artículos de higiene personal.
“Hay productos que ya no se venden”
Daniel Acuña, gerente de un supermercado mayorista del barrio de Mataderos, sostuvo que “el consumo está muy bajo” y advirtió que no se pueden trasladar los aumentos directamente al cliente. En diálogo con el periodista Claudio Cardozo para el programa Mañanas Argentinas de C5N, explicó:
“Nosotros manejamos una variación mensual del 2%, pero hay productos que directamente ya no se consumen: aguas minerales, bebidas con alcohol, primeras marcas, artículos de limpieza o perfumería como hilo dental o enjuague bucal”.
Acuña también anticipó que prevén subas para comienzos de mayo, pero aclaró que dependerá de cómo lleguen las nuevas listas de precios. “Siempre hay ofertas que terminan y otras que empiezan, pero en este contexto no todo se puede remarcar”.
El impacto en el bolsillo
Desde la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas, su vicepresidente Alfredo Farina advirtió que los aumentos en productos básicos como aceite y café rondan el 7%. Además, explicó que los commodities internacionales subieron entre el 6% y el 8% esta semana, por lo que el impacto en góndola se sentirá cuando llegue la próxima reposición.
“Los salarios informales están un 30% por debajo de la inflación. La gente está destinando más de su ingreso a pagar servicios, lo que limita aún más el consumo”, sostuvo Farina.
También alertó sobre un retraso del 18% en los servicios, lo que anticipa nuevas subas y un panorama de consumo retraído.
Promociones para incentivar ventas
Para hacer frente a la situación, algunos mayoristas ofrecen descuentos de hasta el 10% al comprar a partir de seis unidades, aunque la mayoría de las ventas se limita al consumo final de baja cantidad. “Para el bolsillo de la gente es realmente importante”, dijo Acuña.
Consumo
El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.
La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.
Un récord negativo que arranca en 2006
El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.
En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.
Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola
Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.
Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.
La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.
El precio que aleja la carne de la mesa popular
El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.
El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.
El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado
El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.
La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.
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