Consumo
Relevamiento de precios: la «verdad láctea» es la de los aumentos
Como en aquel viejo slogan publicitario, la empresa La Serenísima impone su posición monopólica en el mercado y el sachet de leche se paga más de 200 pesos.
Por Néstor Llidó
Allá por los años `80, en una de sus campañas publicitarias, La Serenísima promocionaba que “la frescura blanca va del campo a la ciudad” y refiriendo a la bondad de sus productos daba cuenta de la “verdad láctea”. De un tiempo a esta parte, el consumidor sabe que esta empresa maneja el mercado de la leche, con una posición monopólica y por ende, fija los precios de referencia.
En los relevamientos de precios que semanalmente lleva adelante EL ARGENTINO se ha venido observando el aumento del valor del sachet de leche de un litro, ya no también en su tradicional envase de color rojo, sino en los azules o anaranjados con menor porcentaje graso y valor nutricional.
Por lo tanto, en esta recorrida que abarcó a locales de las cadenas Coto, Día % y Carrefour Exprés del partido de Ituzaingó y los barrios porteños de Villa Luro y Villa del Parque, el precio del sachet de leche, de las de “porcentaje”, se ubica entre 219 y 270 pesos. Un alimento básico para la canasta familiar ha sufrido aumentos permanentes en las últimas semanas.
Los supermercados ofrecen, con escaso stock, otras leches de segundas marcas (Casanto, La Suipachense, La Armonia, por ejemplo) o marcas propias a precios que van de los 107 a 126 pesos, que solo se consiguen yendo tempranito y con la imposibilidad de no poder comprar más de dos por persona. En consecuencia, el consumidor aparece como rehén de La Serenísima que fija los valores de algo tan esencial como la leche para los niños de las familias.
En paralelo, al aumento de sachet de leche, el paquete de yerba mate de 500 gramos, la botella de aceite de un litro, los fideos, el puré de tomates han experimentado subas “en goteo”. “De una semana a otra, todo se fue entre 10 a 20 pesos o más. A excepción de ciertas promociones de 3×2 o 2×1, ya no hay bolsillo que pueda soportar tantos aumentos”, es la sensación ante cada relevamiento.
Y el párrafo aparte que se repite para el programa Precios Cuidados, el de acuerdo de precios entre el gobierno nacional y los empresarios. La oferta es más que escasa, en general, las góndolas de los productos de Precios Cuidados están vacías.
Consumo
Decadencia: el consumo de carne toca mínimos históricos por la suba de precios
El consumo de carne vacuna cayó más de 10% interanual y ronda los 44,8 kilos por habitante. Hace una década superaba los 60 kilos. La suba de precios y la pérdida del poder adquisitivo explican el cambio en los hábitos alimentarios.
Lo que tenés que saber:
- El consumo de carne vacuna sigue en caída y se ubica en niveles históricamente bajos
- La suba sostenida de precios impacta directamente en la mesa de los hogares
- Los ingresos no acompañan y obligan a reducir o reemplazar este alimento
- Se consolida un cambio hacia otras proteínas más accesibles
- La caída del consumo afecta a toda la cadena productiva
El consumo de carne cae y marca un piso histórico
El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer y se ubica en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Según datos de CICCRA, el promedio anual por habitante ronda los 44,8 kilos.
La cifra refleja una caída superior al 10% en comparación interanual y consolida una tendencia descendente que se viene registrando en los últimos meses.
El impacto de los precios en la mesa
El principal factor detrás de la caída es la suba de precios. En el último año, la carne registró aumentos acumulados superiores al 70%, con incrementos aún mayores en algunos cortes populares.
Este escenario impacta de lleno en el consumo cotidiano, ya que la carne tiene un peso relevante en la canasta básica y en el gasto de los hogares.
Salarios en baja y cambio de hábitos
La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a modificar sus decisiones de consumo. Frente a precios elevados, muchos hogares reducen la cantidad de carne vacuna o directamente la reemplazan.
En este contexto, otras opciones ganan terreno: el pollo y el cerdo se consolidan como alternativas más económicas, lo que marca un cambio estructural en la dieta.
Un indicador clave del deterioro económico
El consumo de carne es considerado uno de los indicadores más sensibles del nivel de vida en Argentina. Su caída no solo refleja la inflación, sino también el deterioro del ingreso real.
En perspectiva histórica, el nivel actual queda muy por debajo de los registros de años anteriores, cuando el consumo superaba ampliamente los 60 kilos por habitante.
Impacto en la producción y exportaciones
La caída del consumo interno también afecta a la cadena productiva. La producción mostró una baja en el primer trimestre, mientras que el mercado interno pierde volumen.
En paralelo, las exportaciones crecieron y funcionan como una alternativa para el sector, aunque no logran compensar completamente la debilidad de la demanda local.
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