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Cómo las redes sociales se adaptan al sentido común imperante y cómo esto puede influir en la difusión de noticias falsas y la manipulación de la información. El caso de José Saramago y su obra «Historia del cerco de Lisboa» como una metáfora sobre la modificación de la verdad en la sociedad. El papel de Facebook en la crisis de los rohingya en Myanmar y cómo la falta de regulación y control contribuyó a la propagación de discursos de odio y violencia étnica.

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Estamos llegando al fin de una civilización, sin tiempo para reflexionar, en la que se ha impuesto una especie de impudor que nos ha llegado a convencer de que la privacidad no existe

José Saramago

Por Sergio Peralta

Desde la redes sociales se maneja mucho del sentido común imperante, o lo que es mejor decir, se amolda a las necesidades del poder ese sentido común de la sociedad. José Saramago fue un escritor con una capacidad excepcional para crear narraciones inolvidables, pero no tuvo las condiciones de adivino sobre el futuro; sin embargo en 1989 escribió Historia del cerco de Lisboa, allí magistralmente le da vida a Raimundo Silva, un ignoto corrector de pruebas de una editorial, que decide reemplazar un si por un no, dejando en claro que los Cruzados no ayudaron al Rey de Portugal a recuperar Lisboa. Obviamente modifica la historia escrita y produce una serie de cambios, narrados por la inventiva de Saramago.

Ya en el plano de lo real, aún suenan las carcajadas y las caras largas también producidas por este hecho:“Cuando el presidente estadounidense Jimmy Carter viajó a Polonia, en 1977, el Departamento de Estado contrató a un intérprete ruso que sabía polaco, pero que nunca había traducido profesionalmente ese lenguaje. En aquella época, Polonia seguía estando bajo la órbita comunista, y Carter trató de ganarse al pueblo con un discurso amigable. Pero al traductor le pudo el entusiasmo. Carter comenzó diciendo, “salí de los Estados Unidos esta mañana”, y el traductor dijo “he dejado Estados Unidos para no volver nunca”. Cuando el presidente dijo “he venido para conocer vuestras opiniones y entender vuestros deseos de futuro”, el traductor dio a entender que Carter deseaba sexualmente a los polacos. Incluso una inocente frase sobre lo feliz que le hacía estar en Polonia se convirtió en “estar feliz de ver las partes privadas de Polonia”. Fue un desastre. La delegación contrató apresuradamente a otro traductor. Este sabía bien polaco, pero no inglés, así que volvió a hacerlo mal.”

El periodista Carlos del Castillo escribe el 7 de noviembre de 2018 una nota en el diario.es referida a una desgracia producto de la ambición y el descuido de parte de la red social Facebook en Filipinas. La Red Social admitió su responsabilidad en el discurso de odio y violencia étnica contra la comunidad rohingya en Myanmar.

La ONU denunció que la violencia contra los rohingya provocó que 700.000 personas se vieran obligadas a huir de sus casas. Un informe independiente de académicos de Australia, Noruega, Bangladesh, Canadá y Filipinas puso la cifra de asesinados en 25.000. Además, apuntó que otras 19.000 mujeres y adolescentes de esta etnia fueron violadas y hasta 48.000 sufrieron heridas de bala.

La red social afirma que el informe de la ONG cita “el complejo contexto social y político en Myanmar”. Enumera que no se respetan los derechos humanos básicos y en la sociedad ya existía una tensión cultural, religiosa y étnica antes de que Facebook se expandiera por el país. “Facebook solo no puede lograr los cambios generales necesarios para abordar la situación de los derechos humanos en Myanmar”, señala el comunicado, citando el estudio de la ONG.

Tanto esta organización como Facebook señalaron que la rápida conexión a Internet de los ciudadanos de Myanmar contribuyó a que las llamadas masivas a la violencia contra los rohingya se hicieran incontrolables. Lo que no cita es que fue una estrategia empresarial de la red social la que contribuyó a que el país pasara de tener menos de un 1% de población conectada en 2014 a ser el que más usuarios de Facebook tenía de todo el sureste asiático en 2016.

Fue el plan de Mark Zuckerberg para llevar Internet a los países desconectados, presentado en 2013. Facebook llegó a acuerdos con múltiples gobiernos y teleoperadores para instalar servicios de Internet gratuitos que tuvieran la app de la red social como servicio estrella. La aparición de estos servicios sin coste extendió la conectividad a muchos países, que aumentaron vertiginosamente sus porcentajes de usuarios de Facebook.

Esto no tuvo una correlación por parte de la compañía a la hora de implantar estructuras para controlar los contenidos que se publicaban en la plataforma. Tras el informe de la ONU, Facebook reconoció que en las primeras etapas del conflicto no tenía las herramientas ni el personal necesarios que detectar el discurso de odio en birmano, el idioma oficial de Myanmar.

Dentro del campo de la psicología, existe un concepto denominado sesgo de confirmación, es decir, tendemos a asumir como verdadera las afirmaciones que refuerzan nuestras creencias preestablecidas, y como falsas aquellas que cuestionan las mismas. Por otro lado, tendemos a buscar argumentos y conclusiones que concuerdan con nuestras creencias, en vez de buscar argumentos que las contradicen, esto se denomina razonamiento motivado. Cuando se usan las redes sociales como cajas amplificadoras de noticias falsas, es seguro que los usuarios de esas redes sufran de la influencia de estas noticias previamente diseñadas para que las decisiones estén cruzadas por aquello que le interesa al poder oculto en la selva binaria.

En Argentina, con un 92% de la población con acceso a internet, las redes se transforman en el campo de batalla elegido para atropellar la razón. Si bien la red más usada por los argentinos es WhatsApp y no Twetter como elige la política para “hablar” con la población, es en este campo sin regulación en donde la mentira, la manipulación de la información se transmite de uno a otro como un eslabón de una cadena gigante. Los usuarios eligen compartir “noticias” que tienen que ver con sus intereses políticos, aún sabiendo o presumiendo que eso compartido es falso y como la transmisión es sumamente veloz el efecto es inmediato En gran medida, la razón de este notorio cambio en el comportamiento de consumo mediático se basa en el interés de las redes sociales por construir comunidades.

Dentro de éstas se agrupan multitud de usuarios que comparten opiniones y gustos, de forma que desde la propia red social se tratan de afianzar estas comunidades mediante la difusión de noticias que reafirman las opiniones de estos grupos.

James Gleeson, matemático de la Universidad de Limerick en Irlanda, imaginó un modelo para explicar la dispersión de noticias en una red social cualquiera. Describió a un “montón de arena”; “Si uno gotea suavemente arena sobre una superficie plana, se acumulará hasta que sus pendientes alcancen un ángulo crítico. Unos pocos granos de arena adicionales pueden causar que no suceda gran cosa, pero de repente, otro grano desencadenará una avalancha: el equivalente a una noticia falsa que se vuelve viral”. El análisis de Gleeson sugiere que las propiedades intrínsecas del sistema, están impulsando la viralidad.

La sobrecarga de información y la manera que esta llega hace casi imposible verificar lo recibido, si uno es bombardeado de manera constante con basura, aún siendo un “conocedor”, en algún momento reproducimos basura, y aunque sea una sola, esta es reproducida una cantidad de veces que es casi imposible de calcular.

Filippo Menczer de la Universidad de Indiana, junto a un grupo de investigadores demuestran, que solo tres factores inexorables pueden explicar la incapacidad de una red para distinguir la verdad de la falsedad en las noticias, incluso si los individuos pueden hacerlo. Ellos son: la enorme cantidad de información que hay; la cantidad limitada de tiempo y atención que las personas pueden dedicar a desplazarse por sus noticias y elegir qué compartir; y la estructura de las redes sociales subyacentes. Los tres conspiran para difundir algunas de las peores noticias a expensas de los mejores.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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