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Análisis

Crisis económica, de liderazgo, de doctrina

La ofensiva liberal en curso ha llevado adelante, a través de las medidas tomadas en esta primera semana de gobierno por Javier Milei, consecuencias devastadoras para los ingresos –ya maltrechos– de las grandes mayorías.

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Por Mariano Pacheco

¿Podemos siquiera resituarnos en el marco del nuevo escenario que atraviesa la Argentina?

La ofensiva liberal en curso ha llevado adelante, a través de las medidas tomadas en esta primera semana de gobierno por Javier Milei, consecuencias devastadoras para los ingresos -ya maltrechos– de las grandes mayorías. Y todo indica que situación va a empeorar en la medida en que pasen las semanas y se sientan aún más los efectos de estas primeras decisiones. El aumento descontrolado de los precios de alimentos sin una recomposición de ingresos empuja miles a engrosar el ya alarmante número de 40% de pobreza que el país tenía al dejar el gobierno Alberto Fernández. Sobre todo esto hay ya muchos y en algunos casos muy buenos análisis circulando. Quizás en exceso. Porque –sobre todo en la televisión– prácticamente es de lo único que se habla. ¿Qué efectos subjetivos produce la catarata de malas noticias sin atisbos de resolución? No se trata de negar la realidad, sino de analizarla crítica y rigurosamente, lo que implica dar cuenta de las tendencias que permitan avanzar por sendas del bloqueo a lo existente y apertura de nuevas posibilidades. Pero: ¿las hay?

Seguramente hoy de manera dispersa, porque la dispersión es lo que prima en momentos de desorientación y retroceso. Quizás por eso, en este contexto, las últimas horas no han encontrado más que pronunciamientos de “estados de alerta” y declaraciones mediáticas. Frente a la invocación de las fuerzas del cielo, que parecen surtir efectos devastadores en un clima de sensaciones apocalípticas, estas declaraciones y pronunciamientos parecen ser totalmente insuficientes, como insuficientes serán, de todos modos, las respuestas parciales que puedan darse en el plano de la lucha social y gremial frente a cada una de las medidas que el gobierno tome de aquí en más. De allí la importancia del reordenamiento de fuerzas de las corrientes populares del movimiento nacional. Porque la crisis no es sólo económica producto del programa de shock aplicado por la Libertad Avanza sino también política y hasta cultural, en tanto que estas medidas surgen de un gobierno que triunfó en las urnas con el 56% de los votos y que incluso en estas horas son avaladas por quienes en muchos casos se perjudican de manera directa.

Reconstituir entonces una nueva hegemonía popular no resultará sencillo, por más vital que sea en estos momentos. Para ello habrá que enfrentar no sólo a las “fuerzas del cielo” invocadas para llevar adelante estas políticas de ajuste, sino también nuestros propios fantasmas, los que han hecho que nos enredemos en esta situación en la que nos encontramos: sin un liderazgo que unifique una orientación y con ideas, concepciones, categorías de análisis insuficientes para dar una respuesta ante los desafíos que la hora reclama.

Los liderazgos no se fabrican, emergen. Pero en el mientras tanto se puede apostar a multiplicar las voces, a cualificar las “fuerzas de la tierra”, de quienes cada día sostenemos este país con nuestro trabajo, así como también se pueden fortalecer las tareas que contribuyan a revitalizar los modos de leer el mundo en la búsqueda por transformarlo, es decir, efectivizar la necesaria reactualización doctrinaria que el campo nacional-popular necesita.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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