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Análisis

A 49 años de la Noche de los Lápices: la memoria viva en medio de la motosierra de Milei

Del boleto estudiantil al presupuesto: continuidad de una lucha.

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Cada 16 de septiembre, la memoria de La Noche de los Lápices vuelve a interpelar a la sociedad argentina. El secuestro, la tortura y el asesinato de un grupo de estudiantes secundarios de La Plata en 1976, que reclamaban por el boleto estudiantil, se transformó en símbolo del terrorismo de Estado y de la persecución a la juventud organizada.

Este año, el aniversario se da en un contexto particularmente sensible: universidades y colegios atraviesan una ola de protestas, tomas y movilizaciones frente al recorte presupuestario impulsado por el gobierno de Javier Milei.

La fecha resignifica así el reclamo histórico de aquellos adolescentes, al conectarse con la lucha actual por una educación pública que hoy se encuentra bajo amenaza.

La Noche de los Lápices no fue un hecho aislado. Formó parte de un plan sistemático de represión contra la militancia juvenil durante la dictadura cívico-militar. Seis de los diez jóvenes secuestrados aquella noche fueron asesinados. El crimen dejó marcada a fuego la memoria colectiva: los lápices se quebraron, pero no dejaron de escribir.

La demanda por el boleto estudiantil fue el motor de la organización, pero lo que se castigó fue algo más profundo: la idea de que los jóvenes podían disputar un futuro distinto. Esa misma rebeldía es la que hoy resuena en las aulas y calles del país.

Del boleto al presupuesto: continuidad de una lucha

Casi medio siglo después, los estudiantes vuelven a ser protagonistas. La Marcha Federal Universitaria, que convocó a decenas de miles en defensa de la educación pública, coincidió en el calendario con la cercanía de este aniversario. Al mismo tiempo, colegios de la Ciudad de Buenos Aires, como el Nacional Buenos Aires, permanecen tomados por sus alumnos en rechazo al ajuste educativo y al deterioro de la infraestructura escolar.

La memoria de los estudiantes desaparecidos en 1976 actúa como un recordatorio incómodo: el Estado que en dictadura los desapareció hoy, en democracia, los abandona con el vaciamiento presupuestario y el desfinanciamiento del sistema público.

Memoria activa contra el negacionismo

El gobierno de Milei insiste en minimizar o relativizar los crímenes de la dictadura. En ese marco, el recuerdo de La Noche de los Lápices cobra aún más fuerza como memoria activa frente al negacionismo. Los estudiantes de hoy no sólo marchan por calefacción, becas o presupuesto: también marchan para sostener la verdad y la justicia conquistadas con años de lucha de sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos.

La consigna “Los lápices siguen escribiendo” se resignifica en un presente donde se pretende silenciar la protesta social con protocolos de represión y discursos estigmatizantes.

Una democracia sin educación es una democracia mutilada

La memoria de La Noche de los Lápices plantea una advertencia: una democracia que no garantiza el derecho a la educación pública, gratuita y de calidad está incompleta. Así como en 1976 los jóvenes fueron perseguidos por querer ejercer sus derechos, en 2025 los estudiantes son criminalizados por ocupar colegios o cuestionar los recortes.

Análisis

Transmisión y política 

Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

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El-Argentino-Por Jesús Rivero

Por Jesús Rivero*

Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.

Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá. 

¿Qué se transmite?

El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida. 

¿Es pedagógico?

Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.

Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.

Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.

Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».

Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.

El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.

Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende. 

El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.

Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

*escritor y activista político.

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