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Análisis

Camino a las PASO: una elección, dos modelos

A horas de los comicios, un análisis completo.

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Martín Epstein (Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

El domingo 13 la sociedad argentina se habrá expresado en esta gran encuesta nacional que son las primarias abiertas simultáneas y obligatorias. Para esta elección hace falta exponer con claridad las propuestas de los principales frentes electorales para contrastar experiencias de gobierno con gran cantidad de datos a disposición.


El PBI creció en 2022 un 5,0% promedio anual, llegando a su valor más alto de los últimos 5 años. Tras la caída de 10 puntos en el contexto de la pandemia, Argentina se convirtió en el segundo país de la región de mayo crecimiento contra niveles pre pandemia detrás de Colombia.

Frente a este dato, la gestión de Cambiemos cerró con 3 años de contracción del producto, alcanzando una caída de 3,9% hacia 2019. La actividad económica expandió 5,3% en el primer trimestre de 2023 comparado con el mismo trimestre de 2019, con 9 sectores de la economía en esa misma tendencia. 
La actividad industrial evidencia los signos del cambio de modelo que operó desde 2019.

Para abril de 2023, 14 sectores industriales operaban por encima de los valores del mismo mes de 2019, con un crecimiento de la producción industrial del 11,9% para los primeros 4 meses del año contra mismo período en el último año de Cambiemos.

Reflejo de ese panorama, el uso de capacidad instalada industrial alcanzó en mayo de este año el 67,8% siendo el mejor dato para un mes de mayo desde 2016. Refinación del petróleo (83%), industrias metálicas básicas (82%) y papel y cartón (79%) son los sectores más fuertes en uso industrial.

La expansión económica e industrial trajo como correlato el mejor dato de desocupación desde 2016 con una tasa del 6,9% de la mano de 34 meses consecutivos a mayo de creación de empleo asalariado privado formal (el famoso empleo de calidad que tanto se reclama).

Como contrapartida, desde abril de 2018 hasta diciembre del 2019, la caída del empleo se dio en 20 de los 22 meses (una pérdida de 276.000 puestos de trabajo). Para mayo del corriente año se habían creado 561.000 puesto desde el mínimo en contexto de la pandemia de julio del 2020, con un resultado neto de 366.000 puestos de trabajo.

Los dos grandes déficits de ambos gobiernos fueron la inflación y el salario. Si bien es cierto que el salto inflacionario 2019 a 2023 implicó pasar del 53% anual a algo más del doble (anualizada hoy está en 115%), no es menos cierto que entre 2015 y 2019 pasamos de 23% a 53%, nuevamente duplicando el punto de origen.

Sin embargo, el escenario actual es bien diferente, sobre todo por tres fenómenos exógenos que impactaron fuertemente la carrera de precios: la pandemia, la guerra y la sequía. En los cuatro años previos, las devaluaciones bruscas de la moneda fueron la razón fundamental de la inflación, con el agravante de un endeudamiento fuera de lo ordinario tanto con el sector privado como con organismos de crédito internacional, factor de presión extra para la actual gestión. 

Finalmente los salarios vienen teniendo una mala performance desde 2017, aunque gran parte de la caída se ubica durante el ciclo neoliberal de Cambiemos, con una pérdida de poder de compra del salario de 20 puntos. La cuenta pendiente es cómo revertir una tendencia que, si bien no empeoró fuertemente desde 2019, no logró recuperar lo perdido en los años previos.

Los dos modelos en pugna representan intereses claramente contrapuestos, y por eso, defender la producción, la industria y el empleo será fundamental para evitar un nuevo ciclo de contracción y deterioro de las condiciones de vida de la población.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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