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Análisis

Un arma cargada de pasado

El intento de magnicidio a Cristina puso a la democracia argentina en su momento más delicado desde 1983. Las responsabilidades y el cinismo de los sectores que fomentan la violencia política y la necesidad de ponerles un freno.

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Por Emiliano «Gaita» Ameigeiras y Nicolas Castelli

Se dice que en la Argentina no se admite más la violencia política, pero desde un tiempo a esta parte ese límite ya se traspasó. Lo que sucedió con Cristina Fernández demuestra que la vara de lo tolerable en nuestra democracia se fue corriendo hacia el autoritarismo y la violencia mucho antes del fallido intento de matarla.

El constante bombardeo de manifestaciones públicas de odio e intolerancia que demonizan a la vicepresidenta, al kirchnerismo, a los pobres y excluidos que reciben ayuda social, y a todo tipo de expresión política y movilización favorable a los intereses populares son una demostración de que hubo un desplazamiento hacia la derecha de lo decible y posible.

Algo impensado hace no muchos años atrás donde nadie hubiese imaginado un intento de asesinato a una figura política de ese calibre, como tampoco que la venta de órganos o la libre portación de armas fueran parte de la agenda pública.

Expresados y fomentados por sectores de la derecha política, periodistas de los medios hegemónicos, empresarios que financian copias locales de la derecha alternativa anglosajona y figuras públicas de diversos ámbitos, los discursos de odio fueron naturalizados y en algunos casos hasta subestimados.

Pero también fueron construyendo sentidos, subjetividades y prismas por los cuales algunos eligen leer la realidad y buscar chivos expiatorios de la crisis que estamos padeciendo.

La democracia en peligro

Los 39 años que pasaron desde el regreso de la democracia consolidaron un consenso para no volver al pasado más oscuro del país. No obstante, este acuerdo fundante hoy se encuentra en estado de coma. Los discursos de odio debilitan las democracias y abren una caja de pandora de consecuencias imprevisibles como la que acabamos de vivir con horror y espanto.

Ya no hace falta movilizar grandes estructuras para cometer un magnicidio, basta un individuo con un arma cargada. Es la banalidad del odio en su máxima expresión, la construcción cotidiana de microfascismos y sus efectos.

El reciente intento de asesinato contra la vicepresidenta de la nación es una consecuencia directa de la propagación de estos discursos cargados de intolerancia. No se trata de un hecho aislado protagonizado por un desequilibrado sino de un verdadero atentado a la democracia argentina que requiere un punto de quiebre para avanzar en la institucionalización de un cordón sanitario que actúe como un freno al avance del neofascismo que pone en peligro la paz social a nivel mundial.

El uso político de los discursos de odio

Hace un tiempo que sectores de la clases dominantes y la derecha comenzaron a prefigurar a nivel global el futuro que pretenden despertando las pasiones tristes que anidan entre nosotros: el racismo, la xenofobia, la homofobia y la misoginia, entre otras. Un hito en esta avanzada fue la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. cuyo fin de mandato terminó en un hecho de violencia, muerte y gravedad institucional inédito, la toma del Capitolio por parte de sus seguidores. La alt right norteamericana que irrumpió con Trump es molde de experimentos locales como Javier Milei o Viviana Canosa que buscan radicalizar a la derecha.

Los discursos de odio tienen una dimensión performativa que busca producir efectos. Son enunciados dirigidos a transformar un estado de cosas. Por eso, que legisladores elegidos por el voto popular declaren “son ellos o nosotros”, pidan la pena de muerte para Cristina o pongan en duda el atentado que sufrió no son palabras desligadas de lo que pasó: generan condiciones de posibilidad para el pasaje de la violencia simbólica a la material.

¿Donde encuentran terreno fértil las pasiones tristes? En el odio al empoderamiento de los sectores populares, en el miedo a perder privilegios de sectores acomodados que en Argentina no dudan en colgar bolsas mortuorias o pasear guillotinas por Plaza de Mayo, como en el pasado no vacilaron en festejar los bombardeos que asesinaron a más de 300 compatriotas.

Pero también los altos niveles de pobreza e indigencia, la precarización laboral que afecta a la mayor parte de la clase trabajadora formal e informal, la desigualdad social endémica con ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, la violencia institucional y la deuda histórica con los pueblos originarios, son algunos de los grandes problemas que las democracias liberales representativas no pudieron resolver en esta parte del mundo y que también pueden ser un terreno de adhesiones a salidas violentas y autoritarias.

Un escenario hostil que se fue prefigurando

“Resuelvan su interna de otra manera entre los halcones y las palomas pero no a costa del funcionamiento de la democracia”, escribió Cristina en un comunicado publicado en su sitio web. Lo hizo luego de la decisión del Jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, de cercar con vallas los alrededores de su casa de Recoleta para impedir las manifestaciones de apoyo y solidaridad de militantes y simpatizantes que tuvieron lugar todos los días una vez conocido el pedido de condena del fiscal Diego Luciani.

A pesar de que en primera instancia la halconización de Larreta se leyó como un “error”, en realidad lo que terminó pasando en Recoleta es lo que el mandatario porteño fue a buscar: no perder lugar en una disputa electoral que lo estaba dejando afuera. Para lograr este objetivo no tuvo ningún escrúpulo en exhibir mano dura para disciplinar los anhelos de justicia social de una parte significativa de la sociedad, hoy depositados en la figura de la vicepresidenta.

Represión de la Policía de la Ciudad frente a la casa de Cristina Fernández, 27 de agosto de 2022

Esta actitud irresponsable de Larreta, que también le cabe a todo Juntos por el Cambio en su interna de cara al 2023, fomenta un clima hostil con el agravante de ser provocado por el mandatario del distrito más rico del país y por la principal fuerza política opositora de derecha. Cabe recordar que Patricia Bullrich cuando fue ministra de Seguridad de la Nación alentó la libre portación de armas: “El que quiere andar armado, que ande armado”, dijo en aquel entonces.

La actual presidenta del PRO a horas del ataque a Cristina y sin manifestar un enérgico repudio a lo sucedido intentó sacar rédito político tergiversando el discurso que el presidente Alberto Fernández dió por cadena nacional.

A su vez, el contexto regional también se vió sacudido últimamente por una escalada de violencia política. En julio pasado un militante del presidente brasileño Jair Bolsonaro y policía penitenciario asesinó a tiros en Foz de Iguazú a Marcelo Arruda, militante del Partido de los Trabajadores (PT) y candidato a vice alcalde en las elecciones de 2020. Recientemente, Simón Boric, hermano del presidente de Chile, sufrió una golpiza en manos de 10 personas en las afueras de la casa central de la Universidad de Chile, lugar donde trabaja como jefe de prensa.

Esta agresión ocurrió a días del plebiscito de este domingo donde las y los chilenos decidirán si aprueban o rechazan la propuesta constitucional que busca enterrar definitivamente la herencia pinochetista.

El lawfare también es violencia

En Latinoamérica esta estrategia basada en la articulación del poder mediático y judicial para perseguir y proscribir dirigentes y gobiernos populares sobre la base de mentiras, hace rato que vino a suplantar a los golpes militares del pasado.

En Argentina tuvo su llegada y apogeo durante la presidencia de Mauricio Macri, espionaje ilegal de por medio. Son años de hechos que debilitan la democracia que supimos conseguir y que hoy llegaron a un punto cúlmine con el ataque a Cristina.

La persecución judicial a la ex presidenta, se inscribe en esta ofensiva reaccionaria a nivel regional que a la vez tiene un antecedente local, lamentablemente exitoso, con la persecución antidemocrática del gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, a Milagro Sala, presa política hace ya 6 años. Una situación con la que también nos acostumbramos a convivir.

La intención que se persigue en todos los casos es acabar con cualquier pretensión de una distribución equitativa de los ingresos y la riqueza, de alcanzar mayores márgenes de soberanía política, económica y de integración regional autónoma.

Es el eterno retorno de la utopía regresiva, violenta e histórica de una clase dominante y minoritaria que detesta la democracia y nunca toleró el sentido igualitarista que persiste en una sociedad como la argentina que tuvo décadas y décadas de movilidad social ascendente, ampliación de derechos y altos niveles de sindicalización.

Esta estrategia de persecución tiene siempre como objetivo implementar una agenda en favor de los sectores concentrados del capital. En Argentina, es el famoso “círculo rojo” de los principales grupos patronales que con sus representantes políticos y judiciales buscan imponer una devaluación del peso, desregular la economía, pagar menos impuestos y avanzar contra los derechos sociales, laborales y previsionales a través de reformas estructurales.

Todas medidas en perjuicio de la calidad de vida de la mayoría de la población impuesta por una minoría que nadie eligió. Esto también es violencia.

Son estos actores los que a su vez avalan los discursos de odio aunque ahora se muestran cínicamente espantados por lo que acaba de ocurrir con la vicepresidenta de la nación.

La convivencia democrática necesita una respuesta institucional que actúe como un límite para estos sectores que cuando la democracia no es funcional a sus intereses, no vacilan en descartarla por vías autoritarias. Ya lo hicieron en el pasado, cuando acrecentaron o crearon sus fortunas con la dictadura genocida.

La salida es con más democracia

El intento de magnicidio a Cristina nos obliga como sociedad a profundizar los consensos alcanzados con una mayor democratización en la toma de decisiones, en el control popular de los recursos naturales, de las fuerzas de seguridad, de los poderes del Estado y de la democratización de la comunicación. En definitiva, urge avanzar en mayores niveles de participación de la sociedad a través de nuevas formas democráticas posneoliberales.

Decisiones que afectan la vida de millones se toman hoy entre cuatro paredes y en muchas ocasiones los representantes en los parlamentos no cumplen con el mandato social que los llevó a ocupar una banca.

Está realidad socava los fundamentos de este tipo de democracia representativa en las subjetividades de muchos. El capital leyó está situación y aprovechó para ensayar salidas reaccionarias con el fin de restringir aún más la capacidad de influir y decidir de las grandes mayorías.

Estas situaciones profundizan la crisis de la democracia liberal y representativa y a la vez demandan la necesidad de encontrar una salida con más democracia, con más derechos, con más justicia social y no con más violencia y autoritarismo. Pero también con firmeza y sin concesiones posibilistas en nombre de la correlación de fuerzas ante una derecha cada vez más radicalizada y que corre cada vez más los límites.

Como sostiene Álvaro García Linera, estamos en momentos de horizontes minimalistas o estancados, donde el neoliberalismo no logra, con su versión autoritaria, superar sus propias contradicciones para extenderse nuevamente y donde los diversos progresismos no han logrado consolidarse hegemónicamente. Son tiempos de crisis y caos. Pero como él mismo señala, la sociedad no puede vivir permanentemente en la indefinición de horizontes. Por eso, para construir un futuro libre de violencia es necesario volver a reconstruir los consensos democráticos que rehabiliten una convivencia pacífica. No alcanza con pedidos de desafueros o con sacar de los medios a personajes violentos, se necesitan políticas públicas para frenar el odio y para resolver las deudas sociales y económicas porque la mejor manera de fortalecer la democracia es con más justicia social.

https://primera-linea.com.ar/2022/09/03/arma-cargada-pasado/

Análisis

Guerra, inflación y ajuste sin fin

El ajuste libertario analizado por el Foro de Economía y Trabajo.

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Por Foro de Economía y Trabajo

La “guerra económica” abierta cuyas consecuencias sufre toda la humanidad, se agravó al perpetrarse la barbarie bélica de EEUU e Israelcontra Irán, agresión que el presidente Milei respalda y tiene como uno de sus objetivos – como también se verifica desde la intervención del presidente estadounidense en Venezuela –  el control de la producción y comercialización de los hidrocarburos. 

La repercusión en los precios internacionales del gas y el petróleo fue inmediata. Como la energía atraviesa transversalmente toda la economía, involucra también al precio de los alimentos, golpeando las condiciones de vida de cientos de millones de personas.

Llamativamente el gobierno de Javier Milei y sus economistas vienen afirmando que Argentina en esta situación tendría condiciones «ganadoras» y aumento de las exportaciones.

Al mismo tiempo, asignan el mismo motivo – el salto de los precios mundiales – al actual empuje inflacionario para justificar el empeoramiento inflacionario económico y social, a pesar de que Argentina cuenta con capacidad superlativa para la producción – tanto de energía como de alimentos – para satisfacer la demanda interna con la producción propia y permitir excedentes crecientes de exportación,  con costos muy menores a los precios internacionales.

Con esa excusa del «aumento de los precios internacionales » se oculta quién se apropia de la renta diferencial y extraordinaria que, en razón de esas ventajas de nuestro país, y  a costa de las condiciones de vida de la población cuando se imponen esos precios en el mercado interno.

Con guerra o sin guerra, con la política de “hagan plata, evadan y fuguen divisas cuanto quieran” de Luis Caputo y Javier Milei, la población paga sin justificación a precio internacional los consumos e insumos que produce y consume en pesos, empeorando las condiciones de trabajo, de pérdida de empleo, de calidad de vida y competitivas para producir con trabajo argentino agregado. 

Es la repetida experiencia de planes económicos en favor de pocos muy ricos, que perjudican al conjunto de la sociedad y el país. Como ya ha sucedido, se suma la apertura importadora; y la respuesta que dan un alto número de empresas es profundizar una reconversión de sus estrategias de negocios: desplazan producción local, avanzan en la importación de bienes finales, recortan empleo y sostienen elevados márgenes de rentabilidad en la comercialización.

Así, se agrava el actual desorden macroeconómico con resultados regresivos, reflejados en mayor inflación, el deterioro de los ingresos, una creciente precarización de las condiciones laborales, expansión del pluriempleo, aumento de la marginalidad, endeudamiento para alimentos y servicios básicos con tasas usureras,  empeoramiento de la calidad de vida de los hogares.  Significa más inflación, recesión y desempleo que no se reflejan en las estadísticas oficiales. 

LAS ESTADISTICAS OFICIALES

Una deliberada falta de eficacia estadística – funcional a la estrategia comunicacional del Gobierno- se manifiesta en particular en la medición oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que continúa utilizando ponderadores correspondientes a una estructura de consumo muy anterior (Encuesta Nacional de los Hogares-ENGHo 2004/05), por lo que su nivel general no refleja plenamente la evolución real del costo de vida que enfrentan los hogares.

Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 el IPC Nacional, principal indicador para monitorear la inflación, acumuló una variación en torno al 293% y volvió a acelerarse desde mayo de 2025, con aumentos particularmente regresivos en rubros esenciales como Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (540%) y Transporte (347%), que junto con Alimentos y bebidas no alcohólicas (273%) concentran alrededor del 50% del gasto de consumo de los hogares, de acuerdo al patrón de consumo de la última Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares  (ENGHo 2017/18) cuya aplicación se suspendió. 

La no actualización de la estructura de ponderadores del IPC implica, para el período noviembre de 2023 – febrero de 2026, una brecha acumulada de alrededor de 19 puntos porcentuales, 280% vs. 299%, al comparar el IPC INDEC con el IPC CABA IDECBA (Instituto de Estadística y Censos la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) este último con una estructura de consumo más actualizada.

En este contexto, las subas nominales de los ingresos laborales no logran compensar la inflación, lo que se traduce en pérdidas de poder adquisitivo, más acentuadas aún al considerar mediciones alternativas como el IPC CABA. Se verifica así una caída generalizada de ingresos hogareños en términos reales, con pérdidas de alrededor del 6,7% en los salarios del sector privado registrado, y superiores al 20% en promedio para el sector público (-38,4% en la Administración Pública Nacional; -13,7% en provincias, y -35,4% en Universidades a diciembre de 2025).

A febrero de 2026, la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables (RIPTE) se ubicaba apenas por encima de la línea de pobreza para un hogar tipo de 4 personas: $1.734.357 vs. $1.397.672. Mientras que, a marzo de 2026, el Salario Mínimo, Vital y Móvil – $352.400 – y el Haber mínimo jubilatorio -$369.601- aún permanecen por debajo de la línea de pobreza por adulto equivalente: $464.228, canasta básica total, y cabe preguntarse: ¿quién puede vivir con esta suma?

Es de destacar que, considerando los datos oficiales, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) a marzo de 2026, tiene un poder de compra reducido al 25% de la CBT correspondiente a una familia tipo de cuatro personas: $352.400 vs. $1.434.464.

Este ajuste permanente es la política básica con que el gobierno exhibe con engaño un superávit fiscal artificial, dado que capitaliza intereses de la deuda que no paga, incluso debe tomar la resolución de reducir el gasto público en un 20% con respeto al presupuesto, para poder pagar la deuda. Las consecuencias están a la vista: caída del consumo, de la demanda, la producción, el empleo y la recaudación fiscal.

El deterioro persistente de las condiciones del mercado de trabajo, se evidencia en la caída de la tasa de empleo y de la asalarización, el aumento de la tasa de desocupación —7,5% al 4T25, +1,8 puntos porcentuales respecto de igual período de 2023— y la persistencia de elevados niveles de no registro.

La supuesta reducción de la pobreza por ingresos desde principios de 2024 aparece explicada, también con engaño por el mayor peso de ingresos no laborales (transferencias) y por factores metodológicos asociados tanto a la captación de ingresos laborales y no laborales(cambios en los instrumentos de relevamiento y mejoras en la recordación, que podrían estar vinculadas en parte al uso de billeteras virtuales, entre otros) como a la falta de actualización de la canasta básica total con la que se mide la línea de pobreza, con base en la ENGHo 2017/18. La evolución observada no necesariamente refleja una mejora sostenida de los ingresos laborales.

Lejos de observarse “la clara mejora distributiva” que clama el gobierno, tenemos una tendencia regresiva en la distribución del ingreso, con pérdida de participación de los ingresos laborales tanto en los deciles más bajos como en los sectores medios, y una mayor dependencia de ingresos no laborales en los hogares de menores ingresos.

INFLACION: PROBLEMA CENTRAL

La inflación se agravó desde la mega devaluación del 12 de diciembre de 2023, potenciada por la liberalización de los precios y la injusticia tributaria, el deterioro social y económico. 

Los salarios, el gasto público social o el “exceso de demanda interna” popular no son las causas del alza del índice de precios. Tampoco lo es la emisión monetaria, siendo que el gobierno oculta con «contabilidad creativa» el crecimiento gigantesco de endeudamiento público para sostener la ola de especulación financiera y fuga de capitales, que sí es la causa principal de la inflación.

La inflación es un problema central para nuestra economía nacional, con múltiples causas: comenzando por una deliberada desregulación y la internacionalización de los precios. Esta resulta favorable a comportamientos  especulativos de posición dominante de grupos monopólicos/ oligopólicos que prevalecen en sectores claves de oferta de productos y servicios. En ella incide la fuga de divisas por diversas vías, las condiciones de los fraudulentos acuerdos con el Fondo Monetario, las altas tasas de interés anti-productivas, la regresividad del sistema tributario donde el 70% de la recaudación se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a los precios de los bienes y servicios.

ACUERDO PARA UNA SALIDA ORDENADA

No hay una salida ordenada del desorden económico generado por este gobierno sin comenzar a construir, desde ahora, un acuerdo sobre un plan común que aborde un cambio de rumbo drástico, que contemple metas, compromisos y estímulos regionales y sectoriales de mediano y largo plazo, con eje en el trabajo y la producción. 

En ese sentido, la superación de la actual emergencia económica tiene como requisito un acuerdo sobre conformación y análisis transparente de precios con abastecimiento garantizado. Abordando en primer lugar alimentos y energía asequibles tanto para la emergencia como para el crecimiento económico, siendo que el país cuenta con capacidad superlativa para satisfacer la demanda interna con costos muy menores a los internacionales.  

En su definición, ejecución y supervisión son imprescindibles la participación de los trabajadores, los empresarios, y de los consumidores en general. En este sentido es que coincidimos que puede resultar muy positiva la anunciada constitución de un observatorio anunciado por la CGT para la elaboración de indicadores propios.

Esta participación no será posible sin establecer un adecuado sistema de información pública, que a su vez es requisito para la eficacia y eficiencia de una política de orientación de los precios virtuosa:

● con índices de precios creíbles, basado en una encuesta nacional de hogares que se actualice de manera regular para captar los cambios en los gastos y consumos de los mismos;

● con un seguimiento de carácter público y publicitado, transparente, de la estructura de costos de producción y comercialización de los distintos consumos para vivir y los insumos para producir. 

Esto es imprescindible para inducir márgenes de ganancia razonablesy transparentar las cadenas de valor haciendo pública su integración a la par que se ponen en evidencia sus carencias o “huecos” que redundan negativamente en costos y precios, a fin de planificar su superación.

MEDIDAS A CONSIDERAR EN LA EMERGENCIA

Argentina, país productivo y exportador, puede:

1. garantizar la afirmación de soberanía – en primer lugar, la seguridad alimentaria y energética – para sostener condiciones dignas de vida, con menores costos tanto industriales como de los servicios. Comenzando por desacoplar los precios locales de los mundiales. Con estos últimos en alza y costos locales relativamente más bajos, el interrogante abierto es quién se queda con la renta diferencial y cómo se reparte;

2. por lo tanto, basar el análisis y negociación de tarifas de servicios públicos únicamente en base a costos reales en el país, no por ajustes automáticos por tipo de cambio o indexación por precios internacionales. Determinar tarifas sociales para la energía eléctrica, el gas, el agua, y los combustibles en función de garantizar los derechos humanos y la vida de todas las familias; la producción industrial y de servicios de las Pymes y los emprendimientos sociales. En particular, la energía debe estar al servicio de un modelo económico que priorice la generación de empleo.

3. Controlar el tipo de cambio y regular los valores de las tasas de interés, decretando la emergencia cambiaria y regulatoria para que el BCRA preserve las reservas internacionales y se transparente su utilización a prioridades sociales, productivas y financieras claramente establecidas. Y a su vez que el crédito a los hogares y la producción sea accesible y razonable. 

4. Fijar Cupos de Exportación en los sectores que corresponda, como medida de protección para limitar las exportaciones de mercancías en valor o en cantidad que realiza el país durante el período de crisis energética o alzas inusuales de precios o escasez de determinados productos, como alimentos, combustibles, medicamentos, etc., a fin de abastecer en primer lugar las necesidades internas del país.

5. Aumentar los derechos de exportación, que no sólo significa mayor ingreso para el fisco, sino que abarata en el porcentaje de la retención el precio del producto en el mercado interno al desacoplar los precios locales de los internacionales.

6. Establecer un control más estricto de las importaciones, para favorecer el ingreso de bienes y servicios necesarios para el consumo básico y de insumos para la producción, y eliminar o al menos reducir el ingreso de mercancías superfluas y productos a precios de dumping. Restablecer los valores de referencia y el canal rojo aduanero.

7. Fijar provisoriamente los precios – acordes con los costos reales de producción- por un plazo determinado de los productos de la Canasta Básica Total, y de los insumos centrales en la cadena de valor de los sectores productivos. Para garantizar su vigencia resulta importante la participación de sindicatos, organizaciones sociales, y asociaciones de consumidores.

8. Corregir, con los organismos de defensa de la competencia, las ventajas monopólicas u oligopólicas en relación con productos y servicios claves.

9. Coartar las ventajas de “posición dominante” que ejercen las empresas productoras de las materias primas básicas e insumos difundidos, que imponen subas de precios indiscriminadas en cada cadena de valor;

10. Identificar empresas y sociedades, con el fin de diferenciar su tratamiento y los correspondientes requerimientos informativos públicos para lograr una acción positiva y efectiva de la sociedad y el Estado en relación con los desafíos de la producción, la distribución, la fiscalización de la evasión/elusión tributaria la fuga de capitales, el comercio exterior y la inflación. Un paso imprescindible es avanzar en la regulación de la figura jurídica del “grupo económico” en la Ley de Sociedades.

11. Como decimos la regresividad tributaria tiene indudable incidencia en la formación de precios, habida cuenta de que el 70% de la recaudación fiscal se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a precios; ello sin olvidar que los impuestos “directos” suelen transformarse en “indirectos” cuando son pagados por empresas con posición dominante en los mercados. Urge abordar una reforma progresiva, y en un próximo documento actualizaremos nuestra propuesta para superar las inequidades que hacen que soporten más carga tributaria quienes menos tienen.

Por último, señalamos que, para una adecuada administración de los precios, se necesita aplicar normas existentes como ser las Leyes de Defensa del Consumidor 24240, de Defensa de la Competencia 27742, y poner en vigencia efectiva  – con intervención del Congreso de la Nación- las Leyes 20.680 de Abastecimiento, Ley 26.991 Nueva Regulación de las Relaciones de Producción y Consumo.”, 27.545 de Góndolas (con derogación inconstitucional por el DNU 70/23, rechazada por el Senado de la Nación).

Cabe revisarlas estableciendo las condiciones para su aplicación, pero sin resignarlas, habida cuenta la conducta histórica de los formadores de precios y su gravísima responsabilidad en las sucesivas crisis socioeconómicas que todas las familias trabajadoras y nuestro país han sufrido. Este análisis debe comenzarse con urgencia dado el previsible desenlace de la política económica, teniendo presente que esta legislación, necesitamos hacer la salvedad, nunca ha sido estricta ni armoniosamente aplicada en el pasado. Ha faltado estructura y capacidad de acción territorial suficiente para hacerlo, así como un uso eficiente de los avances tecnológicos disponibles, carencia del Estado que necesita superarse. 

Por las razones que se exponen, una de las reformas que cabría realizar y creemos relevante es impulsar que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia(CNDC) pasen a jurisdicción del Congreso de la Nación, para tener autonomía en relación al Poder Ejecutivo de turno.

FORO ECONOMIA Y TRABAJO

Ricardo Aronskind, Gabriel Barceló, Noemí Brenta, Eduardo Codianni, Juan Pablo Costa, Norberto Crovetto,                 Raúl “Rulo” Dellatorre,  Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti,  Néstor Forero,                 José M.Fumagalli, Américo García, Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Nicolás Malinovsky, Jorge Marchini,                   Antonio Mezmezian, Felisa Miceli, Andrés Repar, Alejandro Rofman,Horacio Rovelli, José “Pepe” Sbatella,                      Nahuel Silva,Juan Carlos Teso, Rodolfo P. Treber, Eduardo Berrozpe (coordinador)

* FORO ECONOMÍA Y TRABAJO. Está integrado por economistas y otros especialistas a propuesta de organizaciones sindicales de nuestro país, abierto a todas las instituciones que integran el Movimiento Sindical Argentino, así como a los aportes de organizaciones que agremian a las Pyme, cooperativas y a la economía popular. Sus documentos y definiciones corresponden a sus autores, que participan en la articulación de un programa económico con eje en el trabajo, la producción, la justicia social, la defensa de los recursos y la soberanía nacionales. foroeyt@gmail.com

 

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