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Los porteños eligen presidente y jefe de Gobierno con boletas por separado

Tras los errores en el uso de la Boleta Electrónica en las PASO, los comicios porteños se realizan con dos boletas de papel: una para elegir candidatos nacionales y otra para los locales, que se introducen en el mismo sobre dentro de una única urna.

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Las elecciones en la ciudad de Buenos Aires para elegir jefe de Gobierno porteño y autoridades nacionales se realizaban esta mañana en los establecimientos habilitados, donde el sistema de votación fue unificado con voto de papel para las dos categorías a diferencia de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), cuando las categorías locales se eligieron por sistema electrónico.

La jornada eleccionaria comenzó a las 8 y se desarrollaba con pronóstico de lluvia para la ciudad de Buenos Aires, donde están habilitados para votar unos 2.533.092 residentes, de los que unos 1.214.871 son varones, 1.318.002 mujeres y 219 personas no binarias.

Los comicios se realizan en 7.326 mesas, distribuidas en 1.099 establecimientos.

A diferencia de las elecciones primarias, y tras la polémica desatada a partir de las fallas registradas por la utilización de la Boleta Única Electrónica (BUE) en las PASO, los comicios porteños se realizan con dos boletas de papel: una para cargos nacionales y otra para autoridades locales, que se introducen en el mismo sobre dentro de una única urna.

El sistema electrónico provocó en esa oportunidad demoras de más de una hora en el cierre de la votación en la Ciudad en las elecciones PASO, cuando los ciudadanos debieron esperar hasta dos horas para sufragar.

En ese contexto, la jueza federal electoral de esta capital María Servini había afirmado en ese momento que las elecciones del 22 de octubre «no pueden realizarse en las mismas condiciones» que las PASO, pues sería «una burla a la ciudadanía volverla a someter a condiciones denigrantes», y aseguró que las primarias en CABA fueron «los comicios más problemáticos y conflictivos de los últimos 30 años» en el distrito.

En la ciudad de Buenos Aires, cuatro candidatos se disputan la sucesión del actual jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, que el 10 de diciembre próximo culminará ocho años de Gobierno.

Jorge Macri (Juntos por el Cambio), primo del expresidente Mauricio Macri; Leandro Santoro (Unión por la Patria); Ramiro Marra (La Libertad Avanza); y Vanina Biasi (Frente de Izquierda de los Trabajadores) compiten por la Jefatura de Gobierno porteña en una elección que presenta como incógnita si se decidirá en primera vuelta o un balotaje.

Los porteños, además, eligen a quiénes ocuparán las 30 bancas que se renuevan en la Legislatura porteña y 105 lugares dentro de las 15 comunas.

Además, se votará para presidente y vicepresidente para definir quiénes serán los sucesores de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

Las fórmulas presidenciales son las encabezadas por Sergio Massa (Unión por la Patria), Javier Milei (La Libertad Avanza), Patricia Bullrich (Juntos por el Cambio), Myriam Bregman (Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad, FIT-U) y Juan Schiaretti (Hacemos por Nuestro País, (HpNP).

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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