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CABA

Operativo en Villa Crespo: decomisan productos de capybara embutidos

Investigación en curso para identificar posibles redes de caza y distribución ilegal.

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Un local de embutidos ubicado en la Avenida Corrientes al 4600, en el barrio porteño de Villa Crespo, fue clausurado por la venta ilegal de carne de carpincho y chivito. El operativo, realizado por la Policía de la Ciudad en conjunto con el Cuerpo de Investigaciones Judiciales (CIJ) del Ministerio Público Fiscal, se llevó a cabo en el marco de una investigación de la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (UFEMA).

Productos incautados y sospechas de caza furtiva

Durante la inspección, las autoridades incautaron cinco frascos de escabeche: tres de chivito y dos de carpincho. Se sospecha que estos productos provienen de caza furtiva, ya que ambas especies están protegidas por un régimen especial de comercialización que no se habría respetado. Además, los frascos presentaban el mismo número de Registro Nacional de Productos Alimenticios (RNPA), lo que indica irregularidades en su origen y habilitación.

Imputaciones y posibles sanciones

La dueña del establecimiento fue imputada por tenencia y comercialización ilegal de subproductos de fauna silvestre, así como por crueldad animal. Estas acciones podrían constituir una infracción al artículo 201 del Código Penal, que sanciona la venta de productos alimenticios sin los debidos controles bromatológicos, poniendo en riesgo la salud pública.

Declaraciones oficiales

El Ministerio Público Fiscal informó que «la UFEMA considera que esos ejemplares fueron extraídos de sus hábitats naturales por la caza furtiva y sometidos al comercio ilegal». La investigación continúa para determinar la procedencia exacta de la carne y las posibles redes de caza y distribución involucradas.

CABA

Ausentismo en secundaria: más de la mitad falta y crece la brecha entre CABA y provincias

El resultado de un fenómeno más complejo: desenganche escolar, pérdida de hábitos y debilitamiento del vínculo con la institución.

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El ausentismo dejó de ser una señal de alerta para convertirse en parte del paisaje escolar. Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 51% de los estudiantes del último año de secundaria acumuló al menos 15 faltas, siete puntos más que en 2022. La cifra confirma: menos presencialidad, menos aprendizaje y un sistema que no logra revertir la tendencia.

Pero el dato general esconde diferencias. Y esas diferencias incomodan.

CABA: altos niveles en el distrito más rico

La Ciudad de Buenos Aires aparece entre las jurisdicciones con mayor ausentismo: 59% de los alumnos con 15 o más faltas.

El dato rompe una lógica instalada. En un distrito con mayor presupuesto, infraestructura y acceso, la inasistencia se mantiene elevada. No se trata de carencias materiales evidentes, sino de un fenómeno más complejo: desenganche escolar, pérdida de hábitos y debilitamiento del vínculo con la institución.

Provincias: el conurbano bonaerense a la cabeza y un mapa desigual

La Provincia de Buenos Aires lidera el ranking con 66%, el nivel más alto del país.

Detrás aparecen:

Tierra del Fuego: 55%

La Pampa: 54%

En el otro extremo:

Santiago del Estero: 28%

San Juan: 29%

Jujuy: 30%

El mapa no sigue una línea clara de riqueza o pobreza. Provincias con condiciones similares muestran resultados distintos.

Una tendencia que se agrava

El informe marca un corrimiento hacia situaciones más críticas:

Suben los estudiantes con más de 20 faltas

Caen los niveles intermedios

Se mantiene estable el grupo con asistencia casi perfecta

Es decir, el ausentismo se profundiza, no se distribuye.

Por qué faltan: entre la salud y el desinterés

Las razones principales:

62%: problemas de salud

39%: falta de ganas

34%: dificultades de acceso

32%: llegadas tarde

El dato del “no tenía ganas” aparece como síntoma de algo más profundo: una escuela que perdió capacidad de convocatoria.

Sin datos, sin política

El diagnóstico arrastra otra debilidad: Argentina no cuenta con un sistema nacional que registre el ausentismo en tiempo real. Los números surgen de declaraciones de estudiantes, lo que podría subestimar el fenómeno.

El especialista Martín Nistal lo resumió sin rodeos: “Es un piso”.

Sin consecuencias, sin incentivos

El ausentismo crece en paralelo a otro proceso: la caída de la repitencia. Faltar no tiene impacto real en la trayectoria escolar. La promoción se sostiene, aunque la asistencia no.

El resultado:

Se naturaliza la ausencia

Se debilita el hábito escolar

Se erosiona la autoridad pedagógica

Un problema que ya no distingue territorios

La comparación entre la Ciudad de Buenos Aires y las provincias rompe un esquema clásico: ni los distritos con más recursos logran revertir el ausentismo, ni los más rezagados explican por sí solos el problema.

El fenómeno es transversal. Y, por ahora, sin una política integral que lo enfrente. Entre la flexibilización de exigencias y la falta de herramientas, el sistema quedó en un punto muerto: estudiantes faltan más, aprenden menos y nadie parece hacerse cargo del costo.

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