CABA
Continúa la búsqueda de Belén Maida, la estudiante de folclore desaparecida hace 30 días
La joven que desde el 8 de abril no tiene contacto con sus familiares y amigos, es de Almagro y temen fuera coptada por red de trata.
Familiares de Belén Maida, una estudiante de folclore de 26 años que está desaparecida desde el 9 de abril pasado se presentaron esta tarde ante la fiscalía que lleva el caso para entregar «algunas pistas» con el fin de «agilizar la investigación».
Marcelo, padre de la estudiante la Universidad Nacional de las Artes (UNA), dijo al canal Todo Noticias: «Lo poco que sé es que Belén había tenido problemas con la dueña del hotel donde vivía su novio Fabián, porque no podía quedarse a pasar la noche con él. Sin embargo, ella se metía a escondidas. Entonces, al enterarse la dueña, la echó. Esto se lo contó Fabián a mi hijo».
«No sospecho de Fabián. Me parece buena persona. Estuvo un par de veces de visita en la casa de mi mamá pero yo tuve poco contacto con él. No quiero hablar cosas que no sé», indicó.
Ante la consulta sobre si él y su hijo investigaron por su cuenta sobre el paradero de Belén, Marcelo no quiso dar detalles de esa búsqueda y comentó que si hay información la tendrá la fiscalía.
«Tenemos algunas pistas, pero se las vamos a informar a la fiscalía y así agilizar la investigación. Ellos tienen que investigar y comprobar si es verdad.» «Mi familia, mis amigos, las amigas de Belén. Todos estamos muy preocupados«, lamentó.
Y, agregó: «La mamá de mi hija y su mamá, la abuela de Belén, eran personas depresivas, entonces no sé si mi hija heredó la depresión y ahora se está medicando o sí se fue a algún lugar. No lo sé. No puedo decir lo que no sé«, insistió el padre de Belén.
Por otro lado, sus compañeras y compañeros de la UNA, hicieron ayer una volanteada en la intersección de la Avenida Belgrano y Sánchez de Loria para visibilizar la situación.
Días atrás, el hermano de Belén, Emanuel (23), contó que habló con ella por última vez el 22 de marzo, pero que su ex novio la vio hasta el 8 de abril por la mañana.
Emanuel explicó que la joven había comenzado con un consumo problemático de estupefacientes desde diciembre pasado y su sospecha era que hubiera sido captada por una red de trata, dado que la familia recibió dos testimonios de personas que dijeron haberla visto en situación de prostitución en el barrio de Constitución.
«Al parecer, comenzó a hacerlo por su propia decisión, pero quizás las cosas después salieron mal. Puede ser que se estuviera vendiendo su cuerpo para poder consumir y que la haya enganchado alguien que se dedica a explotar mujeres», dijo Emanuel.
Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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